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FRAY RAMÓN HERNÁNDEZ MARTÍN |
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TRIÁLOGO: CARLOS V, ZUMÁRRAGA, VITORIA Por fr. Ramón Hernández Martín, O. P. Catedrático |
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DICTAMEN TEOLÓGICO-MISIONAL DE 1541
Como una muestra muy especial de la fusión de preocupaciones y de la verdadera simbiosis de vivencias e inquietudes intelectuales y apostólicas entre catedráticos de teología y misioneros de Indias en el siglo XVI, recordemos el famoso dictamen de teología misional de la universidad de Salamanca, redactado en 1541. Pienso que la universidad de Salamanca debió emitir en distintas ocasiones dictámenes misionales parecidos. Este de 1541 suele relacionarse con la carta que dos años y medio antes dirigió el Emperador Carlos V a Francisco de Vitoria, solicitando de éste y de la universidad salmantina un parecer sobre esos mismos problemas de parte del obispo de México. Cierta dificultad sería que la carta viene de México y el dictamen se refiere a una isla del Mar Océano, pero el problema existía en todos los territorios misionales del Nuevo Mundo, y la consulta pudo llegar de bastantes lugares y en distintos tiempos más o menos cercanos. Sea lo que fuere sobre si ese dictamen obedece en concreto a una determinada consulta o a varias, el tema es el mismo. Esta es, pues, la consulta y el examen. El obispo de México, Juan de Zumárraga, había enviado a había enviado a España al misionero agustino fray Juan de Oseguera con la importante misión de conseguir del Consejo de Indias un criterio pastoral definitivo para las iglesias americanas y para sus misioneros sobre la conveniencia o inconveniencia de impartir prontamente el bautismo a los indios adultos, con el fin de lograr con las mejores garantías de eficacia su pronta pertenencia a la Iglesia y la salvación de sus almas. El Real Consejo de Indias, al ver que se trataba de una cuestión teológica, juzgó oportuno el envío de este asunto a la Universidad de Salamanca, y con ese motivo Carlos V escribe a Francisco de Vitoria, para que él con los teólogos de aquella universidad estudie el problema y le envíe prontamente la solución. Le indica que la consulta viene del obispo de México y que fray Juan de Oseguera en su visita a Salamanca le expondrá en persona todos los otros detalles que sean necesarios o convenientes para su mejor solución[1]. Una comisión de teólogos de la Universidad de Salamanca se encargó de estudiar estos problemas misionales. Como conclusión de sus reflexiones, de sus diálogos y de sus estudios, redactaron su famoso dictamen, que es todo un modelo de teología misional en torno al problema planteado sobre la conveniencia o necesidad de una formación suficiente para recibir el bautismo. Exponemos resumidamente aquellos párrafos que nos manifiestan la gran preocupación de los catedráticos salmantinos por los problemas misionales, y traducimos del original latino algunas de las frases más significativas, con la conclusión y los nombres de los maestros que la avalan. Comienza este escrito diciendo que “en cierta isla del Mar Océano” del imperio y señorío del Emperador y Rey de España ha surgido entre los eclesiásticos una cuestión sobre el bautismo de los indígenas. Unos defienden que deben ser bautizados en breve espacio de tiempo, es decir, después de una breve instrucción. Otros exigen un adoctrinamiento largo con su correspondiente examen sobre la inteligencia y la voluntad acerca del bautismo, de la fe y de la religión cristiana. Sobre esto –añade este dictamen- han sido consultados algunos Maestros y teólogos de la Universidad de Salamanca, que ofrecen ahora en estas páginas, firmadas por ellos, su pensamiento. Advierten primero que en la administración de los sacramentos, y particularmente del bautismo, deben evitarse discrepancias sobre todo en las naciones infieles, porque éstas son muy propensas a escandalizarse ante normas pastorales que les pueden parecer contrarias. Se evoca el texto de I Cor 1, 10: os conjuro, hermanos, por el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, que tengáis todos un mismo hablar y no haya entre vosotros cismas. Lo segundo a tener en cuenta es que en las cuestiones de la fe y de la religión no basta tener un buen celo con el fin de aumentar el número de fieles lo más posible. Es necesario dirigir y encauzar ese celo misionero a tenor de lo que enseñan la Sagrada Escritura, la Iglesia, los Cánones y los Santos. Se corre, en efecto, el peligro de caer en el número de aquéllos recriminados por San Pablo en Rom 10, 2: tienen celo de Dios, pero no según la prudencia. La conclusión a que han llegado los teólogos salmantinos es la siguiente: “los indios no deben ser bautizados antes de ser suficientemente instruidos no sólo en la fe, sino también en las costumbres cristianas, al menos en lo necesario para la salvación, ni tampoco antes de que parezca verosímil que entienden lo que reciben en el bautismo y que quieren vivir y perseverar en la fe y religión cristiana”. Esta conclusión la prueban seguidamente con un buen conjunto de argumentos de la Escritura, de la Teología, y sobre todo de la tradición y práctica de la Iglesia a través de los siglos. El documento no es largo; son ocho páginas, que rezuman ciencia teológica, vivo interés y celo pastoral, y un buen sentido práctico en las aplicaciones que se señalan. Está fechado en Salamanca, el día primero de julio del año mil quinientos cuarenta y uno. Lo firman: Fr. Francisco de Córdoba, agustino, Decano; Fr. Francisco de Vitoria, dominico; el Maestro Juan de San Millán; Fr. Domingo de Soto, Dominico; Fr. Andrés Vega, Franciscano; el Maestro Francisco Sancho, que asistirá como Teólogo al Concilio de Trento y será obispo de Segorbe; el Maestro Gregorio Gallo, Catedrático de Sagrada Escritura, que llegará a ser obispo de Orihuela y de Segovia, y el Maestro Juan Gil de Nava, Sustituto de Vitoria. Este documento ha sido editado varias veces, y no lo voy a copiar aquí; nos basta con conocer su historia y contenido, que es cuanto acabamos de exponer. El dominico P. Fr. Luis González Alonso Getino nos ofrece un pequeño estudio y traduce al español algunos párrafos. El eminente historiador, conocedor de las fuentes y divulgador de la fecunda Escuela Teológica de Salamanca, Luciano Pereña, nos ofrece el texto original latino en su integridad[2]. Sí voy a copiar, en cambio, la breve carta de Carlos V a Francisco de Vitoria sobre el tema que acabamos de exponer, pues en ella aparecen los tres protagonistas de este triálogo: el Emperador Carlos V, el obispo de México Fray Juan de Zumárraga, y el teólogo Fray Francisco de Vitoria. La encontramos en el P. Luis G. Alonso Getino y en Luciano Pereña Vicente, que la toma del primero[3].
Refrendada de su mano y señalada del Cardenal y Beltrán y Carvajal y Bernal y Velázquez.
NECESIDAD DE UN CENTRO DE FORMACIÓN TEOLÓGICA EN EL NUEVO MUNDO
Otra importante muestra de interrelación en este triángulo de personalidades formado por el Emperador Carlos V, el obispo de México Juan de Zumárraga y el Teólogo Salmantino Francisco de Vitoria es la preocupación por la formación teológica del clero y de los apóstoles y doctrineros de las Indias. El Obispo de México, Juan de Zumárraga, había escrito al Emperador Carlos V sobre la necesidad de clérigos bien instruidos. Carlos V, deseoso de atender lo mejor posible a ese ruego de aquel gran obispo y misionero acude a la mejor academia de la formación teológico-jurídica del clero, que era la Universidad de Salamanca. Y, para lograr más eficazmente su objetivo, se dirige en carta personal, al gran Maestro y Renovador de la Teología Española Fray Francisco de Vitoria. Esta carta imperial está fechada en Toledo el 18 de abril de 1539. Le pide al célebre catedrático salmantino que escoja entre sus discípulos un grupo de unos doce clérigos, “que sean personas doctas y de buena vida y ejemplo”. Se insiste, pues, en que los seleccionados estén bien preparados teológicamente, para desempeñar con sabiduría y prudencia su ministerio, y para poder servir de guías en los diversos problemas pastorales al clero de la Nueva España. Quizás aquel eminente obispo de México, que era Fray Juan de Zumárraga, abrigara ya la idea de comenzar con ese clero, formado por Vitoria en Salamanca, una universidad en la capital azteca. La fama de Francisco de Vitoria llenaba en aquellos años la atmósfera intelectual de Europa, y comenzaba a extenderse también por el Nuevo Mundo. El Emperador Carlos V confiaba plenamente en que el gran teólogo salmantino le indicaría con precisión quiénes podrían cumplir de modo satisfactorio los nobilísimos deseos del obispo de México[4].
TEXTO DE LA CARTA DEL EMPERADOR CARLOS V A FRANCISCO DE VITORIA[5] El Rey
[1] Francisco de Vitoria, Relectio De Indis… Edición crítica bilingüe por Luciano Pereña… Madrid, 1967, págs. 134s y 157-164. [2] Luis G. Alonso Getino, El Maestro Fr. Francisco de Vitoria, su vida, su doctrina e influencia, Madrid, Imprenta Católica, 1930, págs. 222-224; Francisco de Vitoria, Relectio De Indis, o Libertad de los Indios, edición crítica por L. Pereña y J. M. Pérez Prendes…, Madrid Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Colec. “Corpus Hispanorum De Pace, vol. V”, 1967, págs. 157-164. [3] Luis G. Alonso Getino, El Maestro Fr. Francisco de Vitoria, su vida, su doctrina e influencia, Madrid, Imprenta Católica, 1930, págs. 152-153; Francisco de Vitoria, Relectio De Indis, o Libertad de los Indios, edición crítica por L. Pereña y J. M. Pérez Prendes…, Madrid Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Colec. “Corpus Hispanorum De Pace, vol. V”, 1967, págs. 154-155. [4] Ib., pág. 156. [5] Encontramos editada esta en carta en: Vicente Beltrán de Heredia, O. P., Los manuscritos del Maestro Fray Francisco de Vitoria, estudio crítico de introducción a sus Lecturas y Relecciones por el P. Fr…, Madrid-Valencia, Biblioteca de Tomistas Españoles”, 1928, pág. 163; Francisco de Vitoria, Relectio De Indis, o Libertad de los Indios, edición crítica por L. Pereña y J. M. Pérez Prendes…, Madrid Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Colec. “Corpus Hispanorum De Pace, vol. V”, 1967, pág. 156.
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