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Tubular Bells

Antonio Ginés Collado González

12 años

I.E.S Azona - Almería

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Capitulo 1: La creación del planeta

 

Esta historia no empieza ni en un pasado ni en un futuro lejano, sino en el pensamiento de un ser.

Piensa en un mundo, oscuridad total y, de repente, aparece algo, una luz entre la oscuridad, azul cristalino, sí, es Tubular Bells.

Campanas tubulares. Tubular Bells, no es un ser vivo o inerte, solo se limita a ser algo. De repente aparece un ciento de estrellas, una grandísima llamada Sol y un pequeño planeta.

Tubular Bells se adentra en ese planeta y lo llena de agua, pura, cristalina y clara, cinco continentes, de una arena blanca, bella y hermosa.

Pero, en un momento, el agua se congela y cubre la tierra en todo el planeta. Un gran soplo de aire levanta el hielo y la nieve subiéndolos a los cielos, y se transforman en nubes, todas blancas y puras. Abajo, solo las playas se quedaron con aquella arena pura y blanca, en el interior serían desiertos calurosos. Los desiertos calurosos tuvieron sus nombres no dichos en estas escrituras. Fueron cinco cada uno de su correspondiente continente, sus dunas dibujan formas muy distintas entre sí y rara vez parecidas. De repente unas dunas se elevan formando entre sí figuras muy armoniosas. Pero sobre todo, en los mares se levantaban las olas haciendo figuras.

Tubular Bells, maravillado, intenta reproducir de una manera seres alados que asemejen esas olas. Esos seres o aves reprodujeron las olas de tal forma que a Tubular Bells le entusiasmó.

Siglos después, Tubular Bells sabía que pronto llegaría su hora y creó unas plantas de tres tipos: palmeras paras sus playas, y pequeños arbustos y cactus para sus desiertos.

Dos milenios después Tubular Bells se fue a un lugar en el que fallecería. Pero disfrutó de su creación.

 

Capitulo 2: El renacimiento

 

En aquel mundo solo se apareció una esfera azul eléctrico: ahí estaba.... ¡Tubular Bells!

Sí, era él, pero... no era el de antes, era más brillante, más puro, más poderoso era.... su descendiente.

Como antes se adentró en ese planeta y, vio, no lo podía creer, que su antecesor había hecho eso y él ¿que podía hacer?

Lo primero que se le ocurrió era mirar. Así que empezó a mirar el planeta. Miró y miró hasta que se quedó maravillado: olas formando imágenes majestuosas y, además, lindos desiertos y playas de palmeras. Aquello era maravilloso.

A la mañana siguiente, Tubular Bells vio, como unas líneas verdes crecían y vio como otras líneas acabadas en círculos crecían, y esos círculos se transformaban en... flores. Sí, las llamaría flores, bellas, todas bellas. Y las líneas verdes serían hierba, mucha hierba... Pasaron muchas cosas hasta el final de Tubular Bells.

Pero... ¿no queréis saber quien tuvo ese pensamiento? Pues os lo vamos a decir: fue una persona llamada Mike Oldfield que no expresó este pensamiento por escrito sino que imaginó eso mismo en música, una música sin letra para que nos imaginemos esa letra o que pensemos qué expresa esa música. Por eso es tan bonita esa música, por que no tiene letra es solo música; se limita a ser música.

Así era y es la música de Mike Oldfield.

Antonio Ginés Collado González

Para contactar con él: wadias_gines@hotmail.com

 

   

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Antonio García Megía y María Dolores Mira y Gómez de Mercado

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