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 TRABAJOS, OFICIOS y SERVICIOS en  EL QUIJOTE

Una visión literaria del mundo del trabajo en la Novela Don Quijote de la Mancha

de Don Miguel de Cervantes Saavedra

 

 GERMÁN JOSÉ MARIA BARREIRO GONZÁLEZ

Catedrático de Derecho del Trabajo. Decano de la Facultad de Ciencias del Trabajo. Universidad de León

 A Don Manuel Alonso Olea, inspirador y guía de este ensayo

in memoriam

 

Artículo publicado en SOCIAL, MES A MES - Número 106 - Mayo de 2005

 

 

 

                                

SUMARIO

Prólogo

I.             El mundo del trabajo

II.            Referencia a los gremios

IIl.           La retribución del trabajo como medio de vida: el abad de lo que canta yanta

IV            Trabajos forzados y esclavitud

V             Los «ociosos» hidalgos y el menosprecio del trabajo

VI.           El oficio de don Quijote

VIL         Don Quijote, caballero y amo. Sancho Panza, escudero y criado

VIII.        La relación de servicios entre don Quijote y Sancho: salarios y mercedes

 

PROLOGO

 

En este año de 2005 se cumplen cuatrocientos años del alumbramiento por Miguel de Cervantes Saavedra de la obra conocida popularmente corno Don Quijote de la Mancha. Si bien no en su totalidad. En puridad sólo está de aniversario su Primera Parte cuyo título original reza, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha al ser publicada a comienzos del año 1605 aunque quizás pudiera ya leerse en Valladolid en diciembre de 1604. La Segunda Parte, titulada Del Ingenioso Caballero Don Quixote de la Mancha, no se publicó hasta diez años después con lo que para ésta, habría que posponer su celebración hasta el 2015, celebración que seguro se hará pero que no impide hacerlo ahora, y bien está que así sea, sobre la totalidad de la obra, nacido ya el personaje universal e imperecedero de don Quijote. De la obra de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, he manejado la magnífica Edición del Instituto Cervantes. Crítica. Dirigida por Francisco Rico con la colaboración de Joaquín Forradellas y estudio preliminar de Fernando Lázaro Carreter. Biblioteca Clásica. Barcelona 1998, vol. 50, que me ha sido de gran utilidad para comprender vocablos y expresiones en su sentido histórico y actual.

 

EL MUNDO DEL TRABAJO

 

 Además de los oficios, servicios, trabajos y actividades más conocidos y tradicionales relacionados con la Iglesia-la Santa Hermandad incluida- el ejército, la política o la justicia (curas, capitanes, soldados, jueces, escribanos…) a lo largo de toda la Obra se mencionan o aluden con distinta precisión y descripción -normalmente traídos solo a colación en el contexto del relato- los siguientes por orden alfabético y entre otros: Agujeros: fabricantes de agujas. Albañil: y con el mismo significado, arbañir. Alcahuete. Aprendiz: el escalón más bajo en la jerarquía profesional del gremio. Arrendador alcabalero: arrendador de impuestos o alcabalas, actividad que, entre otras, desempeñó también Cervantes. Astrólogo: uno de los varios oficios que debe poseer un caballero andante. Barbero: múltiples veces aludido; también corno pseudo-médico. Capataces. Carretero. Corredores de lonja: agentes o corredores de comercio en la lonja o bolsa de mercaderías. Cautivos del concejo: sirven a la ciudad en las obras públicas que hace y en otros oficios. Corchete: agente de la justicia o de la autoridad; guardia. Criados. Chilladores: pregoneros de los delitos del reo que va siendo azotado por la calle, Dueña. Dueña de la casa: mujer de edad que, pese a la expresión, trabajaba para las familias nobles o acomodadas formando parte de la servidumbre. Escudero: criado; el oficio de Sancho; también el de los secuaces del bandolero catalán Roque Guinart. Físico: médico. Galeotes: condenados por sus delitos a remar en galeras. Ganadero. Garzones: paje de confianza del turco. Guardas. Guardianes. Herbolario: conocedor de las plantas útiles; uno de los varios oficios que debe poseer un caballero andante. Hostalero. Jornalero. Jurisperito: uno de los varios oficios que debe poseer un caballero andante. Labrador Labradora: como Dulcinea... labradora del Toboso (I, 31). Verdad sea [dice Sancho] que la que yo vi  fue una labradora, y por labradora la tuve, y por tal labradora la juzgué (II, 33). Leonero: cuidador de leones. Maestro: en el escalón superior dentro de la jerarquía profesional del gremio. Maestresala. Mayorales. Mayordoma y señora de su hacienda, actividad que desempeñaba Luscinda hija de un rico labrador: tenía yo la cuenta [y] por mí se recebían [contrataban] y despedían criados... los ralos del día que me quedaban después de haber dado lo que convenía a las mayorales, a capataces ya otros jornaleros, los entretenía en ejercicios que son a las doncellas tan lícitos como necesarios (I, 28). Mayordomos. Médico. Ministros de la limpieza: sirvientes. Mozo de campo y plaza: criado. Oficiales: escalón intermedio entre la estructura profesional del gremio. Pajes. Pastores. Peones de arbañir: peones de albañil. Pícaros de cocina: pinche de cocina. Sastre. Segadores. Tejedor: de hierros de lanzas. Tendero: ¿Cómo y es posible, Sancho Panza hermano, que no conoces a tu vecino Ricote el morisco, tendero de tu lugar? (II, 54). Entre los moriscos -expulsados de España a principios del siglo XVII- era frecuente el oficio de tendero; también el de labrador, jornalero y criado, Trujamán: traductor, intérprete, declarador. Zapatero. Vasallos. Ventero y Verdugo. En la terminología jurídica actual estaríamos según los casos y circunstancias, ante relaciones eclesiásticas, funcionariales, laborales asalariadas incluido el servicio doméstico, profesionales o liberales, trabajo forzado o semiforzado, autónomo o actividad empresarial. Otras actividades no presentan relación jurídica concreta o apreciable como la de los denominados entretenidos de cocina a los que aludiremos posteriormente.

 

REFERENCIA A LOS GREMIOS

 

 Algunos de los oficios señalados se agrupaban en los conocidos gremios. No es tanto aquí como en la Novela Ejemplar Rinconete y Cortadillo, con Monipodio ejerciendo de maestro de la rufianesca, el lugar donde Cervantes deja patente su profundo conocimiento de la existencia y estructura de los gremios formada, en su composición más conocida, por maestros, oficiales y aprendices. Pero algunas muestras se aprecian no obstante. Así y por ejemplo ya en el Prólogo a la Primera Parte alude a dos o tres oficiales amigos a los que hubiese podido pedir sonetos para su libro, y yo sé que me los darían, dice. En el «pleito de las caperuzas» se presentan ante Sancho un labrador y un sastre y este último le dice al escudero en el aquel momento mandamás absoluto de la Ínsula de Barataria:

- Señor Gobernador; yo y este hombre labrador veníamos ante vuestra merced en razón de que este buen hombre llegó a mi tienda ayer; que yo, con perdón de los presentes, soy sastre examinado, que Dios sea bendito... (II, 45)

 Se aprecia en el texto el status social que conlleva la posesión y/o realización de un oficio. Late aquí el refrán hombre apercibido, medio combatido (II, 17) que vale como decir que «el hombre preparado tiene medio trabajo hecho». Y también el que reza: "nada que valga se consigue sin trabajo» o en la versión incompleta de Sancho cuando fija el precio de los azotes que él mismo se propinaría: porque no se toman truchas... y no digo más [«a bragas enjutas»] (II, 71). El sastre ha sido ya examinado, ha pasado por las pruebas pertinentes, ha dejado de ser aprendiz y ascendido en la jerarquía profesional del gremio a la condición de oficial. La exclamación que Dios sea bendito, es más que pel1inente debido a la mala fama que tenía el oficio como por lo demás se pone de relieve en el texto.

 

LA RETRIBUCIÓN DEL TRABAJO COMO MEDIO DE VIDA:  EL ABAD, DE LO QUE CANTA YANTA

 

 El famoso bandolero catalán Roque Guinart al asaltar a unos viajeros y confiscarles sus bienes les dice con cortesía socarrona:

- Vuesas mercedes... sean servidos de prestarme sesenta escudos, y la señora regenta ochenta, para contentar a esta escuadra [de bandoleros] que me acompaña, porque el abad de lo que canta yanta (II, 60),

expresión esta última que con leve modificación, el abad de donde canta yanta, se trae también a colación para justificar, como se ha de ver, los honorarios de Sancho haciendo las veces de médico por sus servicios prestados a un enfermo (II, 71). Se pone de manifiesto, en definitiva, el trabajo como medio de vida; cada uno vive de su trabajo, dándose así la necesaria retribución por los servicios que se prestan.

Así por ejemplo cuando don Quijote conmina al leonero a que abra las jaulas de los leones pues de lo contrario -dice- ¡…con esta lanza os he de coser con el carro! Hácelo así el leonero pero advirtiéndole que, ante la más que probable pérdida de su empleo, el Caballero debe hacerse cargo de sus salarios y derechos (II, 27); o cuando el propio Sancho ]e dice a don Quijote que en tiempos en los que servía... a Tomé Carrasco, el padre del Bachiller Sansón Carrasco... dos ducados ganaba cada mes, amén de la comida (II, 28); salario, pues, en metálico y en especie, este último propio de las actuales relaciones al servicio del hogar familiar. Parece que Sancho cuando estaba al servicio de Tomé Carrasca era un simple criado. En otro pasaje de la Obra se alude a esta misma actividad pero mejor considerada; criado en definitiva de mayor categoría o consideración:

- y dígame por su vida, amigo -preguntó don Quijote- ¿es posible que en los años que sirvió no ha podido alcanzar alguna librea? [Criado de librea era el que estaba al servicio de la nobleza] (II, 24).

 

Trabajo asalariado asimismo es el realizado por el ama de don Quijote como corrobora éste al hacer testamento:

y la primera satisfacción que se haga quiero que sea pagar el salario que debo del tiempo que mi ama me ha servido y más veinte ducados para un vestido (II, 74).

También el prestado por el pastor Andrés, menor de edad, al rico labrador Juan Haldudo. En este episodio además se  produce la especial actuación de don Quijote como juez, "de lo social» podríamos decir en este caso, ante la discusión entre el labrador y el joven pasto sobre las condiciones de la prestación de servicios y el maltrato dad, por aquel a este: Vio don Quijote atado [a una encina] a un muchacho desnudo de medio cuerpo arriba, hasta la edad de quince años, [al que] le estaba dando con una pretina [cinturón de cuero] muchos azotes un labrador. A pregunta de don Quijote por lo que pasaba respondió el labrador:

- Señor caballero, este muchacho que estoy castigando es mi criado que me sirve de guardar una manada de ovejas... el cual es tan des cuidado, que cada día me falta una; y porque castigo su descuido (bellaquería, [lo que con anterioridad había reconocido el pastor el el momento de ser azotado por su amo, prometiendo tener de aquí el adelante más cuidado con el hato (rebaí1o)] dice que lo hago de mise rabie [por tacaí1o] por no pagalle la soldada que le debo, y en Dios y en mi ánima que miente. Don Quijote toma partido por el joven pasto sin prueba alguna en la que apoyarse y sentencia: Por el sol que nos alumbra, que estoy por pasaras de parte a parte con esta lanza. Pagadle luego sin más réplica.

Pregunta don Quijote por la cuantía de la deuda y Andrés le dice que su amo le debe nueve meses, a siete reales cada mes y dijo le [don Quijote] al labrador que al momento los desembolsase, si no quería morir por ello. El labrador replicó que no eran tantos, porque se le habían de descontar y recibir en cuenta tres pares de zapatos que le había dado y un real de dos sangrías que le había hecho estando enfermo.

Don Quijote, estableciendo una original compensación de deudas, sentencia de nuevo:

quédense los zapatos y la sangría por los azotes que sin culpa le habéis dado, que, si él rompió el cuero de los zapatos que vos pagastes, vos le habéis rompido el de su cuerpo, y si le sacó el barbero sangre estando enfermo, vos en sanidad [salud] se la habéis sacado, ansí que por esta parte no os debe nada.

El Caballero insta al labrador a que cumpla la sentencia con abono de los reales: y mirad que lo cumpláis como lo habéis jurado [por la ley de caballería]: si no, por el mismo juramento os juro de volver a buscaros y castigaros, y que os tengo de hallar aunque os escondáis más que una lagartija... y en diciendo esto, picó a su Rocinante [así se llamaba su caballo] y… se apartó de ellos.

 

Pero la sentencia quedó sin efectivo cumplimiento:

Así el labrador volviose a su criado Andrés y díjole: - Venid acá, hijo mío, que os quiero pagar lo que os debo, como aquel desfacedor de agravios, me dejó mandado. - Eso juro yo -dijo Andrés ¡que si no me paga, que vuelva [don Quijote] y ejecute lo que dijo! - También lo juro yo -dijo el labrador- pero, por lo mucho que os quiero, quiero acrecentar la deuda por acrecentar lo paga.

 

Y asiéndole del brazo, le tornó a atar a la encina, donde le dio tantos azotes, que le dejó por muerto. Y con palpable burla al fin le desató y le dio licencia que fuese a buscar su juez, para que ejecutase la pronunciada sentencia (I, 4). Y finalmente también, cuando Pedro Recio le dice a Sancho gobernador: Yo, señor soy médico y estoy asalariado en esta ínsula (II, 47). Nótese que en este caso y en contra de lo habitual, los servicios del médico se remuneran mediante salarios y no con honorarios. Sin embargo, en el muy especial y ocasional de Sancho actuando como médico, el modo de retribución es mediante honorarios. Así le dice a su amo:

En verdad, señor, que soy el más desgraciado médico que se debe hallar en el mundo... Pues yo les voto a tal que si me traen a las manos otro algún enfermo, que antes que le cure me han de untar las mías [me han de pagar] que el abad de donde canta yanta, y no quiero creer que me haya dado el cielo la virtud que tengo para que yo la comunique con otros de bóbilis, bóbilis [gratis o de balde; por las buenas] (II, 71).

Es este uno de los casos que en la Obra aparecen de retribución no salarial por los servicios prestados. Algún otro se puede citar contemplándose ya la figura del empresario o trabajador autónomo como prestador de de un servicio a un tercero o cliente. Así, el ventero reclama a don Quijote el gasto que esta noche ha hecho en la venta; el Caballero excusa el pago diciendo que si lo hiciera sería contravenir a la orden de los caballeros andantes… que jamás pagaron posada ni otra cosa en venta donde estuvieren, porque se les debe de fuero y de derecho cualquier buen acogimiento que se les hiciere... Ante tal situación el ventero con cierto tono de amenaza le dice a don Quijote:

Págueseme lo que se me debe y dejémonos de cuentos ni de caballerías, que yo no tengo cuenta con otra cosa que con cobrar mi hacienda [mi trabajo; mi actividad como ventero y el gasto realizado: paja y cebada de sus dos bestias (Rocinante y el rucio de Sancho), cena y camas] (I, 17).

Un ganadero de ganado de cerda, relata a Sancho, gobernador de la ínsula: volvíame a mi aldea, topé en el camino a esta buena dueña, y el diablo, que todo lo añasco [enreda] y todo lo cuece hizo que yogásemos [yaciésemos] juntos, paguéle lo soficiente... (II, 45). La prostitución era actividad tolerada en la época; el trato carnal no era perseguido de modo abierto; la Inquisición no lo consideraba pecado grave, aunque la situación cambió con el Concilio de Trento. Enlaza con ello la valoración positiva que don Quijote hace de la alcahuetería -no así de la hechicería- actividad que considera lúdica a la vez que pacífica y propone su regulación, inspección y control por las autoridades registrándola como una actividad u oficio más, ejercido por «entendidos» a ar1adir a los legalmente existentes. Así, en el episodio de los galeotes, el quinto condenado habla por boca del cuarto y le dice a don Quijote que este caballero va por alcahuete y por tener asimismo sus puntas y collar de hechicero [tener ocu1to algo de hechicero].

- A no haberle añadido esas puntas y collar -dijo don Quijote-, por solamente el alcahuete limpio no merecía él ir a bogar en las galeras, sino a mandallas y a ser general dellas. Porque no es así como quiera el oficio de alcahuete, que es oficio de discretos y necesarísimo en la república bien ordenada, y que no le debía ejercer sino gente muy bien nacida; y aun había de haber veedor y examinador de los tales, [veedor: persona que tiene a su cargo el registro de las gentes de un oficio, la inspección de su comportamiento y el examen para promoción de grado; examinador: inspector de cualquier función administrativa] como le hay de los demás oficios, con número deputado y conocido [con nombramiento y registro oficial] como corredores de lonja, y desta manera se escusarían muchos males que se causan por andar este oficio y ejercicio entre gente idiota y de poco entendimiento, [gente que no conoce la profesión, aficionados] como son mujercillas de poco más a menos, pajecillos y truhanes de pocos años y de poca experiencia, que, a la más necesaria ocasión y cuando es menester dar una traza que importe, se les yelan las migas entre la boca y la mano, [se quedan sin saber que hacer] y no saben cuál es su mano derecha. Quisiera pasar adelante y dar las razones por que convenía hacer elección de los que en la república habían de tener tan necesario oficio, pero no es el lugar acomodado para ello: algún día lo diré a quien lo pueda proveer y remediar [«a quien corresponda», fórmula para remitir memoriales o instancias solicitando o denunciando algo] (I, 22).

 

TRABAJOS FORZADOS Y ESCLAVITUD

 

El pasaje más conocido de trabajo forzoso es el contemplado en el episodio de los galeotes según explica Sancho a don Quijote:

Son gente forzada del rey que va a las galeras... gente que por sus delitos va condenada a servir al rey en las galeras de por fuerza... la justicia, que es el mesmo rey, no hace fuerza ni agravio a semejante gente, sino que los castiga en pena de sus delitos [condenándolos a remar en los barcos de la armada real] (I, 22).

Otros supuestos de trabajos forzosos o de esclavitud aparecen en la Obra. Así relata un cabal1ero sus peripecias como cautivo del turco, diferenciando la obligación de realizar o no determinados trabajos en función de su condición o «status» como cautivo:

Entretenía la vida, encerrado en una prisión o casa que los turcos llaman baño, donde encierran los cautivos cristianos, así los que son del rey como de algunos particulares, y los que llaman del almacén [administración pública: gobierno] que es como decir cautivos del concejo, que sirven a la ciudad en las obras públicas que hace y en otros oficios, y estos tales cautivos tienen muy dificultosa su libertad, que, como son del común y no tienen amo particular, no hay con quien tratar su rescate, aunque le tengan. En estos baños, como tengo dicho, suelen llevar a sus cautivos algunos particulares del pueblo, principalmente cuando son de rescate, porque allí los tienen holgados y seguros hasta que venga su rescate. También [tampoco] los cautivos del rey que son de rescate no salen al trabajo con la demás chusma [con los que realizan trabajo forzado], si no es cuando se tarda su rescate; que entonces, por hacerles que escriban por él con más ahínco, les hacen trabajar e ir por leña con los demás, que es un no pequeño trabajo (I, 40).

Por otra parte, no era infrecuente en la época que las familias pudientes tuvieran como criados a esclavos negros, formando parte del servicio doméstico. Así, dijose a mismo Sancho ante la posibilidad de que don Quijote se case con la princesa Micomicona y ser por lo menos rey de Micomicón, de un reino [que] era en tierra de negros:

- ¿Qué se me da a mí que mis vasallos sean negros? ¿Habrá que cargar con ellos y traerlos a España, donde los podré vender y adonde me los pagarán de contado, de cuyo dinero podré comprar algún título [nobiliario] o algún oficio [cargo oficial] con que vivir descansado todos los días de mi vida? (1,29).

Sancho se ve jubilado, como ve la duquesa en otro pasaje a su rucio: Llévele... Sancho al gobierno, y allá le podrá regalar como quisiere, y aún jubilarse del trabajo. Don Quijote -comentando algunos aspectos de la vida militar y poniendo de relieve la triste contradicción existente entre la manumisión del esclavo y su dignidad-le dice a un mancebo que tenía la intención de convertirse en soldado del rey:

- Cuanto más que ya se va dando orden como se entretengan y remedien los soldados viejos y estropeados porque no es bien que se haga con ellos lo que suelen hacer los que ahorran [hacen ahorro, libertan] y dan libertad a sus negros cuando ya son viejos y no pueden servil; y echándolos de casa con título de libres los hacen esclavos de la hambre, de quien no piensan ahorrarse [librarse] sino con la muerte (II, 24).

 LOS «OCIOSOS» HIDALGOS y EL MENOSPRECIO DEL TRABAJO

 

Del forzado a trabajar, al forzado a no hacerla. Explica el cura al barbero que los libros de caballería se imprimen para entretener nuestros ociosos pensamientos... como se consiente en las repúblicas bien concertadas que haya juegos de ajedrez, de pelota y de trucos [una suerte de billar] para entretener a algunos que ni tienen, ni deben. ni pueden trabajar (1,32). Se refiere el cura a algunos hidalgos a los que les estaba vedado el ejercicio de los conocidos como «oficios viles, mecánicos y manuales» así como ser remunerados por lo que hacían. Siendo ya Sancho gobernador quiere prohibir las casas de juego Un escribano le comenta y explica cual es la situación al respecto en la ínsula: ... y pues el vicio del juego se ha vuelto en ejercicio común, mejor es que se juegue en casas principales que no en la de algún oficial (II, 49). Se contrapone oficial como la persona que ejerce un oficio, con los caballeros principales y señores para los que tal ejercicio estaba socialmente prohibido.

Late una cierta minusvaloración o menosprecio hacia el trabajo en general, cuando menos para determinadas clases, actividades u oficios. Así, no era infrecuente menospreciar a una persona identificándola con sus herramientas, útiles o instrumentos de trabajo. De ahí que don Quijote sintiéndose ofendido y después de un largo parlamento le espeta al barbero: digo esto porque sepa el señor bacía [vasija para remojar la barba pero también se entendía por tal, el orinal] que le entiendo.

O minusvalorar el propio trabajo. Así, Sancho Panza halló a la tal señora Dulcinea... ahechando [limpiando] un costal de trigo. Don Quijote ve en la actividad que realiza su amada Dulcinea la venganza de los encantadores diciendo: quieren quitarme la vida maltratando la de Dulcinea, por quien yo vivo. ): así, ... la convirtieron en villana y ocupada en tan bajo ejercicio como es el de ahechar [limpiar] trigo (II, 32). También en alusión a los denominados pícaros de cocina [pinches de cocina, considerado uno de los oficios de más baja condición como lo demuestra el que la frase se completa con] y otra gente menuda (II, 32). La propia Teresa mujer de Sancho reconoce su condición: yo no soy nada palaciega, sino una pobre labradora, hija de un estripaterrones (II, 50), esto es, de un labrador pobre. La expresión utilizada actualmente hoy es la de «destripaterrones» con mayor alcance que en la época de Cervantes; ofensiva y de menosprecio en general y en particular para el que no tiene oficio ni beneficio, o teniéndolo es de ínfimo valor. El menosprecio se manifiesta incluso también en el trato. Estando Sancho en casa de los duques, con voz reposada [no exenta de sarcasmo] dijo:

- ¡Hola señores caballeros!

La palabra "hola” se utilizaba para tratar con los inferiores llamando su atención antes de darles una orden. Los tales señores caballeros eran los llamados entretenidos de cocina, gente sin oficio ni beneficio que deambula por de las cocinas de las familias pudientes o acomodadas para comer las sobras que les dan. La canalla (II, 32).

En el ya aludido «pleito de las caperuzas», el sastre se refiere a] labrador como buen hombre (II, 45) develando tal expresión un tono despectivo. También emplea esta expresión el cuadrillero al dirigirse a don Quijote: pues ¿cómo va, buen hombre? y este ofendido le contesta:

Hablara yo más bien criado [con mejor educación] si fuera que vos [si estuviese en su lugar] ¿Usase en esta tierra hablar desa suerte a los caballeros andantes, majadero? (I, 17).

Nótese que hoy en día «buen hombre», revela según el caso y circunstancias, condición simple o modesta de la persona, con diferencia notoria a la de «hombre bueno».

 

EL OFICIO DE DON QUIJOTE

 

El propio don Quijote lo define así:

Pues es mi profesión favorecer y acorrer a los necesitados deste mundo, también la seré [profeso; de la profesión que yo [profeso (II, 18)] para acorrer y ayudar a [os menesterosos del otro mundo, que no pueden ayudarse por si propios (II, 60).

La profesión en definitiva es la de caballero andante que es, al mismo tiempo, una ciencia que a su vez encierra otras profesiones, conocimientos y oficios. Así, le pregunta don Lorenzo:

- Paréceme que vuesa merced ha cursado las escuelas: ¿qué cienciasha oído? [¿qué asignaturas ha cursado?].

- La de la caballería andante -respondió don Quijote-, que es tan buena como la de la poesía, y aun dos deditos más.

- No sé qué ciencia sea esa -replicó don Lorenzo-, y hasta ahora no ha llegado a mi noticia.

- Es una ciencia -replicó don Quijote- que encierra en todas o las más ciencias del mundo, a causa que el que la profesa ha de ser jurisperito y saber las reyes de la justicia distributiva y comutativa, para dar a cada uno lo que es suyo y lo que le conviene; ha de ser teólogo, para saber dar razón de la cristiana ley que profesa, clara y distintamente, adondequiera que le fuere pedido; ha de ser médico, y principalmente herbolario, para conocer en mitad de los despoblados y desiertos las yerbas que tienen virtud de sanar las heridas, que no ha de andar el caballero andante a cada triquete [a cada paso] buscando quien se las cure, ha de ser astrólogo, para conocer por las estrellas cuántas horas son pasadas de la noche y en qué parte y en qué clima del mundo se halla; ha de saber [as matemáticas, porque a cada paso se le ofrecerá tener necesidad dellas; y dejando aparte que ha de estar adornado de todas [as virtudes teologales y cardinales, decendiendo a otras menudencias, digo que ha de saber nadar como dicen que nadaba el peje [pez] Nicolás o Nicolao, ha de saber herrar un caballo y aderezar la silla y el freno, y volviendo a lo de arriba, ha de guardar la fe de Dios y a su dama; ha de ser casto en los pensamientos, honesto en las palabras, liberal en las obras, valiente en los hechos, sufrido en los trabajos, caritativo con los menesterosos y, finalmente, mantenedor de la verdad, aunque le cueste la vida el defenderla. De todas estas grandes mínimas partes se compone un buen caballero andante (II, 18).

 

DON QUIJOTE, CABALLERO Y AMO. SANCHO PANZA, ESCUDERO Y CRIADO

 

Especial atención, pues así se la presta en la Obra, merece la relación entre don Quijote, caballero andante y amo, y Sancho Panza, su escudero, andante también como no podía ser menos, y criado. El amo tiene autoridad casi absoluta sobre el criado quedando este sometido, una férrea subordinación. Es su señor y le debe lealtad; pero también su amigo, padre y protector como si de una proyección natural de la fémina se tratase. En efecto, Sancho es para don Quijote su hijo (I, 17); su amigo (I, 20) y (II, 7); pero también escudero fiel y legal (I, 20) recordando aquí las cualidades que se exigían de los escribanos. El propio Sancho le dice: yo salí de mi tierra y dejé hijas y mujer por venir a servir a vuestra merced. Y así, en tal condición y estado, podría decirse, hasta la muerte: Del Cachidiablo [figura burlesca], académico de la Argamasilla, en la sepultura de Don Quijote [se lee]:

 

Aquí yace el caballero...

Sancho Panza el majadero

yace también junto a él

escudero el más fiel

que vio el trato de escudero [oficio; condición (I,52)].

 

En discusiones habidas entre ambos, don Quijote afirmando su autoridad le exige obediencia: Haz lo que tu amo te manda, y siéntate con él a la mesa [obedece y te lo agradecerán] (I, 29) y le recuerda su condición:

- De todo lo que he dicho has de inferir, ...que es menester hacer diferencia de amo a mozo, de señor a criado y de caballero a escudero.

A lo que contesta Sancho:

- Mas bien puede estar seguro de que aquí adelante no despliegue mis labios para hacer donaire de las cosas de vuestra merced, si no fuere para honrarle, como a mi amo y señor natural.

- Desa manera -replicó don Quijote-- vivirás sobre la haz de la tierra [tranquilo y en paz], porque, después de a los padres, a los amos se ha de respetar como si lo fuesen (I, 20).

En otro pasaje se lee: Sancho, a la más mínima voz de su amo, obedeció como buen criado (I, 45). La obediencia tiene sin embargo el límite de lo que podríamos denominar una especial legitima defensa. Sancho discute con don Quijote que trata de azotarle; el escudero derriba al Caballero al suelo y éste le dice:

- ¿Cómo traidor? ¿Contra tu amo y señor te desmandas? ¿Con quien te da su pan te atreves? [dador de pan -como gráficamente lo expresan las palabras alemanas, «Brotherr» y «Brotgeber»- es el señor, dueño, patrón o patrono].

Modificando en parte la frase procedente de la contienda entre Pedro el Cruel y su hermano Enrique de Trastámara, Sancho le responde:

- Ni quito ni pongo rey... sino ayúdome a mi, que soy mi señor (II, 60).

El sentido paternalista y protector antes aludido se pone de manifiesto en el uso de la época, conforme al cual el señor hacía la señal de la cruz en la frente del criado (también e] padre en la del hijo) encomendándole así a Dios antes de emprender un viaje o de realizar una tarea importante o dificultosa. Así, le dice Sancho a don Quijote:

- Aparéjese vuestra merced a echarme su bendición, que luego pienso partirme, sin ver las sandeces que vuestra merced ha de hacer (I, 25).

 

LA RELACIÓN DE SERVICIOS ENTRE DON QUIJOTE Y SANCHO SALARIOS Y MERCEDES

 

Diálogo entre Babieca y Rocinante:

¿Cómo estáis, Rocinante tan delgado?

Porque nunca se come, y se trabaja

Pues ¿qué es de la cebada y de la paja?

No me deja mi amo ni un bocado

Andá señor, que estáis muy mal criado

pues vuestra lengua de asno al amo ultraja

 

El trascrito diálogo entre los caballos del Cid y de don Quijote que aparece en el Prólogo a la Primera Parte de la Obra -aparte de evidenciar el uso poético de la época consistente en la crítica irónica de los animales a sus amos -sirve también para poner de manifiesto y comprender mejor las circunstancias y avatares en los que Sancho presta servicios a don Quijote como escudero andante (pues andante era también el Caballero) sobre todo en lo referente a su retribución. El vínculo que une a Sancho con don Quijote y el poder y autoridad de este sobre aquél no impide la discusión, en realidad la negociación, de las condiciones laborales y salariales. Ello es lo que a continuación se va a referir siguiendo el orden de aparición en la Obra. Los servicios que presta el escudero lo son a cambio de salario, al menos es lo que piensa Sancho:

Maldíjose de nuevo y propuso en su corazón de dejar a su amo y volverse a su tierra, aunque perdiese el salario de lo servido (I, 18).

Don Quijote por su parte parece aceptar esta modalidad retributiva sin perjuicio de la merced de hacerle gobernador de la Ínsula de Barataria; salario y mercedes son concurrentes y no excluyentes como contraprestación a los servicios prestados:

Tornóle a referir el recado y embajada que había de llevar de su parte a su señora Dulcinea, y que en lo que tocaba a su paga por sus servicios no tuviese pena, porque el había dejado hecho su testamento antes que saliera de su lugar, donde se hallaba gratificado de todo lo tocante a su salario, rata por cantidad del tiempo [en proporción al tiempo] que hubiere servido..., [amén de que] podría tener por muy más que cierta la prometida ínsula... Viendo pues, don Quijote que Sancho hacía burla dél... le asentó dos palos, tales, que si como los recibió en las espaldas los recibiera en la cabeza, [acabando así con su vida] quedara libre de pagarle el salario, si no fuera a sus herederos (1,20).

Comienza sin embargo don Quijote a dar por sentado que los escuderos se retribuyen con mercedes y no con salarios, salvo excepción, lo que parece aceptar Sancho pero, por si acaso la excepción ocurre, pide que se le diga la cuantía del devengo sea en la forma de sueldo -diríamos hoy- sean en la de jornales. Así, le dice el Caballero:

- Las mercedes y beneficios que yo os he prometido llegarán a su tiempo; y si no llegaren, el salario a lo menos no se ha de perder, como ya os he dicho.

- Está bien cuanto vuestra merced dice -dijo Sancho-, pero quema yo saber, por si acaso no llegase el tiempo de las mercedes y fuese necesario acudir al de los salarios, cuánto ganaba un escudero de un caballero andante en aquellos tiempos, y si se concertaban por meses, o por días, como peones de albañir [albañil].

- No creo yo -respondió don Quijote- que jamás los tales escuderos estuvieron a salario, sino a merced; y si yo ahora te le he señalado a ti en el testamento cerrado [el que se entrega sellado para su custodia] que dejé en mi casa fue por lo que podía suceder, que aún no se cómo prueba en estos tan calamitosos tiempos nuestros la caballería, y no querría que por pocas cosas [por cosas sin importancia] penase mi ánima en el otro mundo (I, 20).

El larvado malestar de ambos sobre la forma retributiva emerge con toda su fuerza en momentos posteriores del relato. Sancho diferencia bien como pago de sus servicios entre salarios y mercedes. Quiere ver retribuidos aquellos con salario fijo, a tiempo, en cómputo y con devengo mensual. A sueldo en definitiva y no a mercedes, esto es, a lo que su amo quiera darle voluntariamente a modo de premio, compensación, gratificación o recompensa; no quiere que la remuneración quede a la mera liberalidad del Caballero. Comienza así la abierta discusión a la vez que negociación sobre la naturaleza jurídica del pago de los servicios que presta Sancho, lo que incluso, y como se ha de ver, tendrá reflejo en las últimas voluntades de don Quijote en el Capítulo final de la Obra.

Vuesa merced [dice el escudero] me señale salario conocido de lo que me ha de dar cada mes el tiempo que le sirviere, y que el tal salario se me pague de su hacienda, que no quiero estar a mercedes, que llegan tarde o malo nunca; con lo mío me ayude Dios [no quiero deber nada a nadie; ayude Dios con lo suyo a cada uno (II, 26)]. En fin, yo quiero saber lo que gano, poco o mucho que sea, que sobre un huevo pone la gallina [que por poco se empieza; un huevo falso, de madera o alabastro anima a la gallina a poner] y muchos pocos hacen un mucho, y mientras se gana algo no se pierde nada. Verdad sea que si sucediese, lo cual ni lo creo ni lo espero, que vuesa merced me diese la ínsula que me tiene prometida, no soy tan ingrato, ni llevo las cosas tan por los cabos [a tales extremos] que no querré que se aprecie [ponga precio] lo que montare [sumare; importare] la renta de la tal ínsula y se descuente de mi salario gata por cantidad.

- Sancho amigo -respondió don Quijote-, a las veces tan buena suele ser una gata como una rata, [«rata por cantidad»; es decir a prorrata. Pero la palabra gata puede significar también apropiación indebida; enriquecimiento injusto. Quizás piensa don Quijote que la merced de hacer a Sancho gobernador de la ínsula es beneficio superior a los salarios que Sancho hubiera podido percibir]. - Ya entiendo -dijo Sancho-: yo apostaré que había de decir rata, y no gata; pero no importa nada, pues vuesa merced me ha entendido.

Don Quijote fija su oferta contractual y le explica que, siguiendo usos profesionales inveterados de la caba1lería andante, las retribuciones de los escuderos son a mercedes y no a salarios.

- Y tan entendido -respondió don Quijote-, que he penetrado lo último de tus pensamientos y sé al blanco que tiras con las innumerables saetas de tus refranes. Mira, Sancho, yo bien te señalaría salario, si hubiera hallado en alguna de las historias de los caballeros andantes ejemplo que me descubriese y mostrase por algún pequeño resquicio qué es lo que solían ganar cada mes o cada año; pero yo he leído todas o las más de sus historias y no me acuerdo haber leído que ningún caballero andante haya señalado conocido salario a su escudero. Solo sé que todos servían a merced, y que cuando menos se lo pensaban, si a sus señores les había corrido bien la suerte, se hallaban premiados con una ínsula o con otra cosa equivalente, y por lo menos, quedaban con título y señoría. Si con estas esperanzas y aditamentos vos, Sancho, gustáis de volver a servirme, sea en buena hora, que pensar que yo he de sacar de sus términos y quicios la antigua usanza de la caballería andante es pensar en lo escusado [pensar en una cosa difícil o imposible; en vano].

Replantea don Quijote su relación de servicios con Sancho, advirtiéndole que de no aceptar sus condiciones económicas procederá a contratar a otro escudero y prosigue diciendo:

Así que, Sancho mío, volveos a vuestra casa y declarad a vuestra Teresa mi intención; y si ella gustare y vos gustáredes de estar a merced conmigo, bene quidem [muy bien; de acuerdo] y si no, tan amigos como de antes: que si al palomar no le falta cebo, no le faltarán palomas [si hay dinero acudirán otros escuderos o criados a servirme]. Y advertid, hijo, que vale más buena esperanza que ruin posesión [posesión en precario] y buena queja que mala paga [mejor un buen pleito que una mala compensación]. Hablo de esta manera, Sancho, por daros a entender que también como vos sé yo arrojar refranes como llovidos. y, finalmente, quiero decir y os digo que si no queréis venir a merced conmigo y correr la suerte que yo corriere, que Dios quede con vos y os haga un santo, que a mí no me faltarán escuderos mas obedientes, más solícitos, y no tan empachados [simples; lerdos] ni tan habladores como vos.

Cuando Sancho oyó la firme resolución de su amo, se le anubló el cielo y se le cayeron las alas del corazón [se encontró falto de esperanza; alicaído], porque tenía creído que su señor no se iría sin él por todos los haberes del mundo... (II, 7).

Más adelante en el relato parece confirmarse, y en ello está Sancho, que la prestación de servicios es a cambio principalmente de salario a tiempo, en cómputo mensual y secundariamente por mercedes. Plantea el escudero su dimisión, esto es, la extinción voluntaria –quizás causal- de la relación de servicios y ha lugar a una negociación sobre el pago y saldo de cuentas, el finiquito en definitiva, y además al alza porque al contrario de lo que ocurría en su situación laboral anterior no hay ahora por lo general salario en especie: ni comida, por la frecuencia con que ve su estómago vacío; ni cama pues en su condición de escudero andante suele dormir al raso, Reclama además la conversión en dinero por la merced prometida y nunca cumplida de ser gobernador de la ínsula,

Así, ante el deseo de Sancho de regresar a su casa y dejar el oficio de escudero le dice don Quijote:

No permita Dios que yo os lo impida: dineros tenéis míos, mirad cuánto ha que", salimos de nuestro pueblo y mirad lo que podéis y debéis ganar cada mes, y pagaos de vuestra mano.

- Cuando yo servía -respondió Sancho- a Tomé Can-asco, el padre del bachiller Sansón Carrasco, que vuestra merced bien conoce, dos ducados ganaba cada mes, amén de la comida [como ya se dijo, servicios a cambio de salarios mensuales, más retribución es especie], Con vuestra merced no sé lo que puedo ganar; puesto que sé que tiene más trabajo el escudero del caballero andante que el que sirve a un labrador, que, en resolución, los que servimos a labradores, por mucho que trabajemos de día, por mal que suceda, a la noche cenamos olla y dormimos en cama.

- Confieso -dijo don Quijote - que todo lo que dices, Sancho, sea verdad ¿cuánto parece que os debo dar más de lo que os daba Tomé Carrasco?

 Sancho concreta en este momento sus reivindicaciones salariales, cuantificándolas:

- A mi parecer -dijo Sancho-, con dos reales más que vuestra merced añadiese cada mes me tendría por bien pagado, Esto es cuanto al salario de mi trabajo; pero en cuanto a satisfacerme a la palabra y promesa que vuestra merced me tiene hecha de darme el gobierno de una ínsula, sería justo que se me añadiesen otros seis reales, que por todos serían treinta.

- Está muy bien -replicó don Quijote-, y conforme al salario que vos os habéis señalado, veinte y cinco días ha que salimos de nuestro pueblo: contad, Sancho, rata por cantidad [en relación con el tiempo de servicios; a prorrata] y mirad lo que os debo y pagaos, como oss tengo dicho, de vuestra mano.

- ¡Oh, cuerpo de mí! -dijo Sancho-, que va vuestra merced muy errado en esta cuenta, porque en lo de la promesa de la ínsula se ha de contar desde el día que vuestra merced me la prometió hasta la presente hora en que estamos.

- Pues ¿qué tanto ha [¿cuánto tiempo hace?] Sancho, que os la prometí? - dijo don Quijote.

- Si yo mal no me acuerdo -respondió Sancho-, debe de haber más de veinte años, tres días más a [o] menos.

Las exigencias de Sancho causan un profundo malestar, sino lisa y llanamente la cólera de don Quijote, quien parece olvidarse de las buenas relaciones habidas entre ambos así como de las buenas cualidades que de su escudero había alabado con anterioridad:

Sancho amigo (I, 20; II, 7); Sancho mío (I, 7); Sancho bueno, Sancho discreto, Sancho Cristiano y Sancho sincero (II, 11).

Diose don Quijote una gran palmada en la frente y comenzó a reír  de gana y dijo:

- Pues no anduve yo en Sierra Morena, ni en todo el discurso de nuestras salidas, sino dos meses apenas, ¿y dices, Sancho, que ha veinte años que te prometí la ínsula? Ahora digo que quieres que se consuma en tus salarios el dinero que tienes mío; y si esto es así y tú gustas dello, desde aquí te lo doy, y buen provecho te haga, que a trueco de verme si tan mal escudero, holgáreme de quedarme pobre y sin blanca. Pero dime, prevaricador de las ordenanzas escuderiles de la andante caballería, ¿dónde has visto tú o  leído que ningún escudero de caballero andante se haya puesto con su señor en «cuanto más tanto me  habéis de dar cada mes porque os sirva? [ponerse en tan más cuanto; regatear]. En trate, éntrate, malandrín, follón y vestigio, que todo lo parece éntrate, digo, por el maremágnum [abundancia; confusión] de sus historias, y si hallares que algún escudero haya dicho ni pensado lo que aquí has dicho, quiero que me le claves en la frente y por añadidura m hagas cuatro mamonas [caricias en la cara en tono burlón que acaban con un pequeño cachete] selladas en mi rostro. Vuelve las riendas, o el cabestro, al rucio, y vuélvete a tu casa, porque un solo paso desde aquí no has de pasar más adelante conmigo,¡Oh, pan mal conocido [desagradecido; recuérdese, II, 60], oh promesas mal colocadas, oh hombre que tiene más de bestia que de persona! ¿Ahora cuando yo pensaba ponerte en estado, y tal, que a pesar de tu mujer te llamara «señoría», te despides? [rompes tu relación de servicios] ¿Ahora te vas, cuando yo venía con intención firme y valedera de hacerte seña de la mejor ínsula del mundo? En fin, como tú has dicho otras veces no es la miel, etcétera [para la boca del asno; no son las cosas buenas: para quien no sabe apreciarlas]. Asno eres, y asno has de ser, y en asno has de parar cuando se te acabe el curso de la vida, que para mi tengo que antes !legará ella a su último término que tú caigas y des en la cuenta de que eres bestia (II, 28).

Vimos como en varias ocasiones se hace alusión al testamento de don Quijote en relación a la retribución por los servicios de Sancho, Tan controvertido es el asunto que surge de nuevo en el Capítulo final de la Obra, Don Quijote cuerdo -loco quizás con intervalos lúcidos- con capacidad de testar reconoce la deuda salarial contraída con Sancho añade una donación dineraria si hubiere pecunia restante y además un reino a la vista todo ello de lo que en realidad para el Caballero constituyó el fundamento y esencia de la relación habida entre ambos: la fidelidad mostrada por su escudero.

Entró el escribano con los demás, y después de haber hecho la cabeza del testamento y ordenado su alma don Quijote, con todas aquellas circunstancias cristianas que se requieren, llegando a las mandas [disposiciones testamentarias; legados], dijo:

- ltem, es mi voluntad que de ciertos dineros que Sancho Panza, a quien en mi locura hice mi escudero, tiene, [una vez más, y finalmente, se alude a la función de Sancho como tesorero de los menguados dineros de su señor] que porque ha habido entre él y mí ciertas cuentas y dares y tomares [precisamente las discusiones frecuentemente habidas entre ambos sobre cuentas pendientes; las salariales mayormente] quiero que no se le haga cargo dellos ni se le pida cuenta alguna, sino que si sobrare alguno después de haberse pagado de lo que le debo, el restante sea suyo, que será bien poco, y buen provecho le haga; y si, corno estando yo loco fui parte para darle el gobierno de la ínsula, pudiera agora, estando cuerdo, darle el de un reino, se le diera, porque la sencillez de su condición y fidelidad de su trato lo merece (II, 74).

 

Vale es la última palabra con la que finaliza la Obra (II, 74; también 1, Prólogo). Es expresión latina cuyo significado es el de despedida con el deseo de que la gente de la que uno se despide quede bien y con salud, Vale pues, estimados lectores,

 

(*) En cursiva se ponen solamente los textos literales de la Novela: palabras, expresiones o vocablos de la misma así como también de otras obras, capítulos o textos que se citan de Cervantes.

 

 

 

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Antonio García Megía y María Dolores Mira y Gómez de Mercado

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