FRAY RAMÓN HERNÁNDEZ MARTÍN
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TOMISMO MEDIEVAL EN ESPAÑA - II -
Por fray Ramón Hernández, O. P.
2. SEGUNDO PERÍODO: DESDE 1416 HASTA 1526 La fundación y organización definitiva de la teología en las universidades fue determinante de una verdadera eclosión filosófica en España. Los estudios de derecho y de medicina eran hasta entonces los supremos en los centros oficiales españoles. En ambos casos las dificultades para la dedicación filosófica eran muy grandes. La matriculación en la facultad de derecho no exigía ningún curso previo de filosofía; la inscripción en ella era muy tentadora, pues tenía a su disposición los más variados puestos en los gobiernos civil y eclesiástico del reino. La facultad de medicina, si bien postulaba el bachilerato previo en artes o filosofía, no eran muchos los que seguían esa carrera, y los médicos judíos hacían mucha competencia a los titulados univesitarios; todo ello contribuía a que fueran pocos los que realmente se dedicaban a filosofar. La fundación de facultades de teología en las universidades encauzó mejor a los filósofos de vocación, para consagrar su actividad intelectual al campo del pensamiento. La matriculación en la facultad de teología exigía como previa la graduación en artes. El amplísimo temario de la ciencia teológica, que en sus bases de razonamiento colocaba muchas veces elementos, principios y conclusiones de orden filosófico, ofrecía una gama grande de posibilidades a los aficionados a la filosofía pura. En la edad media era el Papa el dueño de las facultades eclesiásticas: la teología y el derecho canónico. Las universidades de París y de Oxford eran las designadas para conferir los grados de teología válidos para toda la cristiandad. Salamanca lo había solicitado, pero Roma se había negado a concederlo. El cardenal aragonés Pedro de Luna, próximo papa de Aviñón con el nombre de Benedicto XIII, al ganar al rey Juan I de Castilla para la causa de Aviñón contra el papa de Roma, concedió en 1381 a la universidad de Salamanca la facultad de Teología. Ésta, sin embargo, no pudo entonces organizarse. Lo único que se hizo fue integrar en la universidad dos cátedras conventuales existentes en la ciudad, es decir, la de los dominicos y la de los franciscanos. Fueron los primeros pasos, como de ensayo, que permitieron comenzar con fuerza, confiadamente y sin timidez alguna, al abrirse al poco tiempo esas cátedras en la sede central de la universidad. Esto se hizo realidad a partir de 1416, cuando el papa Luna, Benedicto XIII, dio su organización oficial y decisiva a la Facultd de Teología de la Universidad Salmantina. Dos años más tarde se extendería esa gracia a la universidad de Valladolid y luego a las otras universidades de España. Para mayor facilidad en la inteligencia de estos autores tan varios y numerosos, dividimos este período en dos etapas. La primera dura hasta la muerte del mayor tomista español del medievo, el cardenal Juan de Torquemada, en 1468, o quizás la de 1474, en que comienza el reinado de los Reyes Católicos, que otorgaron un impulso sin igual a la cultura y a la ciencia española y las fueron encauzando hacia horizontes nuevos en cuanto a los temas y en cuanto al estilo. La segunda etapa abarcaría hasta el fin del tomismo medieval español, que viene representado por el comienzo de la enseñanza de Francisco de Vitoria en Salamanca en 1526, como dijimos. 2.1. PRIMERA ETAPA: 1416-1474. Representa en parte esta primera etapa la conjunción de dos corrientes espirituales tomistas muy representativas: el culmen del renacimiento catalano-valenciano-aragonés, favorecido por los últimos reyes de Aragón y el afianzamiento de un renacimiento castellano-leonés, protegido particularmente por Juan II de Castilla-León. El primero es más intimista y afectivo -recibe el nombre de Humanismo Devoto-, y el segundo es más intelectual y ascético. En los primeros años del siglo XV, ya incorporadas las cátedras conventuales de teología de los franciscanos y dominicos a la universidad de Salamanca por concesión del cardenal Pedro de Luna, nos encontramos con buenos catedráticos tomistas de nombres conocidos: Gonzalo de Alba, que será obispo de Salamanca entre 1408 y 1412; Lope Alfonso de Fuentelapeña; Juan de Villamagna; Pedro Lopez de Seber. Enseñaban en el Estudio Dominicano de San Esteban, pero eran ofialmente catedráticos de la Universidad, a la que esa cátedra había sido incorporada. En ella se formó la élite del clero salmantino y parte del foráneo de aquellos años, y por ese aula pasaron los pronto famosos Maestro en Teología de la universidad, como Lope de Barrientos, Juan de Segovia, Alfonso Matínez de Madrigal, llamado "El Tostado", junto con otras grandes figuras de la Iglesia y de la política, como el cardenal Juan de Torquemada. Dividimos este apartado en dos partes: los tomistas estrictamente tales y los independientes. 2.1.1. TOMISTAS INTEGRALES Detengámonos un poco sobre los pensadores tomistas más destacados de este tiempo. Sea el primero la gran personalidad de JUAN DE CASANOVA (+ 1436). Ingresó en el convento dominicano de Barcelona en 1403. Fue nombrado Maestro del Sacro Palacio por el papa Martín V en 1420. Obispo sucesivamente de Bosa (Cerdeña), Elne (sureste de Francia) y Vich, fue creado cardenal en 1430. Asistió como legado del papa al Concilio Ecuménico de Basilea. Fue igualmente del Cosejo Real de Alfonso V de Aragón[1]. L. Robles, en el artículo que mencionamos en la nota 24 de pie de página, reivindica para Juan de Casanova un Tractatus de potestate papae super concilium, atribuido anteriormente de ordinario a Juan de Torquemada. El tema de la paternidad de dicha obra se lo había planteado hace bastantes años Raymond Creytens, concluyendo su estudio en favor del dominico italiano Rafael de Pornaxio[2]. Expuesta por R. Creytens la falsa atribución de esta obra a Juan de Torquemada, tenía que plantearse el problema de su atribución al cardenal Juan de Casanova, pues no en vano algunos manuscritos figuran a su nombre, y una tradición muy fuerte nos ofrece como suya obra de este género. El Creytens rechaza, sin embargo, la posibilidad de que este tratado le pertenezca, por razones de índole interna: Juan de Casanova exhorta en un memorial dirigido a Eugenio IV a que derogue el derecto de suspensión del concilio de Basilea; nuestro Tractatus, en cambio, anima al pontífice a mantenerse firme contra los conciliares, aún a riesgo de la explosión del cisma. Los manuscritos que se conservan son muy numerosos en las bibliotecas europeas, particularmente en el Vaticano, donde llegan a siete. También en la Biblioteca Apostólica Vaticana hay tres manuscritos de un tratado muy similar al anterior y que comienza con las palabras: Utrum papa cum cardinalibus. Los tres son del siglo XVI, y Creytens prueba que este tratado Utrum papa cum cardinalibus es del dominico italiano Rafael Pornaxio. Se basa en la autoridad de J. Quetif, que tuvo en sus manos esa obra, y en otros manuscritos, que también se la atribuyen. Esta obra aparece unida a otras dos de Pornaxio en dos códices, uno de Berlín, y otro de Viena. Estos tratados fueron por Pornaxio a Juan de Casanova. Creytens concluye que la obra anterior, De potestate papae et concilii, es una reelaboración de estos dos últimos tratados. L. Robles piensa, en cambio, que el tratado Utrum papa cum cardinalibus es también de Juan de Casanova. Igualmente cree que han ser atribuidas a Casanova otras obras consideradas tradicionalmente como del cardenal Juan de Torquemada, y escritas antes de su cardenalato. No obstante, es muy posible que al ser transcritas y recopiladas posteriormente, conceden al autor la dignidad que luego consiguiera, no la del tiempo de su composición. Veíamos un ejemplo de esto en un escrito del cardenal Rosell. Se atribuyen al cardenal Juan de Casanova estos escritos: 1. Memorial al papa Eugenio IV, compuesto en 1432. Lo hallamos manuscrito en: Biblioteca Apostólica Vaticana, Vat. Lat., 4100, ff. 140r-151v, s. XV; Roma, Bibliot. Angelica, 118 (B.3.10), ff. 1-18, s. XV; París, Bibliot. Naz., Lat., 1442, ff. 12r-29v, s. XIII; Basilea, Bibliot. Univ., Cod. A.1.27, ff. 12-29, s. XV. 2. Sermón ante el papa y los cardenales. Fue pronunciado en el tercer domingo de Adviento de 1432. Se halla manuscrito en: Bibliot. Apost. Vat., Vat. Lat, 4100, ff. 77r-90r, s. XV. 3. Quetif-Echard habla de un Tractatus contra schismaticos Basilienses, escrito por Casanova. 4. Finalmente tenemos como atribuida a este cardenal la Quaestio utrum papa subsit iudicio generali, que se encuentra manuscrita en: Roma, Bibliot. Angelica, 118 (B.3.10), f. 19. JUAN PÉREZ carece de biógrafos modernos con espíritu crítico. Siguiendo a los clásicos biblióficos e historiadores, debemos necir que nació probablemente en Játiva (Valencia), donde profesa en la Orden Dominicana. Discurre su vida en torno a la mitad del siglo XV. Su obra literaria está dedicada casi por entero a comentar la Segrada Escritura. Baltasar Sorió, un historiador dominico muy cercano a él, pues vive en la primera mitad del siglo XV y en los primeros años del siglo XVI, le atribuye en su De viris illustribus Provinciae Aragoniae Ordinis Praedicatorum: Super duodecim prophetas minores, Super Ecclesiaticum, Super epistolas canonicas... LUIS DE VALLADOLID se hizo dominico en el convento vallisoletano de San Pablo. Recibió los grados de teología en la universidad de París. Fue Provincial de la Provincia Dominicana de España, y confesor y consejero de Juan II de Castilla. Asistió al concilio de Constanza en los años 1417 y 1418 como orador regio, llevando consigo a fray Juan de Torquemada, futuro cardenal. Destacó notablemente como organizador y como hombre de gobierno, estando a punto de ser Maestro General de su Orden. Tiene en su haber en el campo del pensamiento el gran mérito de haber conseguido del papa en 1418 para la universidad de Valladolid la Facultad de Teología, y la de instituir en el convento de San Pablo de la ciudad del Pisuerga una doble cátedra agregada a la universidad vallisoletana, una para la Provincia dominicana de España y otra para la de Portugal. Brilló igualmente en la enseñanza y como escritor[3]. Fue profesor de teología en París, y durante su profesorado, en 1414, Luis de Valladolid compiló algunas cosas de historia de la Orden Dominicana, de las que hablan los estudiosos poco ha mencionados. Algunos títulos de esta llamada Cronica de Luis de Valladolid son interesantes para la historia de la teología y de a filosofía: Quod "Concordantiae" in conventu Parisiensi compositae sunt; Chronographia de vita sancti Thomae de Aquino; Sequitur numerus omnium librorum quos beatus Thomas composuit et dictavit de diversis scientiis, divinis scilicet et humanis; Nomina fratrum primo legentium "Sententias" in conventu Parisiensi; Historia Magni Alberti; Numerus aliquorum librorum Alberti Magni; Sequitur de aliquibus doctoribus Ordinis Fratrum Praedicatorum. Existen de este opúsculo tres códices manuscritos: uno en Bruselas, del que en 1886 publicaron los Bollandos la Historia sancti Alberti; otro en París, Bibliot. Nat., Lat., 4707, usado en la edición de Mertene; el tercero se encuentra en Roma, Archivo General de la Orden de Predicadores (convento de Santa Sabina, en el Aventino), QQ, pp. 339-393, s. XV. Una edición completa, según el ejemplar del Archivo General de la Orden de Predicadores de Roma, la ofrece Maximiliano Canal, O. P., en "Analecta Sacri Ordinis Fratrum Praedicatorum", 20 (1931-1932) 727-761 y 801-808. Otra casi completa, siguiendo el manuscrito citado de París, la encontramos en Edmundus Martene et Ursinus Durand, Veterum Scriptorum et Monumentorum, t. VI, París 1729, columnas 549-566. Dejamos constancia antes del fragmento publicado por los Bollandos. LOPE DE BARRIENTOS (+ 1469) es una personalidad muy representativa del mundo intelectual, universitario, político y eclesiástico de la primera mitad del siglo XV. . Sobre él tiene casi a punto para su defensa la tesis doctoral en la universidad de Valladolid el dominico Angel Martínez Casado. Sabemos que da noticias sorprendentes, que harán corregir bastantes cosas en el orden historiográfico[4]. Nació en Medina del Campo (Valladolid) en 1382, y estudió en la universidad de Salamanca artes y teología (ésta en la sede del convento de San Esteban), teniendo por condiscípulos a dos célebres cardenales españoles, Juan de Torquemada y Juan de Cervantes. Se hizo dominico en el convento de San Andrés de Medina del Campo. En 1406 es enviado como profesor al Estudio General de San Esteban de Salamanca. Se le considera como el primer catedrático de teología de la universidad salmantina, al establecerse esa cátedra en la sede central en 1416. Fue escogido por Juan II en 1434 para confesor y consejero suyo, y para maestro o preceptor del principe, futuro Enrique IV. Al morir Enrique de Aragón, marqués de Villena, en 1434, Juan II le ordenó que quemara sus libros de supertición y de nigromancia. "Fray Lope los miró e hizo quemar algunos, e los otros quedaron en su poder"; con estas palabras lo asegura la Crónica de Juan II, cap. 8. Esto ha levantado un fantástico delito cultural, que se sale del texto y del contexto, y de la actitud comedida de Barrientos ante una orden inapelable del rey. Como consejero real, desarrolló una actividad política muy notable, logrando sortear con su habilidad e influencias las continuas celadas, en que se vio envuelta la débil figura del monarca. Sólo por su diplomacia se pudierom unir las fuerzas de Juan II y de su rebelde hijo Enrique, para rechazar de Castilla las tropas navarro-aragonesas, vencidas en la batalla de Olmedo de 1445 ante todo por la actuación de fray Lope de Barrientos. Fue obispo sucesivamente de Segovia, Avila y Cuenca; antes de ésta última se le ofreció la de Santiago de Compostela, pero no quiso aceptar. En Cuenca hubo de defendar la ciudad contra otra invasión navarro-aragonesa en 1449. Destaca entre los prelados de su tiempo por su extraordinario tacto pastoral. Su obra literaria manifiesta particularmente preocupaciones de este orden. Con la muerte de don Alvaro de Luna, Barrientos se convierte en la primera figura política de su tiempo; Juan II le confía la dirección de los negocios del reino. Reprendió con dureza a Enrique IV su debilidad frente a los nobles, retirándose decididamente durante su reinado al cuidado exclusivo de su obispado. Fundó el hospital de la Piedad de Medina del Campo, y allí quiso que se enterrara su cuerpo. A pesar de tan agitada vida en el gobierno político y eclesiástico de Castilla, conservamos de él bastantes escritos, en los que nos manifiesta su extraordinario sentido práctico-pastoral. Su estilo se compadece más con el último período del medievo (ampulosidad del gótico florido) que con las nuevas formas, introducidas por el renacimiento. Hagamos una breve referencia a sus obras, pasando por alto las puramente eclesíastico-canónico-pastorales, como son actas de sínodos o comentarios a la legislación eclesiástica: 1. Clavis Sapientiae. Es la obra más antigua de Lope de Barrientos, cree L. G. Alonso-Getino. Es una enciclopedia del saber filosófico-teológico de la época. Está aún sin imprimir. Sobre ella tiene a punto de terminar la tesis doctoral Angel Martínez Casado, con una edición crítica de la misma, que esperamos ver pronto impresa. Hay un manuscrito de esta obra en: Madrid, Bibliot. Nac., 1795 (P. 14), ff. 21r-160v. Llama al autor obispo de Cuenca; se trataría, no del original, sino de una copia, que se hizo algunos años más tarde. 2. Tractado del caso y fortuna. Escribió este libro a petición del rey Juan II, cuando Barrientos era obispo de Cuenca. Tenemos manuscritos de la obra en: Madrid, Bibliot. Nac., 6401 (S. 10), s. XV; ib., 8113 (V. 257), ff. 24ss, es una copia del año 1549; Londres, British Museum, Eg., 1868, s. XV; en la Bibliot. del Palacio Real de Madrid había una copia procedente del antiguo Colegio Mayor de Cuenca, en Salamanca, del s. XV, que ha sido entregado hace unos años a la Biblioteca de la Universidad Salamantina, siendo de esta Biblioteca el manuscrito nº 2096. Llevó a cabo la edición impresa de este tratado Luis González Alonso-Getino, en Anales Salmantinos, vol. I, Salamanca 1927, pp. 205-245. 3. Contra algunos cizañadores de la nación de los convertidos de Israel. Es una defensa de los judíos conversos contra la persecución casi racial, pretendida por algunos de la nobleza y que había culminado en actos sangrientos enla ciudad de Toledo. La obra fue compuesta en 1451. Hay manuscritos de ella en: Salamanca, Bibliot. Univers., 455. Se trata de una copia del s. XVII; Madrid, Bibliot. Nac., 2041, s. XVII. Fue impresa por Luis G. Alonso-Getino en Anales Salmantinos, vol. I, Salamanca 1927, pp. 181-204. 4. Tractados del dormir e despertar e soñar e profecía e agüeros e adivinanzas. Son seis tratados ligados entre sí , escritos a petición del rey Juan II, satisfecho de la obra antes citada Libro del caso y fortuna. Se conservan manuscritos en: Londres, British Museum, Eg., 1868; Madrid, Bibliot. Nac., 8113 (V. 257), copia del año 1559; ib., 6401 (S. 10), s. XV; El Escorial, Bibliot. del Real Monasterio, h.III.13, s. XV; Salamanca, Bibliot. Univers., 2096, ff. 12v-55v, s. XV. Editaron esta obra: Bartolomé José Gallardo, Ensayo de una Biblioteca Española de libros raros y curiosos, vol. II, Madrid 1866, pp. 45-50, limitándose sólo a publicar el prólogo, la tabla de los capítulos y algún fragmento; pero Luis. G. Alonso-Getino la publicó íntegramente en Anales Salmantinos, vol. I, Salamanca 1927, pp. 1-180. 5. Opusculum super intellectu quorumdam verborum cuiusdam decreti contenti in volumine decretorum, ubi Gratianus, tractans de materia sacrilegii, XVII, q. III, ait: sacrilegii quoque reatum incurrit, qui iudaeis publica officia committit. Muy a tener en cuenta es este escrito, porque muestra cómo estaba en carne viva el problema social, religioso, racial y doctrinal de los judíos, apuntando, como podía observarse con la obra descrita en el número 3, hacia la más completa separación, cual fue la expulsión que se operará pocos años más tarde. Nicolás Antonio, a quien sigue Quetif-Echard, habla de un manuscrito de esta obra, propiedad de Lucas Cortesio en Madrid; otro manuscrito con este tratado y los dos anteriores y las Constituciones Sinodales del sínodo diocesano, que reunió en 1440 en Turégano, siendo obispo de Segovia, dice también Nicolás Antonio que se encontraba en la Biblioteca del conde de Villaumbrosa, presidente del Consejo de Castilla. 6. Index latinus ad sancti Antonini, Archiepiscopi Florentini, Summam Theologicam. Habla de esta obra Colmenares, Historia de la insigne ciudad de Segovia, cap. XXIX, párrafo XX, y dice encontrarse manuscrita en el Archivo de la Catedral de Segovia. 7. Crónica de Juan II. Es una no bien identificada hasta unos años. Se encuentra manuscrita en: Madrid, Bibliot. Nac., 9445, p. 420ss, s. XVI; El Escorial, Bibliot. del Real Monasterio, X.II.13, s. XV. La edita Juan de Mata Carriazo, Refundición de la Crónica del Halconero, Madrid 1946. 8. Proposición fecha al muy reverendo magnífico señor don Lope de Barrientos. Se le vuelve a plantear a Barrientos el problema social acuciante entonces de los judíos, ahora sobre la cuestión de acceso a beneficios eclesiásticos. Hay un manuscrito en: Madrid, Bibliot. Nac., 1181 (F. 81). 9. Cartas y otros Documentos. Véase Clementino Sanz y Díaz, Documentos del Archivo de la Catedral de Cuenca, Cuenca 1965. JUAN DE TORQUEMADA (+ 1468) es con toda seguridad la figura cumbre del tomismo medieval en España. Es también el escritor más prolífico de todos ellos, con una exuberancia de manuscritos extraordinaria, exparcidos por grandes y pequeñas bibliotecas europeas. Es un escritor profundo, como lo muestran su tratado teológico sobre la Iglesia y el modo de enfrentarse con los temas discutidos de su tiempo. Es también un escritor vario, que irradia su fuerte preparación filosófico-teológica sobre las más diversas cuestiones, que se suscitan en los distintos estamentos de la sociedad civil y eclesiástica[5]. Nació en Valladolid en 1388 y profesó dominico en el convento vallisoletano de San Pablo. Hizo sus estudios de artes o filosofía en la universidad de Salamanca; estudió la teología en el Estudio General de San Esteban de Salamanca, en la cátedra agregada a la universidad del Tormes. En 1417 y 1418 lo encontramos en el concilio de Constanza como compañero de Luis de Valladolid, enviado por Juan II de Castilla. La licencia y el doctorado en Teología los obtuvo en París en 1424 y 1425. Eugenio IV le nombró Maestro del Sacro Palacio en 1431. Con razón se le ha llamado "el nuevo Osio de Córdoba del siglo XV" por su dinamismo en pro de la ortodoxia. Y se le puede decir también "Padre de los Concilios", como llamó a Osio san Atanasio en el siglo IV. Si aquel célebre español del siglo IV se enfrentó valientemente contra el error teológico de su tiempo, el arrianismo, Torquemada hará frente, sin retroceder, al mal teológico de su siglo, el conciliarismo. El papa Eugenio IV lo envió como teólogo pontificio al concilio de Basilea en 1432, y por la defensa que hizo del pontificado romano le otorgó el título de "Defensor de la Fe". En el concilio de Ferrara-Florencia de 1438-1442 trabajó decididamente por la unión de las Iglesias griega y latina. En 1439 fue elevado al cardenalato y nombrado obispo sucesivamente de varias sedes, entre ellas las de Cádiz, Orense y León. Brilló por su actividad en la reforma de la Iglesia y fue mecenas de construcción y restauración de monumentos, como de la iglesia de San Pablo de Palencia y de la Minerva de Roma. Introdujo, el primero, la imprenta en Italia, en Subiacco. No es, pues, Juan de Torquemada un puro estudioso. Es al mismo tiempo un hombre de gobierno. Es un hombre activo, que encontramos siempre allí donde hay problemas de repercusión universal o general para toda Europa. Mantuvo fuertes y públicas polémicas con grandes figuras contemporáneas del pensamiento, como con Alonso Martínez de Madrigal o "El Tostado" y con Rodrigo Sánchez de Arévalo sobre la naturaleza y origen de los poderes imperiales y pontificios. Hacemos una breve reseña de sus libros con sus manuscritos y ediciones impresas. Como en los casos anteriores, dejamos de la lado sus obras puramente teológicas o canónicas o bíblicas o devotas o pastorales o sermocinales, para limitarnos a las que reflejan su postura en el campo del pensamiento teológico-filosófico o teológico-jurídico. 1. Commentarii in Decretum Gratiani. No queremos pasar por alto esta obra, porque, a pesar de su apariencia canónica, es un comentario de sabor netamente teológico. Es una obra de carácter monumental. La estuvo elaborando a lo largo de veinte años, terminándola el 24 de marzo de 1464. Son siete grandes volúmenes, repartidos en las cuatro divisiones del Decreto de Graciano: dos vols. para la primera parte, llamada Distinctiones; tres para la segunda parte o Causae; uno para la tercera o Poenitentia, y uno también para la cuarta, llamada Consecratio. Una recensión detallada de los manuscritos de esta obra puede verse en R. Hernández en el estudio de la Bibliografía general. Sólo aquí una breve indicación de los códices: Vaticano, Bibliot. Apostólica Vaticana, Vat. Lat. 2267, s. XV; 2268, s. XV; 2269, s. XV; 2270, s. XV; 2271, s. XV; 2272, s. XV-XVI; 2273, s. XVI; 2566, s. XV; 2567, s. XV; 2568, s. XV-XVI; 2569, s. XV; 2570, s. XV-XVI; 2571, s. XV-XVI; 2572, s. XV; 2573, s. XV; 2574, año 1457; 2575, año 1463; 2576, s. XV; 4223, s. XVI; Ottob. Lat. 1607, s. XVI; Ross. Lat. 1091, s. XV; 1092, año 1489; 1093, s. XV; 1094, s. XV; 1095, s. XV; Segovia, Bibliot. de la Catedral, 317; ib., Vitrina 17, n. 12. Fue impresa esta grandiosa obra en: Lyon 1519, Roma 1555, y Venecia 1578. 2. Nova ordinatio Decreti Gratiani. También aparece titulada esta obra: Turris Aurea Decretorum, sive Nova Compilatio Decreti. Puso en duda la pertenencia de esta obra a Juan de Torquemada G. Haenel en 1835, encontrando una réplica definitiva, a favor de nuestro teólogo, en Karl Binder, Kardinal Juan de Torquemada, Verfasser der "Nova Ordinatio Decreti Gratiani", en Archivum Fratrum Praedicatorum" 92 (1952) 268-293. También de esta obra se conservan algunos manuscritos en: Vaticano, Bibliot. Apost. Vat., Barber. Lat., 1456, s. XV; Roma, Bibliot. Casanat., 666 y 667, s. XVI-XVII; Braunschweig, Staadtbibliothek, cod. 179, s. XV. I. Ph. Tomasini, Bibliothecae Patavinae Manuscripta Publicae et Privatae, Utini 1639, p. 4, y Quetif-Echard, apoyado en el anterior, afirman la existencia de un manuscrito también en: Pavía, Bibliot. Eccles. Maior. Está además el códice de las investigaciones de Haenel: Leipzig, Bibliot. Univers., Cod. Haenelianus 22, s. XV. Fue impresa en: Roma, cura Justi Pontanini, sumptibus Mainardi, 1727, según el manuscrito del fondo Barberini de la Biblioteca Apostólica Vaticana. 3. Summa de Ecclesia. La compuso entre 140 y 1453, dedicándola al papa Nicolás V. Ha ejercido una gran influencia durante cinco largos siglos en la enseñanza de la teología de la Iglesia, siendo casi el manual oficial de esa disciplina, hasta la promulgación de la constitución dogmática Lumen Gentium del concilio Vaticano II. Se conservan manuscritos en: Bibliot. Apost. Vat., Vat. Lat. 2577, s. XV-XVI; 2701, s. XV; 4336, XV-XVI; 7088, s. XV-XVI; ib., Chig. Lat., B.VIII.142, s. XV. Hay varias ediciones impresas, hechas en: Roma 1489; Lyon 1496; Salamanca 1560; Venecia 1561. Parcialmente ha sido objeto de otras ediciones; Juan Tomás de Roccaberti, O.P., edita las partes segunda y tercera en Bibliotheca Maxima Pontificia, Roma 1697, t. XIII, columnas 283-574. 4. Apparatus super Decretum Unionis Graecorum. Está dedicado al papa Eugenio IV, y fue escrito en 1441. Hay manuscritos de esta obra en: Vaticano, Bibliot. Apost. Vat., Vat. Lat., 2580, s. XV; 4165, s. XV-XVI; Nápoles; Bibliot. Governativa dei Girolamini, Lat., 223, s. XV; Venecia, Bibliot. S. Marco, Lat., 2320, s. XV-XVI. I. PH. Tomasini, Bibliotecae Patavinae manuscripta publicae et privatae, Utini 1639, p. 84, dice existir un manuscrito en la Bibliot. Bened. Selvativi. Tuvo esta obra las siguientes ediciones impresas: Venecia 1561, juntamente con la Summa de Ecclesia; Roma 1942, edición crítica por Manuel Candal, S. J., Instituto Pontificio de Estudios Orientales. 5. Tractatus super principales errores perfidi Machometti et Turcarum sive Saracenorum. Está edicada esta obra al papa Pío II. Se conservan manuscritos de ella en: Bibliot. Apost. Vat., Vat. Lat., 974, s. XV-XVI; 976, s. XV-XVI; 1043, s. XV-XVI; Madrid, Bibliot. Nac., 264, s. XV; París, Bibliot. Nat., Lat. 1440, s. XV. Se editó en: Roma 1465; París 1495; ib., sin año, por Guillermo Eustace; Roma 1606. 5. Flores sententiarum de auctoritate summi pontificis, excerptae ex dictis beati Thomae de Aquino. Compuso esta antología en 1436. Tiene la finalidad de robustecer su tesis, opuesta a la de los conciliaristas del concilio de Basilea: el papa no puede ser ligado con juramento por el concilio para observar los decretos emanados de éste. Hay manuscritos en: Bibliot. Apost. Vatic., Vat. Lat., 2580, s. XV; 4136, s. XV; 4137, s. XV; Ottob. Lat., 497, s. XVII; Chig. Lat., E.VII.208, s. XV; Barber. Lat., 1487, s. XV; Praga, Bibliot. Univers. 502, s. XV-XVI; Quetif-Echard dice encontrarse un manuscrito en Roma, en la Biblit. del cardenal Bisci; siguiendo a Tomasini, asegura igualmente que hay otros en Pavía, en la Bibliot. Eclesiástica de la Catedral de Pavía y en San Juan in Viridario; Echard vio también otro códice en París, Bibliot. del Colegio de Navarra. Fue editada esta obra en: Augsburgo 1473; Lyon 1496, a continuación de la Summa de Ecclesia; Salamanca 1560, después de la Summa de Ecclesia; Venecia 1562; Nápoles 1715. 6. Responsio ad quosdam errores Basileensium. También aparece con el título Tractatus de potestate papae et concilii generalis. Fue escrito en la primavera de 1440 como expresión de su discusión se septiembre de 1339 con el cardenal Julián Cesarini. Se conservan manuscritos en: Bibiot. Apost. Vat., Vat. Lat., 2579, s. XV-XVI; 2580, s. XV; 4136, s. XV; 4905, s. XVI; 5606, s.XVI; Ottob. Lat., 497, s. XV. L. Robles, en "Studium" 4 (1966) 312s nos ofrece otros dos manuscritos, sin asegurar si recogen esta obra u otra del mismo tema de Juan de Casanova: Blaubeuren, Ev.-Theol.-Seminarbibliothek, III.117; Praga, Metropolitni Kapitoly, A.XXVIII.3, s. XV. Describe un manuscrito el Catalogus Manuscr. Angliae, t. I: P.III.1613; en ese mismo códice se nota lo siguiente: Responsio Joannis de Turrecremata ad quosdam errores Basileensium y Alius tractatus praedicti cardinalis de Turrecremata, in quo patent aliquae responsiones eiusdem et responsiones Basileensium (Quetif-Echard, Scriptores, vol. I, p. 840, nº 11). Esta obra fue llevada a la imprenta en: Venecia 1563; Lovaina 1668; París 1672; en Concil. Parisien., de Phil. Labbeo, París 1661-1719, t. XIII; en Bibliot. Maxima Pontificia, de Juan Tomás de Roccaberti, O. P., t. XIII, Roma 1697; en Sacrorum Conciliorum Nova el Amplissima Collectio, de Mansi, t. XXXIB, París 1901; de la paternidad de Juan de Torquemada es rechazada la que editó en Colonia, en 1480, Enrique Quentel, y también la editada por J. Friedrich en Oenipone, en 1871; es atribuida la obra contenida en estas dos ediciones últimas al cardenal Juan de Casanova por L. Robles, El catalán Juan de Casanova, autor de una obra atribuida a Juan de Torquemada, en "Studium" 4 (1966) 309-321, y en "Ligarzas" 1 (Valencia 1968) 231-246; atribuye esta obra al dominico italiano Rafael de Pornaxio R. Creytens, Raphäel de Pornaxio, O. P., auteur du "De potestate papae et concilii generalis", aussement atribué à Jean de Torquemada, O. P., en "Archivum Fratrum Praedicatorum" 13 (1943)108-137; una edición crítica de la obra de Juan de Torquemada la publicaba M. Candal, S. J., en Roma, Instituto Pontificio de Estudios Orientales, 1954. 7. Tractatus in quo ponuntur impugnationes quarumdam propositionum Alphonsi de Madrigal. Se trata de una disputa pública tenida con "El Tostado" en la curia romana el 21 de junio de 1443. Se conservan de ella manuscritos en Bibliot. Apost. Vat., 946, s. XV-XVI; 2580, s. XV; 5606, s. XV; Ottob. Lat., 718, s. XV-XVI. 8. Tractatus quinquaginta veritatum contra quinquaginta errores manichaeorum, iussu Pii II papae. Tambiém hallamos titulada esta obra: Symbolum veritatum fidei Romane Ecclesiae pro infirmatione manichaeorum. Compuso este tratado, que dedicó al papa Pío II, entre 13 y 14 de mayo de 1461. Hallamos manuscritos de él en: Bibliot. Apost. Vat., Vat. Lat., 974, s. XV-XVI; 976, s. XV-XVI; París, Bibliot. Nat., Lat. 1440, s. XV. Fue editado en: "Croatia Sacra" 3 (1932) 27-93, por D. Kamber; en Publicaciones del Seminario de Burgos, Serie B, vol. 3, Burgos 1958, por N. López Martínez y V. Proaño Gil. 9. Dialogus inter discipulum deplorantem ruinam populi christiani et victoriam turcorum in eos atque magistrum eum Scriptura consolantem. Hay un manuscrito en: Augsburgo, Staats und Stadtbibliothek, 2º464, s. XVI. 10. De salute animae. Hablan de esta obra Tritemius, Altamura y Quetif-Echard. Se hizo una edición de ella en: Londres 1509. 11. Epistola consolatoria ad fratres. Hay un manuscrito en: El Escorial, Bibliot. del Real Monasterio, Q.II.9, ff. 42ss. 12. Orationes seu dissertationes duoe in concilio Florentino. Fueron pronunciados estos dos discursos en el concilio ecuménico de Florencia en junio de 1439 y en junio de 1440, buscando la armonía entre Iglesias Latina y Griega en los campos doctrinales. Encontramos una edición de ellos en: Mansi, Sacrorum Conciliorum maxima et amplissima Collectio, t. 31B, columnas 1671-1674 y 1683-1688. 13. Opusculum ad honorem Romani Imperii et dominorum romanorum. Hay un manuscrito de este opúsculo en: Bibliot. Apost. Vat., Vat. Lat., 974, ff. 65r-67v, s. XV-XVI. 14. Tractatus de nuptiis spiritualibus. Escrito al final de su vida, es una cadena de textos de los Santos Padres y de los Doctores de la Iglesia. Encontramos manuscritos de esta obra en: Bibliot. Apost. Vaticana, Vat Lat., 974, ff. 68r-74r, s. XV-XVI; Madrid, Bibliot. de la Real Academia de la Historia, 12.11.1-17, ff. 73-87. 15. De iure naturali et de iure gentium. Se conserva manuscrito en: Bibliot. Apost. Vat., Vat. Lat., 1043, ff. 133r-135r, s. XV-XVI. 16. Propositio ad dietam Nuremburgensem. Fue escrita esta propuesta en 1438, y se halla manuscrita en: Bibliot. Apost. Vat., Vat. Lat., 2580, ff. 188r-192v, s. XV; 5606, ff. 409r-428v, s. XVI-XVII. 17. Propositio ad dietam Moguntinam. Discurso pronunciado en la dieta de Maguncia de la primavera de 1439. Hay manuscritos en: Bibliot. Vat., Vat. Lat., 2580, ff. 181r-187v, s. XV; 5606, ff. 324r-348r, s. XVI-XVII; ib., Corsiano Lat., 66. Lo imprimió Massi, Magistero infalibile del papa nella teologia di Givanni da Torquemada, Turín 1957, pp. 165-176. 18. Repetitiones super quibusdam propositionibus Augustini de Roma. Compuso este tratado en julio de 1435 contra las teorías del arzobispo de Nazareth en su libro De sacramento unitatis Christi et Ecclesiae. Hay manuscritos en: Bibliot. Apost. Vat., Vat. Lat., 2580, ff.150v-165r; 5606, ff. 266r-322, s. XVI-XVII; Ottob. Lat., 497, ff. 281r-365v, s. XVII. Fue editado en: Roma 1475; Roma ...., por Mansi, Sacrorum Conciliorum Maxima et Amplissima Collectio, t. XXX, columnas 979-1034. 19. Reprobationes trigintaocto articulorum, quos tenent haeretici usiti de Maldavia. Las compuso en julio de 1442. Hay manuscritos en: Bibliot. Apost. Vat., Vat. Lat., 976, ff. 71r-94v, s. XVI-XVII; 2580, ff. 67r-78r, s. XV; 5606, ff. 161r-200v, s. XVI-XVII; Ottob. Lat., 497, ff. 187r-242r, s. XVII; 718, ff. 67r-92v, s. XV-XVI. 20. Responsio in blasphemam et sacrilegam invectivam ad sanctissimum canonem "Iustissimae" condempnationis dampnatissimae congregationis Basilensium. Es una réplica a la invectiva de los disidentes del concilio de Basilea contra la unión de los griegos y latinos en el concilio de Florencia. Fue pronunciada ante el rey de Francia Carlos VII en la asamblea de Bourges. Se conserva manuscrita en: Bibliot. Apost. Vat., Vat. Lat., 2580, ff. 25v-41v, s. XV; 5606, ff. 97v-157v, s. XVI-XVII; Ottob. Lat. 497, ff. 69r-149v, s. XVII; Salamanca, Bibliot. Univers., 2504, ff. 20rss, s. XV. 21. Tractatus contra Madianitas et Ismaelitas. Fue terminado en Roma en 1450. Hay manuscritos en: Bibliot. Apost. Vat., Vat. Lat., 2580, ff. 165r-178v, s. XV; 5606, ff. 351r-408v, s. XVI-XVII; Ottob. Lat., 1760, s. XVI-XVII; Bolonia, Bibliot. del Real Colegio de España, 67, s. XV. Fue impreso en: Burgos 1957, en Publicaciones del Seminario de Burgos, Serie B, vol. 2, por N. López Martínez y V. Proaño Gil. 22. Tractatus de potestate romani pontificis et concilii generalis. Tenemos manuscritos de este tratado en: Bibliot. Apost. Vat., Vat. Lat., 5607, ff. 127r-148r, s. XV-XVI; Göttingen, Bibliot. Pub., Theol., 113, s. XV. 23. De Deo et Angelis. Quetif-Echard testifica la existencia de un manuscrito de esta obra en: Venecia, Bibliot. del Convento de San Juan y San Pablo. 24. Tractatus magnus Johnnis de Turrecremata, Ordinis Praedicatorum, de XV significationibus Ecclesiae. Hya un manuscrito de esta obra en: Salamanca, Bibliot. Univers., 2504, ff. 223-232, s. XV. 2.1.2. TOMISTAS INDEPENDIENTES Para terminar esta primera etapa dentro del segundo período debemos recordar algunos pensadores, que se formaron en el tomismo inicial de la facultad de teología universidad de Salamanca, aunque actuaron con independencia en algunas cuestiones doctrinales. Figuran principalmente entre estos Juan Alfonso de Segovia y Alonso Fernández de Madrigal. JUAN ALFONSO DE SEGOVIA (+ 1458) estudió artes y teología en la universidad de Salamanca entre 1410 y 1422. Enseñó ahí teología, y la universidad salmantina le encomendó misiones importantes ante los papas Martín V y Eugenio IV, para la confirmación de las nuevas constituciones universitarias. En 1433 asiste al concilio de Basilea como orador de la Universidad de Salamanca. Fue designado miembro de la Diputación de la Fe y desarrolló gran actividad en los temas más importantes del concilio, como las relaciones con el pontífice romano y las cuestiones doctrinales que era necesario debatir con la Iglesia griega para lograr la unión con la latina. Demasiado influenciado por los nuevos aires democráticos dentro de la Iglesia, propugnó las ideas conciliaristas, que consideraban al concilio por encima del papa, interviene decididamante en la deposición del papa Eugenio IV, y en la elección y reconocimiento por las naciones del antipapa Félix V. Éste le hace cardenal, honor que le fue denegado por Nicolás V, nuevo papa de Roma. Murió en Saboya como arzobispo titular de Cesarea. Aparte su famosa historia del concilio de Basilea y sus múltiples escritos en torno a su actividad conciliar, como más en consonancia con nuestro tema podemos mencionar los siguientes: 1. Repetitio de superioritate... potestatis ecclesiasticae ad temporalem. Se conserva manuscrito en: Valladolid, Bibliot. Univers. de Santa Cruz, 89, ff. 130r-165v. 2. Alcorán trilingüe (en árabe, latín y castellano). 3. De mittendo gladio divini spiritus in corda saracenorum. 4. Quod deceat potius magis via doctrinae quam gladio intendi ad saracenorum conversionem. 5. De confederatione principum. Se llevó a la imprenta en 1490. 6. De bello et bellatoribus. Fue impresa en Siena en 1496. Con la anterior y con prólogo de Joaquín Fernández Prida fue publicada en español en Madrid con el título De la confederación de los príncipes y de los guerreros[6]. ALFONSO FERNÁNDEZ DE MADRIGAL (+ 1455), o el Tostado, o el Abulense, estudió en la universidad de Salamanca entre los años 1426 y 1431, obteniendo en ella los dos magisterios, en artes o filosofía y en teología. Consiguió también allí el grado de bachiller en derecho. Ejerció en la universidad de Salamanca el profesorado en filosofía moral, en Biblia y en teología, de la obtuvo la cátedra de Vísperas. Fue rector del colegio mayor de San Bartolomé y Canciller de la citada universidad, gozando en su tiempo del más alto prestigio como hombre sabio y enciclopédico. Conocía el latín, el griego y el hebreo. Su actividad literaria fue amplísima y muy variada; de ahí el dicho antiguo: "escribe más que el Tostado". Sigue en sus exposiciones la doctrina tomista, sin perder su personalidad y disentiendo en algunos puntos, llevado de la influencia renacentista. El rey Juan II le comisionó para que asistiera al concilio de Basilea, pero no pasó de Italia. Defendió la doctrina conciliarista o la superioridad del concilio sobre el papa. En 1443 en Siena expuso 21 proposiciones delante Eugenio IV. Tres de ellas desagradaron al pontífice, que encargó al cardenal Juan de Torquemada su refutación, pero el Tostado se mantuvo firme hasta su muerte. A pesar de haber ingresado en la Cartuja y tomado el hábito, Juan II lo nombró su consejero, y lo trajo a la corte y consiguió para él el obispado de Avila en 1445. En la catedral de Ávila se conserva su sepulcro[7]. Sus libros son en general amplios comentarios bíblicos y teológicos, ocupando sus obras completas 15 grandes volúmes en la impresión de Venecia entre 1507 y 1530. Extraemos aquí los que hacen referencia a problemas de filosofía o más relacionados con ella: 1. Cuestiones de filosofía moral. Es una exposición sobre las virtudes morales, siguiendo el libro segundo de los Éticos de Aristóteles a Nicómaco. Fue editada esta obra en Biblioteca de Autores Españoles (BAE), nº 65 (Madrid 1953) pp. 144-152. 2. Tratado... por el qual prueva cómo al home es cesario amar. Cf. edición de Paz y Meliá en Opúsculos literarios de los siglos XIV al XVI (Madrid 1892) pp. 221-224. 3. Breve tratado de los fechos de Medea. 4. Libellus de optima politia. Defiende la democracia como mejor forma de gobierno. 5. Comentario la Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea, que fue impreso en Salamanca en 1506. 6. Comentario al tratado sobre el Regimiento de los Príncipes de Egidio Colonna. 7. Libellus de statu animarum post mortem. Fue reimpreso en Amberes en 1621. 8. Tratado sobre los dioses de la gentilidad o las catorce cuestiones, que se reimprimió en Burgos en 1545. Cf. Biblioteca de Autores Españoles, BAE, 65. Está influido de Las genealogías de los dioses de Boccaccio. 2.2. SEGUNDA ETAPA: 1474-1526 Tres problemas acucian de modo alarmante al mundo intelectual durante estos años. El primero es el triunfo indiscutible del Renacimiento con la invasión torrencial del humanismo en todas las manifestaciones del espíritu del hombre, en las ciencias, en las artes y en las costumbres; para la filosofía la fundación de la universidad de Alcalá en 1508 y el comienzo de la edad de oro de la de Salamanca en 1526 son dos frutos de esta inquietud persistente por un modo nuevo de filosofar. En segundo lugar el espíritu de reforma que los Reyes Católicos pretendieron implantar e infundir en los distintos aspectos de su gobierno crearon un ambiente de exigencia y de disciplina en los más diversos campos: en el orden político social mediante un mayor centralismo del poder, de la vigilancia y de la administración; en el orden eclesiástico, exigiendo la implantación de la reforma y disciplina interna, junto con el cumplimiento de las obligaciones ministeriales y la fidelidad a la fe y teología católicas; aquí el problema era igualmente acuciante, porque, al no llevar a cabo la reforma los máximos responsables de la Iglesia, pretenderán ejecutarla elementos extraños, sin miedo a las desviaciones heterodoxas, como los alumbrados, los erasmistas y los fautores de los grandes pseudorreformistas del norte; otra vertiente de todo esto es la unidad nacional y de fe, que terminará con la expulsión de los judíos en 1492 y de los moriscos en 1500. El tercero de los problemas que obligar a hablar y a escribir a los pensadores filosóficos y teológicos de este tiempo es el descubrimiento de América. Políticos, conquistadores, encomenderos, misioneros ejercen su correspondiente actividad en aquellos territorios y sus gentes, sacando a la luz pública los problemas graves de aquel encuentro de españoles e indios o naturales del Nuevo Mundo: ocupación hispana, malos tratos y desposesión de los naturales, reducción a servidumbre y a esclavitud, explotación de la tierra y de los minerales, las guerras, la conquista, la evangelización. Juristas, filósofos, moralistas, teólogos tienen delante un campo virgen inmenso de problemas ante los cuales han de tomar una actitud doctrinal, que mueva a los gobernantes a tomar las actitudes más oportunas y establecer las leyes más convenientes. Los tomistas españoles no fueron ajenos a ninguno de los problemas de los tres órdenes, que acabamos de mencionar. Es más, se aprestaron a tomar parte muy activa en todos los campos, a los que era necesario llevar una sabia orientación. También en este tiempo brillan los apologistas, defensores del dogma católico y de la doctrina tradicional y oficial de la Iglesia frente a las diversas tendencias heterodoxas. Pero, si es posible esta actitud de vanguardia, es porque hay detrás un conjunto de catedráticos, conocedores y expositores de todo el pensamiento de santo Tomás, sistemática y armónicamente concebido, y finalmente porque dispone asimismo de un grupo suficientemente nutrido, que se ocupa en determinar el sentido preciso de las fuentes de esa doctrina o pensamiento. Vamos a decir algo estos campos en los que se mueven nuestros tomistas, y lo hacemos fijándonos en la actividad académica y literaria de cada uno de ellos. Los dividimos en dos grupos: los que siguen la línea tradicional escolástica en la enseñanza en las aulas o en su actividad apologética, y los que siguen una línea renacentista por su dedicación primordial a las fuentes, a la antiguedad. 2.2.1. TOMISTAS ACADÉMICOS Y CONTROVERSISTAS Incluimos en este apartado a los catedráticos de grandes centros docentes, como concocedores y expositores de profesión del pensamiento tomista en su conjunto, aunque su actividad literaria se haya orientado preferentemente a un campo muy determinado. Recojamos en primer lugar sus nombres: Antonio Ros, profesor en Barcelona y en Zaragoza; Miguel de Olosábal, que enseña en París; Matías de Paz, catedrático en Valladolid y en Salamanca, como también Diego de Astudillo; Diego de Deza y Pedro de León, regentes de la Cátedra de Prima de Teología de unviversidad de la ciiudad del Tormes; Cipriano Benet, profesor en Roma; Juan Hurtado de Mendoza, que enseña en Salamanca; Baltasar Sorió, profesor en Barcelona y en Tortosa. De los dos primeros mencionemos solamente la obra a ellos atribuidas por los historiadores. A ANTONIO ROS (+ 1504), del convento dominicano de Zaragoza, se le atribuye n unas Cuestiones Dogmáticas, aún no identificadas. Natural de San Setabastián y profesor en París en 1516, MIGUEL DE OLOSÁBAL, edita hacia esa fecha en París un comentario de Tomás de Vío Cayetano, con una tabla de materias elaborada por él: Commentarius Fratris Thomae de Vio Cayetani in Primam Partem Sancti Thomae cum tabula materiarum in hoc libro contentarum ad solvendas quascumque difficultates in scholis agitatas, composita ab H. P. F. Machaële de S. Sebastiano sive Olosabal Ord. Praed. No tiene año de impresión, pero, como lo dedica a García de Loaísa, Provincial de la Orden Dominicana, tiene que estar editado entre 1516 y 1518, que son los años de su provincialato. Quetif-Echard testimonia haber visto un ejemplar de esa edición en 1681 en los conventos de Orleans y Cavaillon. MATÍAS DE PAZ (+ 1519). Es natural de Salamanca y se hizo dominico en el canvento salmantino de San Esteban. Estudió en París entre 1490 y 1496. Enseñó teología en el colegio vallisoletano de San Gregorio. Era Regente de este colegio, cuando fue convocado a Burgos por el rey Fernando el Católico para formar parte de la junta de juristas y teólogos de 1512, que debían tratar acerca del gobierno de los indios del Nuevo Mundo, y de la salieron las llamadas "Primeras Leyes de Indias", un código laboral y de buen comportamiento con los naturales de aquellas recién descubiertas. Pasó en 1513 a Salamanca, en donde fue catedrático de Sagraga Escritura de la universidad hasta el día de su muerte[8]. Antonio Senense, el Lusitano, en la Bibliotheca Ordinis Fratrum Praedicatorum, París 1585, p. 174, y Alonso Fernández, en Concertatio Pradicatoria, Salamanca 1618, p. 399, siguiéndolos otros historiadores, dicen haber escrito, entre otras, Matías de Paz estas dos obras: Commentaria super totam Bibliam y Super Summam Divi Thomae contra Durandum. Domingo Báñez, en De Fide, Spe et Charitate, Salamanca 1584, columna 929, le atribuye Repetitio solemnis de reviviscentia meritorum, que imprimió Matías de Paz en 1517; Báñez no dice el lugar; advierte que suele enumerarse entre las obras de Diego de Deza, que era en esa fecha arzobispo de Sevilla. Finalmente tenemos su tratado De Dominio regum Hispaniae super Indos. Hay manuscritos de esta obra en: Sevilla, Bibliot. Univers., 333-166-1; Madrid, Bibliot. de la Real Academia de la Historia, E-33-8. Fue impresa por: V. Beltrán de Heredia, O. P., en "Archivum Fratrum Praedicatorum" 3 (1933) 133-181. Existe una traducción española, publicada juntamente con el tratado de Juan López de Palacios Rubios, De las islas del mar océano, en México 1954, por S. Zavala y A. Millares Carlo[9]. DIEGO DE DEZA (+ 1523). Su relevante personalidad ha sido objeto de muy variados estudios. Unos se han fijado en él como inquisidor, otros como prelado eclesiástico; muchos han exaltado su relación con el descubrimiento de América; otros se han fiado en él como patrocinador de los estudios universitarios, y otros finalmente como pensador y representante del tomismo español a caballo de los siglos XV y XVI.[10] Nació en Toro (Zamora) en 1443, en el convento dominicano de esa ciudad hizo su profesión religiosa. Estudió en la universidad de Salamanca, donde aparece matriculado como estudiante de filosofía en 1473. Ocupó la cátedra principal de teología en 1480. Los Reyes Católocos lo eligieron en 1485 para preceptor del príncipe don Juan y lo nombraron consejero real. Cristóbal Colón nos habla en sus cartas de la gran amistad que le unió siempre a esta figura desde que vino a España. Dirá que "siempre me ha favorecido y desado mi honra", y advierte que fray Diego de Deza "fue causa de que Sus Altezas hobiesen Las Indias, y que yo quedase en Castilla; que ya estaba yo camino para afuera". En Salamanca con los sabios de la universidad discutió Colón sus proyectos transoceánicos; ante las suspicacias de la mayoría, el apoyo de Deza fue definitivo. Los Reyes Católicos lo escogieron para puestos de alta responsabilidad. Fue sucesivamente obispo de Zamora, Salamanca, Jaén, Palencia; fue inquisidor general y arzobispo de Sevilla. Pacificó a los nobles de Andalucía, cuando la deficiencia mental de la reina doña Juana, exigió la vuelta de su padre Fernando el Católico para gobernar España, y la nobleza aspiraba a afianzarse en sus pretendidos derechos. Intervino en la erección de las primeras sedes episcopales de América, que fueron integradas en el arzobispado de Sevilla; cuidó las mesnadas de misioneros que se embarcaban hacia Las Indias y se interesó por el bien de los naturales de aquellas tierras. Hombre siempre de estudio y de universidad fundó el colegio-universidad de Santo Tomás de Sevilla, y dejó un legado literario importante, no sólo de carácter pastoral, sino también de orden doctrinal. A algunos sorprende que la obra doctrinal de Diega de Deza, Novae Defensiones, siga tan de cerca la llamada Defensiones del tomista francés del siglo XV, Juan Capréolo, y han llegado a considerar a Deza como mal plagiario de éste último. Deza, sin embargo, no pretende ocultar su dependencia de Capréolo, llamado tradicionalmente el "Princeps Thomistarum", ni quiere atribuirse en modo alguno glorias ajenas. Si da a sus comentarios el calificativo de novae, es porque presenta como base de sus comentarios otros anteriores, los de Caprólo. Y, para que no haya la menor duda sobre sus pretensiones, el brillante prólogo que encabeza el primer tomo explica concisa y llanamente el sistema adoptado; su dependencia, y también su originalidad, con respecto al otro comentarista. A quien actúa de esta forma no se le puede tachar de plagiario. El que lee despacio ambas obras, y no se deja impresionar por la superficie, captará fácilmente otro hálito que presagia ya los nuevos comentarios de la Escuela de Salamanca, dando más cabida a la Suma de Teología como pensamiento definitivo de santo Tomás. La densidad de doctrina y una modificación más pedagógica en la esquematización de las cuestiones hace de los comentarios de Deza un instrumento de trabajo más seguro y asequible que los anteriores, y esto es justamente lo que había pretendido al componerlos; los estudiantes de su colegio-universidad de Sevilla, para quienes compuso esta obra, captarían mejor así la esencia del tomismo. Los "notabilia", que va añadiendo Deza a las cuestiones y que representan su aportación más personal, tienen un valor extraordinarios por sí mismos, además de favorecer la solución de las objeciones, que expone a continuación en su comentario. Hacemos constancia de sus escritos doctrinales, dando de lado, como otras veces, a los puramente espirituales, canónicos, pastorales, epistolares, sermocinales y escriturísticos, que son abundantes: 1. In defensione sancti Thomae ab impugnationibus magistri Nicholai magistrique Mathiae propugnatoris sui. La obra está dedicada al cardenal de Toledo, Pedro de Mendoza. Existe un manuscrito poco explotado en: Valladolid, Bibliot. Univers. 160 (127), finales del s. XV o principios del XVI. Fue editada en: Sevilla 1491, Meynardi Ungut et Stanislai Poloni socii; aunque el título y el colofón están en latín, el cuerpo de la obra está en castellano, dice Palau, en Manual del Librero. Existe un ejemplar de esta edición en Toledo, asegura Cotarelo y Valledor, y otro en la Bibliot. Nac. de Madrid, Incunables, nº 2485. Otra edición, bastante posterior, lleva este título: Defensorium Doctoris Angelici Divi Thomae Aquinatis contra invectivas Matthiae Dorink in replicationibus contra dominum Paulum Burgensem super Bibliam, París 1515, Bertoldo Rumbolt. Hay un ejemplar en la Bibliot. Colombina de Sevilla y otro en la Bibliot. Mazarin de París, 23312. Arimón hace dominico a Pablo de Burgos, fundado quizás en una mala lectur de "dominum" por "dominicum", como lo manifiesta al ofrecer el título de esta edición. 2. Novarum defensionum contra Angelici Doctoris beati Thomae de Aquino sy¡uoer Quatuor libros Sententiarum quaestiones profundissimae ac utilissimae. Tres vols., Sevilla 1517, Jac. Kronberger. 3. Relectio de peccato originali. Da noticia de esta relección Quetif-Echard, tomándolo de Alva, Sol. Verit. Rad.; hablan de la existencia de un códice Toledo. Y ciertamente encontramos un manuscrito en: Toledo, Bibliot. del Cabildo, ff. I-LXXXVIII, s. XV. 4. Constituciones del Colegio de Santo Tomás de Aquino. Fueron elaboradas las primeras al fundarse el colegio, en latín, en 1516. Algo más tarde, en 1522, dispone las nuevas constituciones, también escritas en latín. Diego Ignacio de Góngora, Historia del Colegio de Santo Tomás, compuesta en 1707, nos da un resumen. Se ceuntran manuscritas en: Sevilla, Bibliot. Capitular, 84-1-22. Fueron editadas en: Sevilla 1890, en D. I. de Góngora, Historia del Colegio de Santo Tomás de Sevilla, edic. preparada por Ceferino Gozález, O. P., t. I, pp. 128-143. 5. Memorial de Fray Diego de Deza al Rey sobre varios asuntos de Estado. Fue compuesto en Sevilla en 1507. Está manuscrito en: Simancas (Valladolid), Archivo General, P. R. 21-29-32; Madrid, Bibliot. de la Real Academia de la Historia, Colección Salazar, A-12-116. CIPRIANO BENET (+ 1522) es otro polígrafo de principios del s. XVI. Contagiado por los humanistas en su amor a las fuentes clásicas, lo encontramos con su actividad literaria en medio de los grandes problemas de su tiempo. Melquiades Andrés dice de él que "es el primer español que escribió contra Lutero fuera de España".[11] Era natural de Albelda. Recibió el magisterio en París y fue profesor de la universidad de la Sapienza de Roma en 1509. Entre sus obras merecen ser tenidas en cuenta a nuestro propósito las siguientes: 1. Illustrium virorum opuscula edita a fratre Cypriano Beneto Ordinis Praedicatorum, París 1500. Son un grupo obras de controversia de Dídimo el Diego, Casiodoro y s. Cipriano. Dedica la colección a Simón Radín, consejero real, presentándose con estas palabras: "Frater Cyprianus Beneti, Albensis, Praedicatorum Ordinis vitae regularis, Congregationis Aragoniae, ex Academia Parisiensi, nonis Augusti MD". Hablan de esta obra Quetif-Echard y Latassa. 2. Tractatus quatuor: I. De prima orbis sede; II. De concilio; III. De ecclesiastica potestate; IV De pontificis maxima auctoritate, sive de Sanctissimi Domini Nostri Papae supremo et universali dominio. Ad R. D. Dominicum Grimanum patritium Venetum S. R. E. Cardinalem ac Aquileiensem Patriarcham. De la primera edición, según Queti-Echard, se conserva un ejemplar en la Bibliot. Medic. de Florencia; la segunda edición salió en Roma en 1512, imprenta de Jacobo Mazzochio; un ejemplar, dice Palau, existe en la Biblot. Colombina de Sevilla. Los publicó asimismo J. To. de Roccaberti, Bibliotheca Maxima Pontificia, t. VII, Roma 1697. 3. Clara et compendiosa introductio ad logicam, ad praestantisimum dominum Octavianum Arcimboldum, protonotarium apostolicum ac referendarium, Roma 1509. Según Quetif-Echard hay un ejemplar en: Florencia, Bibliot. Medic. 4. Dialogus de excellentia et utilitate theologiae. Cf. Quetif-Echard. 5. Clavis argentea totius logicae, Roma 1514, editada por J. Mazzocchio. Cf. Palau. 6. Figurae quaedam de proeminentia logicae, ac de modo quo intellectus materialia aprehendit et spiritualia, una cum compendio terminorum, Roma a principios del s. XVI. Tanto de este escrito como del anterior dice Palau existir un ejemplar en la Biblot. Colombina de Sevilla. 7. Tractatus de Fortitudine animi et de perfecta arte militari, Lyon 1550. Hay un ejemplar en: Roma Biblioteca Casanatense. 8. Oratio contra dogmata Lutheri. De este discurso habla ampliamente Quetif-Echard, y lo habría pronunciado en Roma en un acto solemne. Otra obra contra Martín Lutero versa sobre en sacramento de la Eucaristía; de ella habla Melquiades Andrés en "Revista Española de Teología" 19 (1959) 182s, y recoge la promesa de Cipriano Benet de publicar una obra en seis libros también contra Lutero acerca del primado del papa, pero se ignora si llegó a componerla. 9. Spiritualis Sapientiae Breviloquium sive Dialogus, Roma 1510, en la imprenta de Esteban Guillereti de Lotharingia. Según Palau hay un ejemplar en la Bibliot. Colombina de Sevilla. 10. Epistulae duae ad Paulum episcopum Sempronianum. Están manuscritas en: El Escorial, Bibliot. del Real Monasterio, 2-XII-26, ff. 3v-5v., s. XVI. JUAN HURTADO DE MENDOZA (+ 1525). Natural de Salamanca, hizo sus estudios en la universidad salmantina. Se hizo dominico en el convento de Piedrahíta en 1493. Fue profesor de filosofía y de teología en los Estudios Generales dominicanos de Salamanca y Ávila. Destacó principalmente como reformador religioso y hombre de gobierno. Por su espíritu reformista y favorecedor del estudio, logró el ambiente adecuado de disciplina y exigencia, que posibilitó el siglo de oro teológico-filosófico de su convento salmantino de San Esteban. Ha resaltado modernamente esta importante misión de V. Hurtado de Mendoza el historiador dominico V. Beltrán de Heredia. Se le atribuye la composición de unas Annotationes marginales ad Primam Secundae sancti Thomae[12]. PEDRO DE LEÓN (+1526) se distingue sobre todo por su labor docente, durante casi cuarrenta años, primero en el Estudio General de San Esteban y luego en la universidad de Salamanca. Regenó en ésta la cátedra principal de teología entre los años 1507 y 1526, en que murió y fue sucedido, después de la corespondiente oposición por el fundador del Derecho Internacional Moderno Francisco de Vitoria. Los historiadores del Estudio General de San Esteban de Salamanca nos hablan del enfrentamiento de Pedro de León con el catedrático salmantino de Sagrada Escritura Juan de Oria por la heterodoxia de algunas de sus doctrinas.[13] DIEGO DE ASTUDILLO (+ 1536) nació en Astudillo (Palencia). Profesó dominico en el convento de San Pablo de Valladolid, y perfeccionó sus estudios en el Colegio de San Gregorio de la esta ciudad, donde juró los estatutos el 5 de junio de 1511. El capítulo general de Valladolid de 1523 lo envió como profesor de las Sentencias de Pedro Lombardo en el convento de San Esteban de Salamanca. El jesuita Nicolás de Bobadilla, de los primeros compañeros de s. Ignacio, lo celebra entre los grandes maestros de su tiempo, a cuyas clases él pudo asistir: "en cuanto a los famosos doctores de teología de nuestros tiempos -dice- yo he visto y he oído leer y disputar a los doctores de España, Ciruelo, Medina, Vitoria y Astudillo".[14] Célebre es el juicio dado sobre Diego de Astudillo por Francisco de Vitoria, que recogen los primeros cronistas y siguen luego todos los historiadores. El dominico Juan de la Cruz, plenamente contemporánero de estos maestros, cuenta en su Corónica de la Orden de Predicadores, Lisboa 1567, fol. ccxlv, que Vitoria solía decir de Astudillo: "el Maestro Astudillo más sabe que yo, pero no lo sabe vender también como yo". En 1527 fue nombrado regente del colegio de San Gregorio de Valladolid, y en el capítulo general de Roma de 1530 fue honrado con el título de Maestro en Sagrada Teología.Tuvo como discípulos a Melchor Cano y a Bartolomé de Carranza. Dejando aparte sus comentarios a la Segrada Escritura, en el campo de la filosofía merece destacarse la siguiente obra: Quaestiones reverendi Patris fratris Didaci de Astudillo... super octo libros physicorum, et duos libros de generatione Aristotelis, peripateticorum principis, Valladolid 1532, en la imprenta de Nicolás Tierry. Gonzalo de Arriaga, en su Historia del Colegio de San Gregorio de Valladolid, refiere en la breve biografía que dedica a Astudillo que "dictó comentarios sapientísimos a la Sagrada Teología Escolástica de santo Tomás, que el Colegio de San Gregorio conservó mucho tiempo, y de que se aprovecharon otros teólogos".[15] BALTASAR SORIÓ, muerto a los cien años, en 1557, fue testigo de las tras grandes transformaciones espirituales, filosofóficas y humanisticas, sufridas por las instituciones cristianas en el último cuarto del siglo XV y en la primera mitad del siglo XVI. Nació en Valencia y aquí mismo se hizo dominico. Estudió en París, donde consiguió la láurea en 1501. Fue regente del Estudio General de Barcelona, pero el principal centro de sus actividades docentes fue Tortosa, como maestro de la catedral. Intervino en la elevación del estudio catedralicio a la categoría de universidad, y en la fundación de dos colegios mayores, el de San Matías y el de Santiago, el primero para estudiantes dominicos y el segundo para moriscos[16]. Dejando los libros pastorales y exegéticos, que son la mayoría, anotamos los dos mán en relación con nuestro propósito: 1. Decathomus, que también recibe el nombre de Contra omnes haereses. Dice el historiador Diago, en su Historia de la Provincia de Aragón de la Orden de Predicadores, Barcelona 1599, que es un libro de mucha solidez doctrinal. 2. Tractatus de viris illustribus Provinciae Aragoniae Ordinis Praedicatorum. Es un opúsculo, escrito entre 1616 y 1522. De él usarán los historiadores siguientes de la Provincia Dominicana de Aragón, como Antist y Diago. Hay de este tratado tres manuscritos en: Valencia, Bibliot. Univers., 487, ff. 1-19, s. XVI; 451, s. XVII; 488, pp. 1194-1202, s. XVII. Fue editado por José Mª Garganta, O. P., Valencia 1950. JAIME GIL, también conocido por Jaime CATALÁN (+ 1475). Nació en Játiva (Valencia), donde se hizo dominico. Obtiene el doctorado en Teología en Montpllier y ejerció su profesorado en Barcelona y en la catedral de Tortosa. Entre 1445 y 1453 fue Provincial de la Provincia Dominicana de Aragón[17]. El papa Nicolás V le nombró Maestro del Sacro Palacio en 1453, desempeñando ese cargo durante veinte años. Sus libros son casi todos sobre puntos puramente teológicos o litúrgicos. De carácter más filosófico son los siguientes: 1. Tractatus catholicae veritatis contra errores Zanzini de Soltia, haeretici Pergamensis. Está dedicado al papa Pío II, y lo compuso, por tanto, entre agosto de 1458 y agosto de 1464. Hay manuscritos en: Roma, Bibliot. Casanatense, 874, ff. 37v-45v, s. XV; Basilea, Bibliot. Públ., B.IX.34. 2. Confutatio perversitatis obtrectorum excellentissimae vitae Christi et corruptorum doctrinae evangelicae. Es una nota de carácter apologético contra los judaizantes de Roma. Se halla manuscrita en: Roma, Bibliot. Apost. Vaticana, Vat. Lat., 1000, f. 18v, s. XV. JUAN LÓPEZ DE SALAMANCA (+ 1479). Natural de la provincia de Salamanca, se hizo dominico en el convento de San Esteban de esta ciudad. El capítulo general dominicano de Siena de 1462 lo nombre regente del Estudio General del citado convento. Fue el fundador del importante convento de estudios y predicación San Vicente Ferrer de Plasencia con el mecenazgo de la duquesa de Arévalo y condesa de Plasencia Leonor de Pimentel. Al final de su vida, en 1477, fue enviado otra vez a Salamanca, para combatir las doctrinas novedosas, como presagiadores de las de Lutero sobre la confesión, de Pedro Martínez de Osma, catedrático principal de teología de la Universidad. Pedro de Osma no aceptó el combate, y fue condenado al poco tiempo en un sínodo celebrado en Alcalá[18]. Su obra literaria es puramente teológica o espiritual. La mayor parte está escrita en castellano. Goza el autor de gran movilidad estilística y de impresionante riqueza de lenguaje, cualidades nada comunes en los escritos religiosos de aquel tiempo. JUAN CRISTÓBAL DE GUALBIS (+ 1491) ingresó dominico en el convento de Lérida. Fue uno de promotores de la reforma religiosa dentro de su Orden y de la dedicación al estudio. Los escritos que le atribuyen Sorió y Diago son de predicación o de carácter apologético religioso. Le atribuyen también una Tabula super omnia opera sancti Antonini de Florentia. GASPAR VICENTE FAYOL (+ 1495) perteneció, como el anterior al convento de Lérida, y fue igualmente promotor de la reforma, siendo nombrado en 1489 vicario general de la congregación reformista de la Provincia Dominicana de Aragón. Su obra literaria es principalmente de carácter apologético. Merecen ser citadas a nuestro propósito: Tractatus contra iudaeos, Tractatus contra agarenos, De vitiis et virtutibus. Habla de ellas el historiador casi contemporáneo Baltasar Sorió en la obra citada en la nota 16. 2.2.2. TOMISTAS PRORRENACENTISTAS Muchos han sido los que en los puntos anteriores hemos visto dedicarse a las fuentes principales de la teología, como son la Sagrada Escritura y los Santos Padres de la Iglesia. Incluso bajo el punto de vista espiritual hemos hecho constar la existencia de "humanismo devoto", que tiende a una espiritualidad más afectiva o intimista, que la ofrecida por la última escolástica y que está más acorde con la pronosticada por el humanismo renacentista cristiano. También hemos hablado de un "renacimiento valenciano-catalán-agaronés", que en parte incluye ese "humanismo devoto" y en parte sabe exhumar y aprovechar a los autores clásicos grecolatinos, como vimos en Antonio Canals. El movimiento renacentista del siglo XV no fue desaprocechado por todos los pensadores tomistas, sino que muchos de ellos supieron enrolarse, aunque con cierta cautela en los nuevos aires renacentistas. LUIS DE TOVAR (+ 1502) era natural de Palencia, e |