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Índices y resúmenes de libros y artículos publicados.
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El lenguaje administrativo. Formas y uso en la actualidad 1998. Universidad de Granada. Microfichas. 656 págs. |
El lenguaje administrativo ofrece, como objeto de estudio, algunas notas que llaman la atención en un primer momento de su análisis. Destaca, por ejemplo, el hecho de que sea un lenguaje técnico, de especialidad, que, al mismo tiempo, alcanza a un amplísimo conjunto de receptores. Ésa es una de las razones que pueden llevar a interesarse en su conocimiento: la combinación de una variedad comunicativa diferenciada, de carácter diatécnico, conjugada con la difusión tan general que los mensajes procedentes de de la Administración pública llegan a obtener. Esta conjunción de hechos dispares fue para mí destacable desde el momento en que empecé a profundizar en el lenguaje administrativo, en particular en sus aspectos léxicos, dentro de los trabajos de los cursos de doctorado.
Además del interés que el estudio lingüístico de estos mensajes pueda presentar, por otra parte, es bien sabido que, en general, los textos administrativos no suelen despertar la admiración de sus receptores; más bien lo contrario. Por tanto, las pautas generales sobre las que orientar el trabajo han consistido, por un lado, en comprobar los elementos que convierten a los textos administrativos en productos comunicativos específicos, diferenciados, y por otro lado, en dar cuenta del modo en que estos mensajes resultan más o menos adecuados para la interacción social e institucional que les corresponde.
Para ello, el paso previo ha sido constituir un corpus suficientemente amplio de textos a partir de los cuales reconocer las propiedades características de este lenguaje y formular las observaciones pertinentes. El material analizado está integrado por un conjunto de algo más de trescientos textos, procedentes de distintos niveles de las administraciones públicas; se ha incluido buen número de textos de difusión general, que se publican en los boletines oficiales, del tipo de los textos que se analizan en uno de los estudios fundamentales sobre lenguaje administrativo, el de Calvo Ramos. Junto a éstos, también se han incorporado textos que se envían directamente a sus destinatarios, como son los textos que se recogen y describen en los dos recientes manuales oficiales, el Manual de estilo del lenguaje administrativo y el Manual de documentos administrativos. Con estas dos categorías de textos se cubre un abanico de mensajes que abarca una diversa gama de emisores administrativos de muy diferentes rangos. He contado con numerosas ayudas, dentro y fuera de la Administración, que me han facilitado en gran medida la tarea de recopilar el material documental. El periodo de tiempo al que corresponden los textos es de cinco años, de 1992 a 1996.
A partir de este conjunto de textos, se ha tratado de descubrir las peculiaridades definitorias del lenguaje administrativo, entendido como una variedad comunicativa especializada, un tecnolecto. En general, lo que caracteriza a los lenguajes científico-técnicos es sobre todo la existencia de un léxico propio, de un vocabulario terminológico que corresponde a los conceptos específicos de la materia o actividad particular. Sin embargo, a diferencia de los otros tecnolectos, en el reconocimiento del lenguaje administrativo al análisis de su componente léxico habría que añadir otros rasgos definidores igualmente importantes. Es posible incluso constatar que en el léxico de los textos administrativos no se dan algunos de los fenómenos atribuibles a los lenguajes terminológicos: en efecto, sus términos pueden ser polisémicos, connotativos, y no es rara la existencia de sinónimos (del tipo condiciones y requisitos, disponer, resolver, tener a bien, acordar). Al apartarse en cierta medida de las tendencias léxicas de los lenguajes técnicos, el recuento de los elementos que caracterizan al lenguaje administrativo se amplía para considerar también factores ligados a la realidad comunicativa en la que se emplea. Por eso se ha combinado la descripción de cuestiones léxicas o gramaticales con explicaciones cercanas a la lingüística del texto y a la pragmática.
Un hecho relevante para la identidad peculiar del lenguaje administrativo lo configura la naturaleza del emisor, la Administración pública. Este origen institucional, oficial, de los mensajes determina de manera muy especial el modo en que se elaboran; la enunciación reviste unas formas específicas, muy distintas a las de la interacción personal, porque proviene de los organismos a los que legalmente se les ha otorgado el poder. Las estrategias interlocutivas ponen de manifiesto la distancia inevitable entre el emisor oficial y los destinatarios de los textos, que son los ciudadanos administrados en la mayoría de los textos analizados aquí. La aparición de los fenómenos lingüísticos que se observan está muy ligada a estas circunstancias del contexto extralingüístico. Por otra parte, estas mismas circunstancias del contexto son comunes a todos los mensajes emitidos por los distintos poderes públicos; por eso el lenguaje administrativo tiene que verse en relación con los otros lenguajes de los poderes oficiales, el lenguaje de las normas superiores, el lenguaje legal, y el lenguaje de la actividad judicial, el lenguaje jurídico. Ambos lenguajes, legal y jurídico, dejan su rastro intertextual en los textos administrativos. Parece entonces importante delimitar lo que es atribuible propiamente a los textos administrativos y lo que comparte con otros lenguajes. Una revisión a grandes rasgos de la evolución histórica del lenguaje administrativo nos deja ver cómo ha sido el transcurso de esta tradición textual, cuyos trazos actuales más señalados se configuraron en el siglo XIX.
Al atender a los textos administrativos desde un enfoque pragmático, hay dos aspectos que resaltan más claramente, la cortesía y la deíxis. Ambos son procedimientos discursivos muy habituales en estos textos; el primero, la cortesía, actúa como estrategia comunicativa para atenuar o suavizar de algún modo el contenido del mensaje: por ejemplo, se gradúa la fuerza prescriptiva de lo que se ordena, al formularlo vinculado a la lógica misma del ordenamiento jurídico y no como decisión individual del emisor (con fórmulas del tipo resulta conveniente aplicar, se hace aconsejable la intervención). Otra manifestación de la cortesía administrativa, muy arraigada en esta tradición textual, consiste en el empleo de los eufemismos, como el de personas en situación de precariedad, con riesgo de exclusión social o económica. El segundo procedimiento comunicativo que se analiza, la deíxis, aparece sobre todo para mostrar el estatuto institucional del emisor en la enunciación, y también para marcar la auto-referencia al propio discurso , con expresiones como Por la presente se notifica; tarifas que a continuación se relacionan.
Aunque se limite el análisis a los textos que se elaboran en los organismos de la Administración pública, la variedad que presentan es muy extensa. El criterio fundamental para establecer las diferentes categorías de textos ha sido el de reconocer la intención a la que cada texto responde, dentro de la actividad administrativa. En la búsqueda de las correspondencias existentes entre el tipo de texto y la intención a la que se destina, el recurso a los principios descriptivos del análisis del discurso permite señalar buen número de cuestiones textuales importantes. Para acotar la diversidad de los tipos de textos, se ha partido de la clasificación en cuatro tipos de documentos administrativos que los manuales y trabajos de preceptiva conocidos ofrecen; se ha tratado de observar la relación que se da entre la forma en que está construido el texto, la acción que con él se cumple y su identificación con los tipos establecidos tradicionalmente. Pero aunque se elabore una clasificación más o menos completa o válida, siempre aparece una característica esencial, compartida por todas las categorías de textos administrativos: todos se dirigen a intervenir sobre la realidad, son manifestaciones de los organismos del poder oficial, para regular determinados asuntos de trascencedencia social, pública.
Esa función prescriptiva se reconoce sobre todo en los tipos básicos de textos administrativos, que son los que formulan directamente órdenes, los textos normativos; tales textos son esenciales por el carácter institucional del emisor administrativo; a través de ellos se crean o se aplican las normas, se marcan prescripciones a los ciudadanos. Para explicarlos se tiene en cuenta su carácter de actos de habla directivos. Los otros tipos de textos administrativos, los no normativos, también muestran formas propias para adecuarse a la función que tienen asignada: los llamados documentos de constancia acreditan una realidad; los documentos de juicio recomiendan una decisión determinada; y los documentos de transmisión se plantean para hacer llegar determinada información sobre la gestión administrativa.
La lista de posibles variedades de textos administrativos constaría de modelos que en este trabajo no se han incluido; la actividad de los centros oficiales puede abarcar ámbitos tan diversos que sería muy complejo hacer un repertorio exhaustivo. Se han descartado de principio aquellos documentos cuya redacción lingüística es casi mínima: títulos, documentos de identificación, licencias, etc.; tampoco se han tenido en cuenta los textos que los ciudadanos dirigen a la Administración, aunque también se les pueden aplicar muchas de las notas generales de este lenguaje que se recogen. Pero sus estrategias enunciativas peculiares se han dejado al margen de este estudio.
Junto a la clasificación en tipos distintos, se ha dedicado otro apartado a comprobar el modo en que se construyen los textos. Sus esquemas estructurales vienen a veces determinados por criterios derivados de su trascendencia jurídica, que obliga a disponer el texto a través de unos apartados invariables. Existen además pautas estructurales de carácter general, que dan identidad propia a la elaboración de los textos administrativos; hay elementos que, por el carácter de documento oficial de los textos, es necesario que siempre aparezcan: la referencia a los principios legales establecidos de los que el mensaje parte; la fijación del estatuto del emisor y de sus competencias legítimas, los datos concretos de cada caso; y la indicación de la acción específica que se realiza (lo que se dispone, certifica, hace saber, etc.). El análisis más amplio se ha hecho de lo que se ha considerado el grupo fundamental de textos administrativos, los textos normativos, que responden a esquemas fijos de estructuración; uno de sus apartados es el bloque textual de la justificación o motivación, dentro del cual se llegan a usar procedimientos retóricos de tipo argumentativo, a través de construcciones absolutas (vista la solicitud, cumplidos los requisitos...) y de ciertos conectivos (en consecuencia, en su virtud...). Contrasta este apartado de justificación o motivación con el siguiente, el núcleo del mensaje, que contiene las disposiciones normativas.
Para ocuparse de los textos administrativos, aplicar únicamente un punto de vista descriptivo supondría no dar cuenta de las abundantes deficiencias expresivas en las que incurren en ocasiones. Por eso, se ha dedicado un apartado a tomar nota de cuáles son los problemas y errores comunicativos que se producen. Ocurre, además, que las tendencias expresivas que los hablantes asocian a los mensajes administrativos son precisamente las más desafortunadas y menos recomendables: los hablantes suelen achacar de inmediato a estos textos algunos defectos característicos; quizás pudiera decirse que es, por sus excesos, uno de los tecnolectos a los que no se otorga una consideración muy favorable. Sin embargo, es curioso, que sea, al mismo tiempo, un lenguaje especializado de alcance muy general. Por la amplitud y generalidad de sus destinatarios, los emisores tendrían que moderar la tecnicidad de los textos, que en tantas ocasiones no van a llegar a un receptor especialista y experto.
Las pautas imprescindibles a las que atenerse deberían ser la claridad, la precisión y la objetividad; si se da lo contrario, el resultado es el oscurecimiento del mensaje, el fracaso comunicativo. Contra la claridad atentan el rebuscamiento expresivo, la extensión inmoderada de las construcciones lingüísticas, y las deficiencias en la distribución del contenido. El rebuscamiento se provoca, sobre todo, por la inclinación a tecnificar en exceso el componente léxico, y a preferir los términos más afectados a los más sencillos. Las desmesuradas proporciones que presentan las construcciones lingüísticas de los textos, en particular en los apartados de justificación o motivación, están producidas por la dilatada extensión de las oraciones, en las cuales se van acumulando largas tiradas de términos que dificultan la comprensión; hay, en general, una marcada preferencia por todo lo que alarga la expresión: circunloquios, elementos superfluos, fórmulas fraseológicas (para su conocimiento y demás efectos). Ha quedado por hacer un análisis más profundo de los problemas ligados a la disposición estructural de los elementos de contenido; sí se hace referencia a algunos de los errores más evidentes, a la vez que se recogen algunas soluciones adoptadas.
En el repaso normativo de los aspectos gramaticales de los textos administrativos, hay dos notas que destacan: el predominio de los elementos nominales, y algunos usos verbales poco correctos. Para completar el apartado normativo, se hace un recuento de los trabajos de preceptiva del género administrativo, algunos de los cuales han tenido una importante repercusión sobre la actividad de producción de textos.
Además de estudiar el lenguaje administrativo a través de sus textos, parecía también de interés observar cómo está recogido su léxico propio en una serie de diccionarios. Se ha comprobado que los repertorios lexicográficos más generales incluyen este vocabulario; las excepciones suelen ser las unidades fraseológicas. Se reconoce el carácter especializado de sus elementos; sin embargo, en el DRAE, se dan menos indicaciones diatécnicas que en otros diccionarios.
Para abordar el lenguaje administrativo, el punto de partida imprescindible es, por supuesto, el fundamental libro de Luciana Calvo Ramos Introducción al estudio del lenguaje administrativo. En esta obra están ya formuladas las líneas maestras de caracterización que permiten reconocer los rasgos propios de los textos administrativos. Este detallado análisis del comportamiento léxico-semántico, morfosintáctico y, en menor medida, estilístico, de esta variedad lingüística mantiene plena validez después de su publicación hace casi veinte años (1980). Sus afirmaciones se toman aquí como referencias básicas para la mayoría de las cuestiones planteadas. En la consulta de monografías y obras especializadas, se han manejado también otras publicaciones de lingüística general (Coseriu, Haensch, etc.); algunas que tratan específicamente sobre lenguaje administrativo (Catherine, Duarte, González Navarro, Gregorio Salvador, Prieto de Pedro); de lingüística del texto (Van Dijk, Bernárdez, Brown y Yule); de pragmática (Escandell, Calvo Pérez, Levinson, Haverkate, Caron, Ducrot); y diversos tratados y artículos sobre derecho administrativo.
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Los textos administrativos 2000. Arco Libros. Cuadernos de Lengua Española. Madrid. 78 págs.
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ÍNDICE
Introducción
1. Características de los textos administrativos
1.1 Elementos comunicativos
1.1.1 El emisor
1.1.2 La intención comunicativa
1.1.3 El código escrito
1.1.4 La materia
1.1.5 El receptor
1.2 El lenguaje administrativo y los otros lenguajes del poder
2. Tipos de textos administrativos
2.1 Textos normativos
2.1.1 Textos normativos genéricos
2.1.2 Textos normativos individuales
2.1.3 Textos normativos restrictivos y permisivos
2.2 Textos no normativos
2.2.1 Textos de constancia
2.2.2 Textos de juicio
2.2.3 Textos de transmisión
2.2.3.1 Textos de transmisión externa
2.2.3.2 Textos de transmisión externa
2.2.3.2.1 La notificación
2.2.3.2.2 El edicto
2.2.3.2.3 Los anuncios
2.2.3.2.4 La carta
2.2.3.2.5 Otros textos
3. Rasgos estructurales
3.1 Elementos estructurales básicos
3.2 La argumentación
3.3 Modelos estructurales
3.3.1 Estructura de los textos normativos individuales
3.3.2 Estructura de los textos normativos generales
3.3.2.1 Justificación o preámbulo
3.3.2.2 Articulado o parte dispositiva
3.3.2.3 Parte final
3.3.3 Otras posibilidades estructurales
4. Deficiencias expresivas de los textos administrativos.
5. La modernización de los textos administrativos
6. Textos administrativos de los ciudadanos
6.1 La instancia o solicitud
6.2 El recurso
7. Ejercicios.
8. Soluciones.
9. Textos comentados
9.1 Texto 1
9.1.1 Clasificación
9.1.2 Elementos comunicativos
9.1.3 Rasgos estructurales
9.1.4 Rasgos lingüísticos
9.2 Texto 2
9.2.1 Clasificación
9.2.2 Elementos comunicativos
9.2.3 Rasgos estructurales
9.2.4 Rasgos lingüísticos
10. Bibliografía.
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Análisis normativo del lenguaje administrativo Revista de Llengua i Dret, nº 30 Diciembre 1998. Barcelona, págs. 7- 31.
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Este trabajo aborda los principales problemas que se advierten en la pérdida de eficacia comunicativa de los textos administrativos, que vienen precisamente de acumular en exceso rasgos diferenciadores de su identidad lingüística. La calidad discursiva se logra, ante todo, por la claridad, y también por la precisión, objetividad y ordenada estructuración, con esquemas discursivos sistematizados y coherentes. Estos mensajes tienen que acercarse a la lengua general, haciéndola compatible con el recurso a determinadas ordenaciones estructurales y a ciertas precisiones específicas. Sus mayores limitaciones se derivan de su carácter institucional, que les obliga a incluir una serie de elementos de contenido que hacen más inaccesible el mensaje. Los dos principales problemas expresivos de los textos administrativos son: el exceso de tecnicidad, provocado por un abuso de términos técnicos, que responden más a una voluntad jergalizadora que a auténtica necesidad; y la desatención a los criterios normativos del idioma. A ello se añade el mantenimiento de obsoletas tradiciones discursivas, producto del conservadurismo expresivo común a todos los mensajes de los ámbitos del Derecho. Léxico y fraseología, inmutables a través de las épocas, forman un componente residual de pasados planteamientos que dan a los textos una trasnochada afectación. Es igualmente censurable la extremada longitud oracional, con profusión de incisos y aclaraciones, por amontonar en una misma construcción un número desproporcionado de elementos. El predominio de elementos nominales empeora el estilo, más recargado y oscuro.
El incremento vacuo del texto a base de rodeos y términos superfluos ha distinguido por tradición el lenguaje administrativo. La redundancia y el formulismo hacen pensar en una enunciación ocultadora. El circunloquio añade abultamiento verboso, al preferir la designación más compleja a la más sencilla. La redundancia la provocan las repeticiones innecesarias y los términos expletivos. Las construcciones fraseológicas estereotipadas provocan pomposidad y monotonía ritual, ese tono curialesco tan denostado.
En el nivel gramatical, se comprueban algunos fenómenos característicos que atentan a los principios normativos o de estilo. Por ejemplo, la fluidez se pierde con la presencia abrumadora de elementos nominales, que delatan la afectación estilística. Los empleos verbales tienden a la abundancia de formas no personales y a mantener usos arcaicos. Los problemas léxico-semánticos se deben igualmente al enrarecimiento y a la afectación. Así, se cargan de nuevos sentidos voces de la lengua general. Antes que los términos llanos, se eligen los más largos, o los esdrújulos. Se marcan distancias con la lengua común, estirando los términos. De los aspectos grafémicos, llama la atención la transgresión de algunas normas de puntuación y del empleo de mayúsculas. El estudio se cierra con el repaso a la atención normativa que se ha prestado al lenguaje administrativo en distintos contextos.
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El vocabulario administrativo y los diccionarios Revista de Llengua i Dret, nº 32, Diciembre 1999. Barcelona, págs. 9 – 39
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Los textos administrativos son productos comunicativos diferenciados, peculiares. Entre los elementos lingüísticos que provocan el distanciamiento del texto de la lengua general se destaca el componente léxico, el vocabulario propio comúnmente empleado. Es bien sabido que el léxico administrativo está constituido por un conjunto no muy amplio de términos y expresiones, que se utilizan con insistente frecuencia, que se integrarían en dos áreas semánticas (Calvo Ramos): la regulación y gestión institucional (disponer, expediente) y la comunicación administrativa (notificar, por la presente se hace público, y para que así conste). Dentro de este conjunto léxico, abundan las construcciones pluriverbales; puede tratarse de combinaciones léxicas fijas: locuciones (al amparo de, en virtud de), expresiones fijas (surtir efecto, entrar en vigor), unidades fraseológicas oracionales (contra la presente resolución podrá interponer recurso...).
Es precisamente en el componente léxico donde asoma una de las divergencias más claras del lenguaje administrativo con respecto a otros usos especializados del lenguaje. A diferencia de los términos técnicos, las unidades léxicas de los textos administrativos no se ajustan siempre a la pauta de la univocidad; en efecto, admiten la polisemia, la sinonimia, e incluso por su opacidad semántica, pueden tener valores connotativos, es decir, empleos semánticos similares a los de la lengua estándar. Por otro lado, es un vocabulario conservador, con tendencia a la estabilidad.
Este léxico está, por lo común, recogido en los diccionarios generales del español con adecuada extensión. Los términos que no suelen aparecer –sobre todo en el DRAE- son, los numerosos vocablos creados por afijación (protegible, procedimental, territorializar). El DRAE es también más parco que otros diccionarios actuales en la inclusión de elementos pluriverbales. En cuanto al carácter especializado del vocabulario, en general se le reconoce, aunque la mayoría de los diccionarios no le asignen la abreviatura diatécnica o de materia: o no figura ninguna, o bien la general del derecho. Es de nuevo el DRAE el menos dado a asignar a este vocabulario entidad propia en su tratamiento lexicográfico; o bien lo engloba en la clasificación genérica Der., o bien no llevan ningún tipo de indicación, como formas de la lengua común. En cambio, el diccionario de Mª Moliner parece más completo, y marca el dominio temático correspondiente. En algunos casos, es el diccionario Vox es el que admite las entradas más próximas al empleo actual de los hablantes. Pero no se libra, como tampoco el DRAE, de las definiciones tautológicas, mientras que Moliner no incurre en círculos viciosos. Por último, el diccionario incluido en el Manual de estilo del MAP establece categorías terminológicas poco delimitadas, con una dispersa taxonomía.
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La reforma del lenguaje administrativo: La experiencia de los Estados Unidos de América Revista de Llengua i Dret, nº 34, Diciembre 2000. Barcelona, págs. 23- 43. |
Abstract:
In recent decades there has been an increase in the number of initiatives aimed at improving the quality of administrative language. These initiatives have been launched by governments and institutions, or have come about as a result of public campaigns. In this regard, the experience of the United States, a country in which communications between the government and the citizenry are undergoing a series of improvements, represents a process of reform, of movement towards clarity in institutional language, that is of enormous interest. The initiative stems from a political decision of the Democratic Party under the Clinton/Gore Administration, according to which a coordination committee was created to promote measures that might be undertaken at any level of the federal government. The initiative began to take shape as a proposal for action in President Clinton's Memorandum on Plain Language (June 1, 1998), which declares that simplicity and clarity must be prerequisites in official messages. Six basic points, to be adhered to in the drafting of administrative documents, were established. Their guidelines have to do both with the structure and the range of vocabulary or the grammar of the texts:
first and foremost, they should be organized in logical, common-sense fashion;
first and second person pronouns should be used to personalize the transmitter and the receiver;
the active verb form is recommended, and passive forms are to be avoided;
sentence length should be kept under control;
preference should be given to common forms;
the design chosen should enhance clarity.
An essential underlying point in this overall approach is that from the very start, the writer must bear in mind the needs and level of technical knowledge of his target audience, so that, put simply, the official message does not end up taxing the understanding of the target audience. To implement these proposals, they have written a style guide, Writing User-Friendly Documents, which offers very complete drafting guidelines: use common words, descriptive titles, resort to a question and answer format for the paragraphs, start off the most complex matters with a brief summary. The style guide even sets a maximum sentence length (from 15 to 20 words, and never more than 40).
This simplification movement had already appeared previously in other initiatives that served as a starting point for the current proposals. Their dissemination throughout the government has already achieved some outstanding successes, especially in the most active centers (Veteran Benefits Administration, Food and Drug Administration, Federal Register...)
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Las voces intertextuales de los textos administrativos Revista de Llengua i Dret, nº 40, Diciembre 2003. Barcelona. Págs. 7 -22. |
Los textos administrativos muestran una identidad discursiva reconocida, diferenciada, que ha venido siendo explicada a partir de una serie de elementos lingüísticos y extralingüísticos, contextuales, ligados a su empleo, entre los que sobresalen la identidad institucional del emisor, el propósito normativo, la necesidad de elaboración documental del mensaje, etc. Todos ellos están asociados a la “oficialidad” de la situación comunicativa.
De ahí que quepa descubrir que algunos de estos elementos no son exclusivos de los textos administrativos, sino que se comparten con otros mensajes y lenguajes con los que los administrativos estarían emparentados. Se trata de las otras manifestaciones de que se reviste el “lenguaje del poder”: el lenguaje legal, el jurídico o judicial, el lenguaje político. Las manifestaciones textuales administrativas están así impregnadas de marcas discursivas de los otros lenguajes relacionados con los principios jurídicos; incluso otros lenguajes, en principio más distanciados, pueden asomar en los mensajes administrativos, como son los lenguaje técnicos.
Sin duda, una de las prácticas discursivas habituales en los textos administrativos es el recurso a otros mensajes previos, formulados por otros enunciadores, que se incorporan en el administrativo, para que este nuevo mensaje venga arropado de legitimidad, para presentarlo como algo derivado y asociado necesariamente a lo enunciado antes. Eso ocurre con las referencias administrativas a textos legales de superior rango normativo: los textos administrativos remiten a los textos legales superiores, o los reproducen, por ser el argumento de autoridad que avala la decisión administrativa adoptada. Por eso, en los textos administrativos hay un eco intertextual, polifónico de otros textos anteriores, que puede consistir en su simple mención, en la reproducción exacta o en su interpretación valorativa.
El lenguaje administrativo, por otro lado, adopta del jurídico, para algunos textos de decisión (las resoluciones), ciertas peculiaridades discursivas: modelos estructurales (el de la sentencia), léxico, tendencias arcaizantes. Otras influencias dicursivas asoman en los textos administrativos; en particular, del lenguaje político, cuyo componente ideológico irrumpe en algunos textos administrativos, que no se limitan sin más a disponer unas medidas concretas, sino que las presentan valorativamente.
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Estrategias argumentativas de los textos administrativos Revista de Llengua i Dret, nº 42, Diciembre 2004. Barcelona, págs. 65- 89.
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El interés por el análisis de los procedimientos argumentativos ha venido marcando una línea creciente de atención en los estudios sobre el discurso y sus variedades. Por otra parte, los textos administrativos corresponden sin duda a un género discursivo diferenciado, con propiedades específicas. Tiene pues sentido tratar de reconocer en los mensajes administrativos los procedimientos que operan para buscar la aceptación del receptor a lo que el texto -fundamentalmente normativo, de carácter directivo- plantea. El concepto clave de partida es entender que se acude a la argumentación siempre que se busca convencer de algo a alguien.
El bagaje conceptual con el que se aborda el estudio lo proporciona la nutrida serie de trabajos sobre retórica y argumentación de que se dispone, desde los años 80 básicamente, en el panorama europeo de la lingüística y los estudios sobre el discurso: Perelman, Van Dijk, Caron, así como notables aportaciones de investigadores españoles, como Calsamiglia y Tusón, Albaladejo, Fuentes Rodríguez. Otro aporte esencial se debe a los trabajos de los que se han ocupado de las formas de la comunicación en los lenguajes del poder, sea desde la filología, como Duarte, Calvo Ramos, o sea desde la propia visión de juristas: González Navarro, Sainz Moreno, entre otros estudios de análoga relevancia.
Se pueden reconocer en los textos administrativos piezas estructurales de clara finalidad argumentativa, que además se presentan como tales: la motivación de las resoluciones administrativas, y más en concreto dentro de ella los fundamentos de derecho; y el preámbulo o exposición de motivos de las órdenes y resoluciones administrativas de carácter genérico.
Junto a esos componentes estructurales, nos es posible identificar elementos lingüísticos con los que va asociada la orientación argumentativa del mensaje en estas variedades textuales. Se trata sobre todo de ciertos tipos de conectores, de algunas construcciones sintácticas –las cláusulas absolutas- y de las marcas de modalización de los enunciados.
Esta búsqueda de los aspectos vinculados a la argumentación en estas formas textuales se encuadra en el reconocimiento de que en realidad el origen de la retórica en la Grecia clásica se dio en un tipo de discursos - los géneros deliberativo y judicial de la retórica tradicional- en los que entroncan sus raíces los mensajes administrativos de nuestro tiempo.
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