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Panocho

 

 

Antonio Jesús Pérez Sáez

13 años - IES Azcona - Almería

 

 

En un lugar muy lejano de cuyo nombre no consigo acordarme..., sí recuerdo que era un pueblucho lleno de morosos, pero ese es otro tema…, había una chocilla donde vivía un hombre mayor llamado Anacleto, acompañado de su fiel hámster.

El pobre hombre quería tener un hijo, así que construyó un muñecajo de madera barata y trozos de trapo, y pidió a Corporación-Hadas S.A. que lo convirtiese en un niño de verdad. Pero como había cerrado por vacaciones tuvo que apañárselas, buscar un negrito y adoptarlo. Al niño le llamó <Panocho>.

 

Un día, cuando <Panocho> iba a la escuela, le sorprendió un gran hombre, de anchos hombros con sombrero y gabardina negra raída, al que llamaban <El Hombre del Saco>, que le inyectó un líquido con una jeringuilla que lo dejó tieso. Seguidamente lo metió en un saco roñoso, de los que se utilizan para llevar almendras. <Panocho> cuando se despertó se vio metido en el roñoso saco que se movía bruscamente, por suerte tenía una navaja, que era un souvenir que se había comprado en Ávila, y con ella rajó el saco. Al levantarse se dio cuenta de que estaba en un carro tirado por dos filas de niñ@s, mientras que el malvado hombre de antes les atizaba con un látigo. <Panocho> le hincó su navaja y, junto con los otros niños, orinó en la pálida cara de <El Hombre del Saco>. Después todos huyeron hacia sus casas. Tras correr durante mucho tiempo llegó a su chocilla muy tarde.

 

Al día siguiente, su padre, Anacleto, muy preocupado por lo que le había pasado, llamó al 11811 para contratar a una conciencia que ayudase al niño. Al otro día de llamar, muy temprano, la conciencia se presentó en su chocilla, diciendo que se llamaba Pepito Cucaracha.

 

Así que <Panocho> se fue muy feliz al colegio con su conciencia en el bolsillo. Pero le volvió a sorprender un hombre misterioso que le invitó a una fiesta. Pero como a Pepito le olía mal no aceptaron. El hombre misterioso le ofreció un cigarrillo a Pepito y como se lo fumó de golpe le dio un “yuyu” y se desmayó. <Panocho>, como si nada, se fue a la fiesta.

 

Llegaron, después de dos horas de viaje en el AVE, a una casita en medio del campo donde habían muchos más niños que habían sido también invitados, junto con varios hombres misteriosos. Y lo más gracioso es que los cogieron a todos y los pusieron a sembrar habichuelas y a recoger cacao. Tres días después vinieron los del FBI, con unos cuantos soldados, que le dieron una paliza y arrestaron a los explotadores. También arrestaron a Pepito Cucaracha por mala conciencia. Y todo volvió a la normalidad, aunque, tres días más tarde, a <Panocho>, a su padre y a su hámster los secuestraron la mujer y el hijo de <El Hombre del Saco>, y no se volvió a saber nada más de ellos.

 

Todos los demás, fueron felices y bebieron mucho Cola-Cao.

AMÉN

 

Antonio Pérez Sáez

 

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