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Caperucita Roja

Variaciones

 

 

Cristina Rodriguez Guil 

13 años - IES Azcona - Almería

 

 

Clara vivía en un chalet en la ciudad de “Júbilo Quién” con su familia. Su madre Marina cosía unas excelentes capas.

El día en que la pequeña Clara cumplió 10 años, le regaló una exquisita capa roja. A esta le fascinó tanto que siempre la llevaba consigo. Los vecinos al percatarse de esto decidieron llamarla Caperucita Roja.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un día, Marina le dijo que le llevara a su abuela Marta que estaba enferma una ciber-mochila llena de manjares y medicinas, también le advirtió de que en esa zona habitaba un monstruo malvado, feroz y charlatán que se la merendaría si no tenía cuidado. La niña asintió.

A la mañana siguiente, Caperucita se levantó muy temprano para coger el tren que la llevaría al pequeño pueblo donde vivía su abuela. Al rato cogió la ciber-mochila, se despidió de su madre y se fue a la parada del tren. El tren llegó con retraso e iba tan abarrotado que casi no se podía respirar. Pasó una hora y media y al fin llegó al esperado pueblecito, pero todavía le quedaba un buen rato para llegar a su destino, pues Marta vivía en un bosque cercano a este pueblecillo. Cuando se bajó del tren, tomó prestado un veloz patín y siguió patinando por el borde del caminito. Pasado un tiempo se dio cuenta de que alguien la seguía, se giró y… ¡Ahí estaba el malvado monstruo tras un arbusto cercano a ella!

Se pusieron a charlar amigablemente y el monstruo que era muy astuto, la enredó para que se fuera con él. Ella en su mundo, toda distraída lo siguió con su patín. Pero mira por donde, por el camino se encontraron con un “metálico” lleno de pinchos y con una guitarra a la espalda, este le dijo que dejara al monstruo y se fuera a buscar la casa de su abuela, también le dio una motosierra que sacó de la guitarra, por si las moscas.

Finalmente Clara siguió su trayecto, pero el monstruo que era muy rápido llegó antes que ella y se comió a Marta, su abuela. Cuando la pequeña llegó a la casa, vio al monstruo acostado en la cama de su querida abuela y del estómago se escuchaba su voz. Caperucita se percató de ello y sin más dilación puso en marcha la motosierra, mató al monstruo y rescatando finalmente a su abuela. Las dos montadas en el veloz patín, dieron parte a la policía de lo sucedido. Desde aquel momento, ningún monstruo ha vuelto a acechar la zona y así todos los vecinos del lugar viven tranquilos hoy día.

Cristina Rodríguez Guil

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