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Antonio García Megía - angarmegia - es Maestro, Diplomado en Geografía e Historia, Licenciado en Filosofía y Letras y Doctor en Filología Hispánica |
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LA LITERATURA: CONCEPTO LOS ORÍGENES DE LA LITERATURA ESPAÑOLA
A manera de prólogo
Literatura, de littera, letra, era el término latino empleado para referirse a «lo que está escrito», sin distinción de contenidos. Venía a denominarse así a la instrucción o conjunto de saberes y habilidades de escribir y leer bien. Se relacionaba la disciplina con el arte de la gramática, la retórica y la poética. El término, por extensión, pasa a aplicarse a cualquier obra o texto escrito y, más específicamente, al arte u oficio de escribir. Todavía en el siglo XVIII se aplicaba el término literato indistintamente a poetas como Garcilaso y a científicos como Newton. Modernamente se entiende por literatura el intento, y la habilidad, para construir belleza que toma la palabra como instrumento. Es, por tanto, la forma de expresión lingüística convertida en arte, especialmente, en su modo escrito. También se denomina así al conjunto de composiciones literarias de un pueblo, época o género. Entre los más antiguos textos literarios conocidos se encuentra el Poema de Gilgamesh, una narración de origen sumerio grabada en tablas de arcilla, cuya versión más antigua data del año 2.000 a.C. Siempre existieron las narraciones, pero pasaban de generación en generación por la vía del lenguaje oral y la memorización. El primer texto teórico importante que se ocupa de elaborar una definición de literatura es la Poética de Aristóteles, allá por el siglo IV a.C. Aristóteles viene a decir que la literatura es una imitación, en griego mímesis, que utiliza las palabras y cuyo fin último es el deleite. Siglos después Horacio argumenta que la literatura debe ser útil y a la vez agradable. Su objetivo: «instruir deleitando». Este precepto se ha mantenido con el paso del tiempo y ha llegado hasta nuestros días avivando una controversia que ha orientado los movimientos literarios en dos direcciones con base filosófica: el arte por el arte o el arte por la idea. La literatura interrelaciona a un emisor, el autor, con un receptor, el lector, por medio de un texto. Para entender su devenir histórico es imprescindible, por tanto, conocer el contexto sociopolítico y cultural en que se desenvuelve y produce en cada momento. Durante toda la Edad Media, en España, el latín fue la única lengua para la transmisión del conocimiento. El origen de la literatura en español se remonta a los siglos x y xi, con las Glosas Emilianenses y las jarchas. Las primeras manifestaciones en lengua romance tienen, por tanto, un carácter popular y oral, ya sean de género lírico o épico. La poesía culta y la prosa literaria no aparecerán hasta el final de este periodo. Las manifestaciones literarias en castellano más antiguas que se conocen pertenecen al género lírico, lo que sustenta la tesis que defiende que la canción lírica popular nace al mismo tiempo que las lenguas romances.
El género épico es del que más restos se conservan. Se diferencian en él dos corrientes o movimientos: el mester de juglaría, de carácter oral y popular, que desarrolla una literatura heroica, y el mester de clerecía, propio de los clérigos que habitan los monasterios, con finalidad claramente didáctica. Los principales transmisores de la poesía oral en la Edad Media son los juglares que recorren pueblos y castillos con espectáculos y representaciones semiteatrales en los que se baila, se recita y cantar todo tipo de poesía.
El contexto
La literatura medieval, asentada sobre un entorno feudal, está íntimamente relacionada con las creencias religiosas y la evolución social que experimenta este sistema político. Esa dualidad de religiosidad y laicismo determina la aparición de dos formas de literatura diferentes. [Img] Una ofrece un camino de esperanza en el universo de miseria y opresión por el que transita el hombre medieval, la otra canta y ensalza las virtudes, hazañas y heroicidades de reyes y nobles. La primera será culta y versada en sus fuentes y formas, trabajo de clérigos, la segunda, popular y cercana, será cantada por juglares y trovadores en plazas y castillos. Las circunstancias históricas de la Península Ibérica dotan a nuestras letras de unas características propias que las diferencian de las europeas. [Img] Solo aquí entran en contacto dos culturas diferentes a lo largo de ochocientos años. Los mundos árabe y cristiano conviven, o luchan, entre los siglos viii y xv. A lo largo de ese tiempo se alternan en su dominio, pero su influencia mutua es innegable. El punto de inflexión se encuentra en torno al siglo x. Hasta ese momento el predominio político y territorial musulmán impone a la población cristiana, la mayoría mozárabe, su impronta cultural. Con la consolidación de los reinos cristianos se invierte la tendencia. El siglo xii contempla la existencia de tres grandes reinos en la España cristiana que poco tienen que ver con aquellos que iniciaron la reconquista. [Img] Castilla, Aragón y Portugal, dominan el panorama. Navarra ha quedado arrinconada por los dos primeros y alejada de cualquier aspiración territorial y el antiguo Condado de Cataluña, que ha conseguido la independencia del Reino Franco al que pertenecía, se funde con Aragón. Los musulmanes andan fracturados en numerosos Reinos de Taifas.
El autor y su público
El poeta o narrador de la Alta Edad Media crea en condiciones difíciles. [Img] Se dirige a un público inculto, crédulo y, en determinados aspectos, primitivo. Y lo hace en una lengua que aun no ha fijado ni su sintaxis, ni su morfología. El poeta o narrador de la Alta Edad Media no compone para lectores. Su público no posee tal destreza. Se comunica con su auditorio mediante la recitación o el canto en medio de plazas de aldeas o patios de armas de castillos de condiciones acústicas deplorables. [Img] El poeta o narrador de la Alta Edad Media no tiene conciencia de la propiedad intelectual. Lo que él hace, y lo que han hecho otros, pertenecen al dominio común y es susceptible, por tanto de copia, adaptación y repetición sin traba ni impedimento. El poeta o narrador de la Alta Edad Media, por último, no pretende la gloria artística, solo sustento, aunque produzca arte. Y si, además, consigue transmitir consuelo para las cuitas de quienes le escuchan y ánimo para continuar la lucha contra el moro, se siente doblemente satisfecho. Las consecuencias de estas premisas se manifiestan dentro de la producción literaria de la época en composiciones de trasmisión oral, llenas de variaciones, frases hechas, estructuras calcadas e inseguridades, construidas a partir de versos irregulares, sin medida, rima ni reglas fijas. Solo a partir del siglo xiii hacen su tímida aparición las artes de componer, que empiezan a imponer ciertas regularidades en la versificación. Es llegado el tiempo de una literatura más culta favorecida por el mester de clerecía.
El Mester de Juglaría
El gusto por la narración es común a todas las épocas. La épica medieval narra hechos heroicos en verso. La guerra forma parte de la realidad diaria debido a la reconquista y a los enfrentamientos entre los diversos reinos que conviven en la península. La curiosidad por conocer los hechos gloriosos de la historia colectiva explica el nacimiento de las epopeyas o relatos épicos. Los cantares de gesta son el resultado de dicho interés. Son recitados o cantados por juglares con acompañamiento musical. Exaltan las hazañas de un héroe que representa el conjunto de virtudes de un pueblo y de una época.
El oficio de juglar
Merecen esa denominación, según Menéndez Pidal, “todos los que se ganan la vida actuando ante un público”. Con el tiempo pasa a significar poeta en lengua romance. A ellos se debe, sin duda, la difusión y recreación de obras literarias no latinas. El juglar actúa para todas las casta sociales.
Los Cantares de Gesta
El cantar de gesta es un relato heroico, en verso, que exalta las hazañas de seres superiores que se esfuerzan por alcanzar el honor a través del riesgo y el esfuerzo. Un tema recurrente dentro de la épica castellana muestra el enfrentamiento entre el rey y un vasallo que lucha por su honra, pero siempre se respeta la figura y el poder real y el héroe jamás trasgrede los principios cristianos. La narración épica suma historia y creatividad poética. La exageración y ennoblecimiento de los hechos se justifica por el deseo de atraer a la audiencia y adaptar la obra a las circunstancias e intereses del tiempo y el lugar. La gesta se transmite de forma oral. El texto que llega a nosotros es la fijación escrita de una versión determinada. El juglar castellano reproduce historias conocidas, de propiedad colectiva, cuya forma mantiene en su memoria y recrea, o refunde, consciente o inconscientemente, pero manteniendo siempre la esencia y estructura del poema. El cantar se construye con versos cuya medida oscila entre catorce y dieciséis sílabas con una gran pausa central, la cesura. La rima, asonante, se repite un número variable de veces constituyendo tiradas que pueden alcanzar los doscientos versos. El recurso a formulas y expresiones hechas es una nota característica de su lenguaje, como lo son también los arcaicismos y el uso de la –e paragógica ya eliminada en las formas habladas. La crítica clasifica los cantares de gesta en ciclos de acuerdo con su temática y distinguen tres periodos en su evolución: el inicial, o de formación, desde los orígenes hasta 1140, fecha atribuida del Cantar de Mío Cid, el periodo de plenitud, hasta mediado el siglo XIII, y la decadencia a partir de dicha fecha.
Son escasos los restos que se conservan. Lo más representativo será un fragmento de unos mil versos del Cantar de Roncesvalles conservado en un códice del siglo XIII, un poema tardío sobre las Mocedades de Rodrigo y el Cantar de mío Cid, en un manuscrito copiado por un tal Per Abat.
Los Romanceros
En torno al siglo XIV aparecen los romanceros o colecciones de romances. El romance es un poema de extensión variable compuesto de versos octosilábicos en el que riman de manera asonante los que ocupan lugar par, quedando sueltos los impares. Una clasificación básica los agrupa en noticieros, que cuentan hechos históricos cercanos a la composición del romance, épicos o heroicos, que hablan de episodios relacionados con el Cid y otros héroes procedentes de la épica española y extranjera, novelescos o juglarescos, que cuentan historias de amor con la mujer como protagonista fundamental, y fronterizos, que relatan sucesos ocurridos en los límites territoriales con los reinos musulmanes. En estos últimos, los musulmanes suelen aparecer como seres sensibles y caballerosos.
La poesía culta de la Edad Media. El Mester de Clerecía
Castilla vive durante los siglos XIII y XIV una extraordinaria expansión militar, cultural y económica. Con una centuria de retraso con relación a Europa se produce un incremento notable de rutas comerciales, florecen las ciudades y se fundan las primeras universidades. La clave de la deriva histórica hay que situarla en la victoria de las Navas de Tolosa, clave para los avances de la reconquista de los años posteriores. El Mester de Clerecía es la corriente de poesía culta con que los monjes pretenden divulgar los conocimientos adquiridos a través de los textos latinos. Se encuadran dentro de esta apartado los poemas narrativos, de intención didáctica y carácter culto, escritos en cuaderna vía, que son recitados por los monjes ante los peregrinos que acogen en sus monasterios. La denominación procede del exordio del Libro de Alexandre que dice:
Mester traigo fermoso: non es de joglaría, mester es sen pecado, ca es de clerecía fablar curso rimado por la cuaderna vía a síllavas cuntadas, ca es grant maestría.
A pesar del subrayado non es de joglaría, el mester de clerecía utiliza a menudo fórmulas propias de los juglares, apelaciones, solicitud de benevolencia o fraseología épica. Sí aporta la regularidad métrica de las sílabas contadas. El verso utilizado es el alejandrino dividido en dos hemistiquios de siete sílabas, que agrupa en series de cuatro versos de rima consonante. Otra novedad a resaltar es la constante alusión a fuentes escritas, generalmente la Biblia, pero también otros textos latinos o medievales. Entre las obras que se conservan de este tipo están Los milagros de Nuestra Señora, de Gonzalo de Berceo, y el Libro de buen amor, del arcipreste de Hita. No obstante, los temas tratados no siempre son marianos. También abundan las composiciones de tipo histórico, moral o novelesco, incluso cercanas a la gesta, como el Poema de Fernán González. Corresponde a esta época otra tipo de producción que mezcla rasgos juglarescos y clericales, Vida de Santa María Egipciaca o ¡Ay Iherusalem!, son ejemplo de ellos. No se puede olvidar tampoco el género del debate que contempla en el siglo XIII la aparición de tres textos fundamentales: Disputa del alma y el cuerpo, Razón de amor con los denuestos del agua y el vino y Elena y María.
La prosa medieval
No es posible hablar en sentido estricto de prosa literaria en castellano hasta el siglo XIII. El romance, apropiado para la comunicación oral y el verso, no es útil para la composición de obras científicas, filosóficas y literarias que se escribirán en latín o en árabe. Es Alfonso X quien decide convertir dar al castellano la condición de lengua oficial de la corte y ordena traducir textos latinos y árabes esta lengua. La prosa de ficción no aparecerá hasta el siglo XIV con don Juan Manuel.
Tabla basada en la clasificación de López Estrada
Desde el siglo XIII se traducen colecciones de cuentos de procedencia oriental con el propósito de ilustrar actitudes convenientes, comportamientos o reglas. Por eso reciben el nombre de «ejemplos» o, en castellano medieval, «exemplos». En ellos es maestro Don Juan Manuel, primer escritor que muestra una clara conciencia de autor y se preocupa porque sus obras sean correctamente transmitidas. Tal vez su producción más destacada sea El conde Lucanor que contiene cincuenta y un ejemplos con los que un conde, Lucanor, expone a su tutor, Petronio, diversas dudas a las que éste responde contándole un ejemplo con enseñanza. Se estructuran siempre a partir de un diálogo en el que Lucanor expone su problema, al que siguen el ejemplo con que responde Petronio y una intervención final don Juan Manuel que incluye una moraleja.
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Los orígenes
La irrupción de la prosa en lengua castellana dentro del ámbito de la literatura se produce con posterioridad a su uso en el verso. Los textos más tempranos conocidos se fechan a finales del siglo XII y en los primeros años del siglo XIII. Para la consolidación del género, habrá de llegar el reinado de Alfonso X “El Sabio”, entre 1252 y 1284. Las primeras manifestaciones escritas en la nueva lengua vulgar se documentan en el siglo X. Son las Glosas Emilianenses y las Glosas Silenses que no pasan de ser meras anotaciones realizadas al margen de textos en latín para aclarar o resumir su contenido con la intención de facilitar su comprensión al lector o estudiante. No obstante, parece ser que su uso está generalizado en Castilla por esa fecha, pero carece de reglas fijas y es, por tanto, sumamente irregular. El acontecimiento que cambiará radicalmente esta situación hay que buscarlo en año 1212, fecha en que la coalición cristiana alcanza la victoria de las Navas de Tolosa frente al poderoso ejército almohade. La derrota musulmana invierte el signo de la reconquista y marca el principio de la hegemonía castellana que llega a su cénit con Fernando III, “El Santo”, quien fusiona en su persona las coronas de Castilla y León, y domina amplios territorios de Andalucía y Murcia. La supremacía castellana obliga a virar hacia el Mediterráneo las aspiraciones expansionistas del Reino de Aragón y encierra definitivamente al de Navarra. A la supremacía política de Castilla se suman otras circunstancias que ayudan a la consolidación de la lengua castellana. Hacia el siglo XII es la Iglesia católica quien se interesa por el mundo cultural en Europa. Sólo nobles y clérigos tienen acceso a la educación y a los textos. La enseñanza se circunscribe de manera casi exclusiva a claustros y catedrales. Para universalizar la cultura, grupos de profesores de París y de Bolonia se agrupan en escuelas libres. Pero carecen de reglas y de estabilidad, por lo que solicitan reconocimiento eclesiástico. Nace así el Studium Generale en París, y las universidades de Oxford y Bolonia. Ahora se hace necesaria una autorización pontificia o feudal para acceder al privilegio de instituir nuevas comunidades y facultades. En 1214, Alfonso VIII crea la primera universidad española, el Centro de Estudios Generales de Palencia, y al año siguiente Alfonso IX, de León, crea la Universidad de Salamanca. Tiene por objeto evitar que súbditos leoneses estrechen lazos con Castilla. Es Fernando III quien fusiona ambas instituciones en 1239. Solo permanece Salamanca. Su objetivo es castellanizar el reino leonés. Por otra parte, los ciudadanos comunes asentados en las ciudades recientemente conquistadas a los musulmanes han perdido el contacto con la lengua latina. Por eso cuando Fernando III quiere dotar de leyes a la recién conquistada Córdoba, ordena su redacción en lengua vulgar. El Fuero Juzgo (1241), es la primera muestra de prosa legal en castellano, aunque será bajo la protección de Alfonso X el Sabio cuando se establece como lengua oficial del reino y, con ello, la obligación de utilizarla en todos los documentos oficiales. En esta decisión hay que buscar las autenticas bases para el desarrollo de la prosa en los universos literario y científico.
Alfonso x y la Escuela de Traductores de Toledo
El principal acierto del rey “Sabio” es conservar, por encima de cualquier prejuicio relativo a raza o religión, la Escuela de Traductores de Toledo que amplía con centros de investigación en Murcia y Sevilla. Su propósito es doble: convertir el castellano en lengua de cultura, con la misma dignidad del latín, y reunir todo el saber de su época. Alfonso X reunió y organizó equipos de sabios especialistas de distintas áreas de conocimiento y pertenecientes a las tres culturas que entonces convivían en España: cristianos, árabes y judíos. La labor realizada por la institución resultó determinante para la fijación del castellano. Las escuelas de traductores surgen en el siglo X centrando su actuación en pasar al latín estudios sobre la Biblia y otras obras procedentes del mundo oriental que llegan a España a través de los árabes. Esto hace que la España de la Edad Media se eriga en modelo a imitar por la sociedad ilustrada de la Europa de entonces. Toledo, entre otras, era escuelas es, dice Mariano Brasa, "la ciudad que había abierto las puertas a todos y a la que iban llegando los estudiosos del Occidente cristiano en busca del saber desconocido". Simultáneamente, más al sur, en la Córdoba califal florecen también en alto grado todas las artes, la literatura y la filosofía. En el renacimiento filosófico, artístico y científico europeo durante los siglos XII y XIII, ambas ciudades influyen de manera determinante. Son pocos los países del orbe occidental que pueden competir con España en la difusión del conocimiento por medio de la traducción. Este desarrollo viene justificado el antagonismo entre dos mundos culturales, el latino-cristiano y el arábigo-musulmán que, pese a todo, mantienen la permeabilidad de las fronteras que separan ambos mundos y que acepta la estrecha colaboración entre seguidores de las dos confesiones. Incluso las más beligerantes Órdenes Militares, como las de Calatrava, Santiago, Alcántara o Montesa, disponían en sus organizaciones de traductores musulmanes, generalmente presos o esclavos, y judíos. Hasta el siglo XII el referente de esta actividad es el monasterio de Ripoll desplazado en su importancia por la Escuela toledana que reúne a un importante colectivo de científicos cristianos, árabes y judíos. Las obras traducidas lo son, generalmente, del árabe, lengua a la que ya se había vertido una buena parte del saber griego y oriental durante el califato de Córdoba. La Escuela de Traductores de Toledo da conocer obras muy relevantes de Aristóteles, Tolomeo, Galeno, Arquímedes, Averroes, Avicena, Alfarabí… En cualquier caso, no existirán traducciones al castellano hasta el siglo XIII. Muchas de las realizaciones de la Escuela lo son a propuesta directa del rey, cuyos intereses trascienden de los límites temáticos impuestos, hasta ahora, desde la perspectiva cultural cristiana. La Escuela de Traductores de Toledo nace alrededor de la persona de Don Raimundo, arzobispo de esta ciudad y gran canciller de Castilla desde 1130 a 1150, quien convoca en torno suyo a un colegio de traductores a la cabeza del cual se halla el arcediano Domingo Gundisalvo. Varios judíos, entre los que se encuentra Juan Avendeath, trabajaban también bajo sus órdenes. El método de trabajo seguido huye de los personalismos y deja en manos de un equipo de expertos la búsqueda, recopilación, traducción y redacción final de la obra. Es la razón por la que solo se menciona al traductor cuando el texto traducido pertenece a una autoridad científica. En este caso se hace constar la identidad de jefe del equipo junto al autor del original. Cualquier tarea reclama la intervención de diferentes colaboradores conocedores de distintas lenguas. La traducción primera la realiza el experto en forma oral mientras otros sabios las trascriben al latín o, directamente, al castellano.
La historia
Los primeros textos originales en prosa romance tienen una orientación culta y se relacionan con la ciencia, la historia y la didáctica. La historia es una obsesión de la época. El español medieval está orgulloso de sus realizaciones presentes y pasadas. Todos los reinos, todas las comarcas, todas las villas tienen su crónica. Con anterioridad a la crónica en lengua romance, se escribieron en latín. Las primeras crónicas latinas de las que se tiene conocimiento aparecieron en el reino astur-leonés. Dos son los grandes proyectos historiográficos realizados bajo la protección de Alfonso X, la Crónica General y la Grande e General Estoria. La redacción de la Primera Crónica General o Estoria de España comienza hacia 1270. Es la primera gran historia de España en lengua vulgar. Recorre todo el pasado ibérico hasta el reinado de Alfonso VIII de Castilla. Conserva en prosa muchos cantares de gesta, que, de no ser por ella, se hubieran perdido. Consta de mil ciento treinta y cinco capítulos documentados a partir de fuentes históricas y literarias, especialmente importante es la aportación de los cantares de gesta. No limita su narración a subrayar hechos y hazañas de reyes y nobles, sino que presta igual atención a reseñar detalles de la vida cotidiana del pueblo. La Grande e General Estoria se inicia dos años después y pretende recoger la historia del mundo hasta la época contemporánea, pero la muerte del rey detiene la obra en el siglo I a.C. La modernidad de ambos proyectos queda de manifiesto en sus planos formal, superando la redacción cronística de ordenación de datos por fechas, y conceptual, al entender los hechos narrados como obra directa de la actuación de los hombres al margen de cualquier intervención divina. Es de resaltar, además, la concepción de España como patria, al margen de las ideas de dinastía, reino o religión, constituida como un todo unitario que tiene en Castilla la legítima sucesora del antiguo reino visigodo.
El derecho
La obra jurídica que promueve Alfonso X y que supone la renovación del panorama legislativo de los fueros peninsulares está constituida por el Fuero real, Especulo y las El Código de las Siete Partidas. En ellas paso a un «derecho territorial basado en lo mejor del derecho tradicional y, sobre todo, en el derecho común romano-canónico que por entonces estaba imponiéndose en Italia, Francia y en otras partes de Europa». Justifican y potencian el monopolio legislativo regio donde sólo el rey, y los alcaldes por él designados, tienen la potestad de administrar justicia, la existencia de una unidad jurídica aplicable a todos los territorios del reino. El Fuero real, redactado en 1254, responde a este último principio. En su prólogo manifiesta:
"Se otorga para que todos los pueblos sepan vivir en paz y con arreglo a unas leyes. Leyes que castiguen a quien hiciera daño y que los buenos vivan seguros."
La obra experimenta un fuerte rechazo por parte de la nobleza castellana que entiende que disminuye de forma notable sus privilegios y los cabidos municipales que ven mermadas sus competencias. Espéculo, el Espejo de todos los Derechos, no llegó a tener vigencia a no ser publicado oficialmente. Se conoce gracias a un manuscrito incompleto. Contiene muchas coincidencias, incluso textuales con el contenido de las Partidas. Su intención es recopilar los aspectos válidos de fueros anteriores. Consta de cinco libros tratan sobre:
1. De la ley y el legislador y de materias religiosas 2. De la Constitución política del Reino 3. De la Constitución de Derecho Militar 4. De la organización de la Justicia 5. Del procedimiento
El Código de las Siete Partidas, nombre que alude a las siete partes en que se estructura la obra, fue redactado entre 1254-56 y 1265 y reglamenta hasta los más nimios detalles de la sociedad de la época. Tiene, además de un innegable valor jurídico que atribuye la dignidad de monumento al derecho castellano, gran trascendencia lingüística al aclarar el significado de numerosos términos nuevos, arabismos y cultismos. Su propósito es dotar al reino de un código territorial de carácter general. Su título original fue Libro de las Leyes o Fuero de las Leyes. La temática de las partidas es la que sigue:
El texto, rico en alegorías, comparaciones y ejemplos, con abundancia de frases hechas, constituye un ejemplar de primer orden de la producción literaria de la época.
La obra científica
La inquietud científica del rey se materializa en iniciativas como Los Libros del Saber de Astronomía y El Lapidario. Los primeros nacen de preocupación real por la Astronomía que tanta influencia, según piensa la época, tiene en los comportamientos humanos. Se trabaja en ellos desde 1255. Llaman la atención sobre las maravillas creadas por Dios y contienen conocimientos de astronomía, astrología e, incluso, técnica adivinatoria. Llegan a describir aparatos de medición como relojes o astrolabios, e incluyen las Tablas astronómicas o Tablas Alfonsíes, que revisan y amplían las realizadas dos siglos antes por el astrónomo Azarquiel. En ellas se distinguen las constelaciones siguiendo el orden establecido por Ptolomeo y alcanzan una gran difusión gracias a las universidades siendo muy utilizadas por los navegantes europeos de los siglos XV y XVI. El Lapidario, escrito entre 1276 y1279, es un conjunto de cuatro libros donde se describen alrededor de quinientos metales y piedras y asocia las piedras mágicas con los signos del zodiaco.
Textos de carácter lúdico
Preocupado por mejorar la exitencia ser humano en generál, y de sus súbditos en particular, Alfonso X, que entiende que los juegos constituyen “un descanso para las cuitas y trabajos de la vida”. Por ello difunde y enseña las reglas de algunos de ellos para ocupar adecuadamente los tiempos de ocio. El más interesante es el Libro del axedrez, dados et tablas, considerado el último libro publicado por su taller, hacia en año 1283, poco antes de la muerte del monarca. Comienza clasificando los juegos en dos categorías, los que requieren esfuerzo físico, equitación, pelota…, y los de carácter sedentario, entre los que se encuentran los que ocupan este libro. La obra consta de 200 folios y unas 150 miniaturas. Trata con especial esmero el juego del ajedrez, al cual confiere el rango de "juego de reyes y gente noble e inteligente".
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El Romanticismo |
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El Realismo - El Naturalismo |
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El Modernismo |
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La Generación del Noventa y Ocho |
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La Generación del 27 |
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