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Son tres testimonios muy
vivos y de excepcional valor. El primero es fray Luis de León, que fue discípulo
de fray Domingo de Soto y compañero en el profesorado en la Universidad de
Salamanca. El segundo es el espiritualista e historiador dominico fray Juan de
la Cruz, plenamente contemporáneo de fray Domingo de Soto y muy al tanto de los
eventos de los dominicos en España y Portugal. El tercero es el historiador del
convento de San Pablo de Burgos, al que estuvo siempre afiliado fray Domingo de
Soto y cuyos documentos tuvo en su mano, entre ellos, como él mismo dice, el
libro de las profesiones de los frailes. De estos testimonios deduciré dos
importantes corolarios sobre el lugar y año de nacimiento de fray Francisco de
Vitoria.
1.
TESTIMONIO DE FRAY
LUIS DE LEÓN
El primer
biógrafo del dominico fray Domingo de Soto se puede decir que es el agustino
fray Luis de León. Un esquema de la vida de Domingo de Soto nos lo ofrece Luis
de León en las últimas páginas de la oración fúnebre, que por encargo de la
universidad de Salamanca pronunció el gran maestro agustino sobre el gran
maestro dominico en las exequias solemnes de éste. El discurso de fray Luis de
León es una pieza maestra en latín renacentista, de un inapreciable valor
literario. Por la viveza de sus expresiones, por la emoción que transpiran sus
ideas y sentimientos, y por la cadencia clásica de su pulido decir, fue una
corona espléndida, la mejor despedida que se puede hacer a una alta
personalidad, o, como era en este caso, a un sabio que ha dejado brillante
estela, y parte a lugares lejanos y para largo tiempo, según dice aquí fray Luis.
Comienza fray
Luis de León, saludando con la expresión clásica de los profesores salmantinos "viri
sapientíssimi" (varones sapientísimos), y alabando a la universidad de Salamanca
por unas pompas tan solemnes, pues las otorga a uno de sus mejores maestros.
Este reconocimiento oficial y tan deslumbrante sirve de consuelo a nuestro
dolor, pues ¿quién puede tener un pecho tan frío y tan desprendido de humanidad
que no se conmueva ante la extinción tan súbita de tan célebre columna del saber
y de tan gran modelo de virtud? Yo tengo una razón especial para dolerme, pues
fue mi maestro y como a un padre lo estimaba, y así "ut parentem optimum amissum
defleo" ("lo lloro como se llora la pérdida de un óptimo padre").
Nos ofrece luego
una amplia, bíblica, sedosa y expresiva meditación sobre la vida y la muerte.
Ningún mal, ningún peligro, debe apartarnos de la ley del Señor: "licet ab
ineunte aetate in summis malis iacuerim, licetque semper fuerim ab improbis et
sceleratis hominibus impetitus, impugnatus, vexatus, tamen legem tuam non sum
oblitus" ("aunque desde el principio de mis días me haya visto inmerso en sumos
males y aunque haya sido atacado, impugnado y vejado, nunca me olvidé tu ley").
Invita a los
asistentes a meditar sobre su vida, que, bien mirada, está rodeada de los
efectos de la muerte, y exclama: "O me frustra natum! O me amissum vitam!" ("¡Oh,
que en vano he nacido! ¡Oh, cómo he perdido la vida"!). Comprendo que la muerte
es un un mal; alabo que pienses que debe ser evitada. Pero, si de verdad no
quieres la verdadera muerte, debes rechazar el pecado: "mortem fugis? Certam te
et compendiariam rationem docebo: fuge peccatum" ("¿huyes de la muerte? Te diré
el modo cierto y la forma compendiada de lograrlo: huye del pedado"). "Piorum
hominum mors, non mors appellanda est" ("la muerte de los hombres buenos no debe
llamarse muerte").
Domingo de Soto
"varón óptimo y sapientísimo" no ha muerto; se ha ido. No ha dejado la vida; la
ha cambiado en mejor. Desde niño hasta la senectud pasó los días amando a
Cristo. Habiendo llevado la vida de los buenos y de los sabios, su memoria
insigne perdurará por los siglos, y ya corre por la mente y los labios de todos.
Por eso, Soto, no hay razón para pensar que has muerto ("non est cur te, Soto,
interiisse putemur").
Luego dedica las
tres últimas páginas del discurso a seguir los pasos principales de la vida de
Domingo de Soto. Resalta su dedicación al estudio y su gran aprovechamiento, y
menciona las más importantes de sus obras. En Acalá "conociste como la palma de
tu mano todo el arte de exponer". En París brillaste siempre en los estudios y
en la virtud. Vuelto a España, "te hiciste miembro del Instituto de Santo
Domingo, clarísimo en letras y religión". "Tu dedicación al estudio y a la
enseñanza durante veinte años continuos hizo de ti el mayor sabio de tu tiempo".
"Nada en toda la filosofía y en toda la teología, que no fuera dominado e
iluminado por tu ingenio".
"La universidad
de Alcacá, que te alimentó; la de Salamanca, que escuchó entusiasmada tu
doctrina; la ciudad de Trento, que en su concilio ecuménico admiró tu sabiduría;
el emperador Carlos V, que te eligió como confesor; Italia, Francia, Alemania y
España fueron testigos de tu ciencia, de tu virtud y de tu religión". "Los reyes
y los próceres del reino sometieron las causas más graves a tu juicio, a tu
arbitrio y a tu consejo, sin que tú aceptaras nunca las recompensas, que ellos
quisieran ofrecerte".
"La posteridad,
oh Soto, recordará todas estas cosas. Aunque gran parte de ti las conservamos en
tus escritos, la pérdida de tu presencia nos deja misérrimos".
"Tu suave
muerte, con breve enfermedad, sin estertores ni congojas, sino con paz
placidísima, te ha permitido escalar el cielo".
"Varones
sapientísimos, él es ahora feliz, porque vivió así, porque abandonó la gloria de
su nombre, y porque ya ha conseguido la patria, que es el cielo, y la vida
celestial".
2.
TESTIMONIO DE FRAY
JUAN DE LA CRUZ
Otra biografía
importante contemporánea de Domingo de Soto es la del historiador y cronista, y
maestro de la espiritualidad cristiana, el dominico fray Juan de la Cruz. Éste
había estudiado en la universidad de Salamanca, pocos años antes de la venida de
Soto a la ciudad del Tormes. Admira como profesores suyos a los maestros Pedro
de León, catedrático de Prima de Teología, y Matías de Paz, catedrático de
Biblia. Se hizo dominico en el convento de Nuestra Señora de Atocha de Madrid en
1524. Los superiores le destinaron en 1538 a la Provincia de Portugal, en donde
ejerció durante más de veinte años el oficio de Maestro de Novicios. Residió en
el convento de Santo Domingo de Lisboa, donde también desempeñó el cargo de
Prior.
Compañero y
amigo de fray Luis de Granada, mutuamente se ayudaron y se inspiraron y se
complementaron en sus escritos espirituales. Fray Luis de Granada era más
intimista y contemplativo, y su compañero fray Juan de la Cruz era más
intelectualista y ascético. Destacan entre sus libros un Diálogo
doctrinal sobre la oración de los labios y la de la mente, y una crónica de la
Orden Dominicana desde los orígenes hasta sus días. Murió hacia 1565, es decir,
unos cinco años más tarde que Domingo de Soto, y se publicó su Crónica de la
Orden de Predicadores en Lisboa en 1567.
Es en esta obra
de carácter histórico donde dedica cinco páginas para ofrecernos un diseño
entusiasmado de la vida de Domingo de Soto. Queremos fijarnos en algunos de los
datos que nos ofrece para conocer mejor la semblanza de nuestro gran teólogo.
Dice que supo sacar muy "adelante la sapientísima doctrina y el maravilloso
estilo de enseñar del Padre fray Francisco de Vitoria, de santa memoria, a quien
él por humildad y por ejemplo oyó algunos días, cuando leía la misma cátedra" de
Prima de Teología en la universidad de Salamanca.
Añade al final
de la biografía que cuando Soto dejó el cargo de confesor del Emperador, éste le
ofreció el obispado de Segovia. Domingo de Soto se excusó, y le señaló el
candidato más adecuado para ese oficio, pues destacaba en virtud y sabiduría, y
él lo conocía muy bien, pues había sido su discípulo; se trataba de don Gaspar
de Zúñiga y Avellaneda, que fue el inmediatamente elegido por el emperador
Carlos V, y que llegará a ser arzobispo de Santiago de Compostela, y de Sevilla,
y Cardenal. Cuando el emperador vino a España desde Flandes, para retirarse a
Yuste, "desde Valladolid le mandó llamar (a Soto), y consultó con él algunas
cosas graves, que convenía para el descanso de su conciencia".
Se le veía
siempre o habitualmente absorto, como removiendo en el pensamiento sus ideas y
sus doctrinas, "lo cual se conocía claramente -dice este cronista- por sus
gestos y meneos, tanto que alguna vez parecía que de todo lo ál estaba olvidado,
sino de su estudio". Esta forma concentrada de ser, y ese modo excitado de
manifestar su ocupación y preocupación interior se recoge también en la
declaración del dominico fray Antonio de Santo Domingo en el proceso de
Bartolomé de Carranza el 4 de noviembre de 1559. El Inquisidor General Fernando
de Valdés le había llamado a Domingo de Soto a Valladolid para hacer la censura
del Catecismo de Carranza. El testigo indicado declara a este propósito que
Domingo de Soto deseaba volverse a Salamanca y que el inquisidor Valdés no le
dejaba: "lo vi -dice- muchas veces casi determinado a irse sin licencia, y que
esto entendió por la mala gana que tenía, y mostraba con palabras y meneos y
ademanes de ver el dicho libro, ocuparse tanto en ello y estar en esta villa".
Respecto del
final de su vida escribe fray Juan de La Cruz que, recibidos los sacramentos
"con ardiente fe y grande fervor", al ofrecerle el sacerdote la Eucaristía y
preguntarle "como es costumbre en la Orden «¿creéis que es éste Jesucristo Hijo
de Dios Vivo?» se esforzó tanto que parecía que se quería levantar hacia el
sacramento, y dijo: «credo verissime». Después sin agonía ni alguna turbación,
en presencia de sus hermanos todos los religiosos del convento, recibiendo
primero el santo sacramento de la extrema unción, que él pidió con grande
instancia que se le diese, dio el alma a su criador [...] y fue sepultado por
sus frailes y por los religiosos de todas las Órdenes que hay en la ciudad, y
por Doctores y Maestros y estudiantes de las escuelas y colegios, y por el
obispo de Ciudad Rodrigo que a la sazón era reformador del estudio", don Diego
de Covarrubias y Leyva.
3.
TESTIMONIO DE FRAY GONZALO DE ARRIAGA
El tercer testimonio
es de un siglo más tarde, del siglo XVII. Tiene el valor y también el encanto de
ser de un fraile del mismo convento que Domingo de Soto, que está escribiendo
con gran entusiasmo la historia de su casa religiosa, y canta con orgullo sus
glorias. Este fraile historiador es el dominico Gonzalo de Arriaga, muy conocido
por la Historia del Colegio de San Gregorio de Valladolid, llevada a la
imprenta en tres volúmenes por Manuel Mª Hoyos en los años 1928, 1930 y 1940. La
obra, a la que ahora nos referimos, se titula Historia de el insigne convento
de San Pablo, Orden de Predicadores, de la ciudad de Burgos i de sus ilustres
hijos... Existen dos manuscritos de esta obra: uno en el Archivo del
Ayuntamiento de la Ciudad de Burgos, que es el original, y otro en el Archivo
General de la Orden de Predicadores (AGOP), sito en el convento de Santa Sabina
de Roma, y que es una copia incompleta y no siempre correcta del modelo.
Tiene dos
partes. La primera trata de la fábrica o de la construcción del convento y de la
iglesia. La segunda versa sobre las personalidades eminentes de tan célebre
monasterio. Sólo la primera parte ha sido impresa de modo completo. De la
segunda solamente se imprimió la biografía de Francisco de Vitoria. Cuando entre
los años 1925 y 1952 ardió la controversia en torno a la patria chica de
Francisco de Vitoria, y algunos comenzaron a citar esta obra como argumento en
pro de la ciudad de Burgos, otros autores despreciaron esta historia del
convento de San Pablo de Burgos, pues encontraban en ella algunos datos
imprecisos y otros claramente falsos. Pero estos historiadores y polemistas
tenían en cuenta, no el manuscrito del Ayuntamiento de Burgos, que es el
original, sino el del Archivo del convento de Santa Sabina de Roma, que es una
copia-resumen, con algunas adiciones del copista, que era donde se encontraban
los detectados errores.
Teniendo en
cuenta el manuscrito original, es decir, el del Ayuntamiento de Burgos, la
biografía de Domingo de Soto ocupa en la segunda parte de esta historia los
capítulos 12, 13 y 14, entre los folios 88r-97v: 10 folios grandes por ambas
caras. Como en otros casos, Gonzalo de Arriaga se nos muestra aquí muy seguro en
torno a la cronología. Es una biografía con propia personalidad, aunque tiene en
cuenta las anteriores. Él nos dice expresamente que Domingo de Soto nació en la
ciudad de Segovia en 1494; que al ingresar en la Orden Dominicana en 1524 tenía
30 años, y que al morir en 1560 era de edad de 66 años.
Dos corolarios para la
historia de Francisco de
Vitoria: lugar y año de
nacimiento
a) Lugar de nacimiento de
Francisco de Vitoria:
Decimos que por
ahora la notificación más antigua conocida sobre la patria chica de Francisco de
Vitoria es la que da su contemporáneo, el cronista del convento de San Pablo de
Burgos, fray Antonio de Logroño, en 1534, divulgada por V. Beltrán de Heredia en
1952. Vamos a ver que mucho antes, en 1506, un documento verdadero, a saber, el
acta de profesión, nos dice que nuestro internacionalista fray Francisco de
Vitoria nace o es “natural de Burgos”.
Sabemos que el
documento más antiguo que tenemos por ahora de Domingo de Soto es el acta de su
profesión religiosa, aunque no completa. Nos ofrece una transcripción de gran
parte de ese acta Diego de Colmenares en su muy conocida Historia de la
insigne Ciudad de Segovia, en la impresión de 1640. Los datos de este
documento merecen todo crédito, pues son firmados por el propio Soto y por
varios testigos.
Colmenares dice
tomar "la cláusula", que transcribe, del Libro de Profesiones del antiguo
y hoy desaparecido convento dominicano de San Pablo de Burgos. Es esta
trascripción de Colmenares la que han tenido en cuenta los historiadores, pues
el mencionado Libro de Profesiones desapareció con la exclaustración de
los frailes en 1835 y la consiguiente incautación de sus bienes.
Hay otra
trascripción también incompleta, pero un poquito más extensa que la de
Colmenares y por consiguiente no tomada de él, es decir, de su copia del acta de
la profesión religiosa de Domingo de Soto, sino directamente del Libro de
Profesiones o de una copia más amplia que la de Diego de Colmenares. Me
refiero ahora a la copia que nos ofrece nuestro historiador dominico Fray
Gonzalo de Arriaga en su mencionada Historia del convento de San Pablo de
Burgos, cuyo texto original se encuentra manuscrito en el Archivo del
Ayuntamiento de la capital burgalesa.
Gonzalo de
Arriaga era hijo de ese convento dominicano y quería dejar bien sentada la
filiación del gran teólogo Domingo de Soto al convento de Burgos, insistiendo en
que nunca cambió esa filiación, a pesar de vivir tantos años en el convento de
San Esteban de Salamanca y encontrarse tan a gusto en él. Es en el cap. 14
donde transcribe el acta de su profesión religiosa.
Al copiarla dice
expresamente "fue vista por mí en el Libro de Profesiones en esta forma:
Domingo a 23 días del mes de julio de 1525 años hiço professión fray Domingo de
Soto, que en el siglo se llamaba Francisco de Soto, natural de la ciudad de
Segobia en manos del Reverendo Padre frai Pedro Lozano, Maestro en Santa
Theología, Prior deste monasterio de San Pablo de Burgos, siendo General de la
Orden el Reverendíssimo Padre frai Francisco Silvestre de Ferrara, Provincial de
la Provincia de España el Padre Maestro frai Diego de Pinedo. En fe de lo qual
lo firmaron de sus nombres los Padres infraescritos, etc."
En general este
historiador Gonzalo de Arriaga por lo que se refiere a esta historia del
convento de San Pablo de Burgos no ha sido tenido muy en cuenta. Nos ofrece unas
biografías muy ampulosas y muy laudatorias; los datos concretos son escasos y
rodeados de inútil retórica. Los historiadores más exigentes han preferido
orillarlo.
En la célebre
polémica de la patria chica de Francisco de Vitoria se adujo en favor de Burgos
el testimonio de Arriaga y se argumentó que, como conventual de Burgos, este
historiador tuvo que tener delante el acta de profesión de Francisco de Vitoria,
y por lo mismo que hablaba basado en un testimonio de un valor irrecusable, y
que merecía por ello todo crédito.
Otros autores
juzgaron que el retórico historiador Gonzalo de Arriaga no tuvo el libro de
profesiones en sus manos, pues no lo aducía en ese caso de Francisco de Vitoria.
Fue necesario el recurso a otra prueba 28 años más tardía que el acta de
profesión y de menos valor para considerar a Burgos de modo definitivo como la
patria chica de Vitoria.
Sin embargo la
verdad es que Arriaga sí tuvo en sus manos el Libro de Profesiones del
Convento de San Pablo de Burgos, como lo dice expresamente a propósito de
Domingo de Soto, y que, basado en el documento primordial del acta de profesión
religiosa, pudo afirmar, con todas las garantías de decir la verdad, que
Francisco de Vitoria es natural de la ciudad de Burgos.
b) Año de nacimiento de
Francisco de Vitoria:
He afirmado siempre
desde mi pequeña obra Un Español en la ONU. Francisco de Vitoria,
publicada por la Biblioteca de Autores Cristianos (BACpopular 6), Madrid 1977,
que Francisco de Vitoria nació en 1483. Di argumentos. Figuraba entre
ellos el crédito que me merecía en este caso Gonzalo de Arriaga, que en la
Historia del convento de San Pablo de Burgos decía que Vitoria había muerto
a la edad de 63 años. El historiador dominico Arriaga había triunfado en otras
pruebas, a las que se le había sometido, como en su afirmación de que Vitoria
era natural de Burgos, y también triunfaría en esta prueba.
El feliz hallazgo
de nuevos documentos, que publiqué en la revista “Archivo Dominicano”, del
Instituto Histórico O. P. (de la Orden de Predicadores, Ordinis
Praedicatorum) de Salamanca, confirmaba mi tesis. No faltan quienes siguen
erre que erre. Lo resumimos todo en nuestra nueva obra Francisco de Vitoria.
Vida y pensamiento internacionalista, BAC, Madrid 1995.
Todos los datos que poseemos confirman esa nuestra posición. Hemos
hablado al principio de los testimonios fray Luis de León y de fray Juan de la
Cruz sobre Domingo de Soto. De ambos podemos sacar un corolario en nuestro favor
acerca de la cronología del nacimiento de fray Francisco de Vitoria.
Fray Luis de León, en uno de los párrafos arriba expuestos, a propósito
de la muerte de fray Domingo de Soto habla de la “senectud” de este teólogo.
Sabemos que Domingo de Soto tenía al morir 66 años. Fray Juan de la Cruz dice
que fray Domingo de Soto, cuando murió, era ya viejo, pero “no muy viejo”; ve la
citada Corónica…, fol. ccxlix ra.
Con respecto a Fray Francisco de Vitoria, que murió a los 63 años (tres
más joven que Domingo de Soto) habla fray Juan de la Cruz de “su vejez”; ve
también la citada Corónica…, fol. ccxliii va. Por consiguiente, según
Fray Juan de la Cruz, el historiador dominico contemporáneo de Vitoria, Fray
Francisco de Vitoria murió en la vejez. Si Francisco de Vitoria hubiera
muerto a los 54 años, como dicen los que no siguen mi tesis, no lo llamarían en
modo alguno viejo. La muerte de fray Bartolomé de Medina, a los 53 años, era
considerada temprana, y no en la vejez; ve Justo Cuervo, Historiadores del
convento de San Esteban de Salamanca, t. II, Salamanca 1914, pág. 715.
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