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Antonio Ginés Collado González 12 años I.E.S Azona - Almería |
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Antaño, las Tierras Místicas eran sinónimo de paz y prosperidad. Se dividían en phalas o, dicho en la lengua común, comunidades. Estaban las phalas boscosas donde habitaban los Ents, pastores de árboles, y los Faunos, espíritus del bosque que vivían para servir a los árboles, que eran capaces de adoptar múltiples formas, aunque la preferida era la de una criatura mitad hombre, mitad cabra bípeda. Las phalas de las llanuras, perfectas para los Centauros, seres mitad hombre, mitad caballo y adaptados tanto al arco como a la espada. Otras phalas eran las elficas, donde habitaban los Elfos, hermosas e inteligentes criaturas que estaban muy arraigadas a la naturaleza y a sus artes; las phalas míticas, conjuntos de torres, ruinas y bibliotecas, donde el saber atraía de gran forma a los Magos, hombres misteriosos, cuyos símbolos eran la capucha y la vara; las phalas montañosas, conjuntos de cordilleras altísimas en cuyos picos habitaban los Fénix, seres de muchísimo poder que vivían al margen del resto de las phalas. Las ultimas de las phalas eran las tenebrosas, tierras alejadas que habitaban los Reptor Draconis, o Dragones Corruptos, la estirpe mas vil y cruel de un pueblo con mayor esplendor.
Parte I Los Objetivos
LOS AÑOS ETERNOS
Muchos son los años que habían pasado, pero siempre había sido así, la entrega de la phalas míticas al sucesor de Melbourn I, Ecrilion XVII, sería pronto y la quedaba poco tiempo. Apenas seria en dos días y muchos de los preparativos faltaban por hacer, aunque había bastante avanzado. Tiempo atrás la monarquía fue desterrada siendo sustituida por los Phalarios Míticos. Fue elegido un solo Phalario Mítico, dado que sus progenitores heredarían el gobierno. Salió de su torre en Thymilk, dirigiéndose hacia la Torpin Real, la capital de las Phalas Míticas. Él, Tempos, era ya un anciano. No era un mago común y corriente. Por sus venas corría la sangre de los ambiguos Dragones Sagrados que habitaban cuando las Tierras Místicas sólo estaban habitadas por los Dragones y los Elfos. Él aprendió, con el tiempo, a dominar su mente de dragón igual que su mente de mago. |
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A sus dos mil años, podía decir que se conocía “como las vetas de su vara” todos los pueblos, ciudades y sitios de interés de las Phalas Míticas. Había visto nacer y morir casi doscientas generaciones de magos y magas, y los ciento cincuenta Phalarios Míticos que han gobernado. Aunque los magos eran inmortales, la mayoría, al cumplir los mil quinientos años, se alistaban en el ejército. Muchos caían en batallas o escaramuzas, por lo que sólo algunas generales habían superado a Tempos en edad. Pasaba por la bella Thymilk, observando, como siempre había hecho, todos sus torreones, todas sus torres y baluartes. Algo que a Tempos siempre le gustaba visitar eran las Tomercitas, puntos de reunión de magos y magas. Eran torres en cuyo interior había comercios de muchos tipos: ingredientes, vestimentas, varas... Al llegar a la Torpin Real, Tempos se quedo sorprendido al ver el hechizo que le había lanzado. Se encontraba recubierta de oro, cuando debía de estarlo de marfil. Los bellos recuerdos bajo el marfil de la Torpin Real estaban hechos añicos, igual que cuando se lanza una piedra a un cristal frágil y bello y se rompe por el impacto. Sus trozos estaban igual de olvidados, y... añorados. Justo en ese momento, entre la gente que iba y venia por la ciudad, vio que salía de la puerta de la Torpin Real Jurales, secretario de Ecrilion. Parecía malhumorado. Vio a Tempos en el centro de la plaza y, aún más enfadado de lo que parecía, habló: - ¡Cuervos y tormentas!¡Hola, Tempos! - ¡Magias te bendigan, Jurales! Yo también me alegro de verte. ¿Qué es lo que tanto parece molestarte? - Todo me enfada, aunque ahora que te veo, me siento mejor. Yo también me alegro de verte. Dime, ¿te has enterado de la sarta de sandeces que está haciendo Ecrilion? - Ahora he visto lo que le ha hecho a la Torpin Real, pero por lo demás... ¡ni idea! - Eso, entre otras muchas cosas. Jurales empezó a tranquilizarse, aunque continuaba disgustado. - Ecrilion ha sido quien ha mandado hechizar la Torpin Real. No se da cuenta del valor cultural que la Torpin Real de marfil posee. Es, además, un elemento clave en la ceremonia de iniciación. Como bien sabes, Tempos, es a las doce en punto cuando el resplandor da comienzo a su gobierno, si dejamos que la Torpin Real sea recubierta de oro... dará una sensación muy monárquica... - La verdad es que si, amigo mío, yo también pienso así. Desde que Ecrilion era niño he intentado enseñarle que no debe considerase un futuro rey, un príncipe. - Pero lo ha creído, y hay que quitárselo de la cabeza. - Hablaré con el. ¿Me acompañas? - Si Juntos, Tempos y Jurales, se dirigían a al entrada de la Torpin Real, y volvieron a sorprenderse, y Jurales a enfadarse, al ver la puerta de Ëbano restaurada. Aquella puerta era símbolo del poder de la monarquía en las Phalas Míticas, mientras que la puerta de los Phalarios Míticos, que era de diamantes, mithril y símbolos de libertad, había sido sustituida por aquella otra que toda la ciudad rechazaba. Justo cuando iban a entrar dos guardias les cerraron el paso, como si Tempos y Jurales no fuesen miembros del gobierno. Tempos, debido a su formación y experiencia con el trato hacia el pueblo, era consejero de los Phalarios Míticos, además Tempos conocía el pueblo y sus necesidades muy bien. Por ello también desempeñaba el cargo de Voz del Pueblo. Tempos, por su formación y experiencia en el trato con el pueblo, era consejero de los Phalarios Míticos. Conocía muy bien las necesidades de la gente. Por eso también desempeñaba el cargo de Voz del Pueblo. Jurales era secretario de Ecrilion. Siempre lo acompañaba. No era un trabajo apetecido. Exigía muchísima formación, un mínimo de ciento setenta y cinco años de preparación. Al ver que el guardia les cerraba el paso, Tempos dijo: - Él es Jurales, secretario de Ecrilion XVII y yo Tempos, consejero de Ecrilion XVII, además de Voz del Pueblo. Los guardias, al escuchar las palabras de Tempos, se miraron y, sorprendidos, no tuvieron otra opción que dejarles pasar. Al cruzar la puerta y llegar al vestíbulo quedaron más sorprendidos si cabía. Toda la decoración y los tesoros expuestos durante décadas, aquello que re representaba todos los años de gobierno por los Phalarios Míticos, ¡había sido reemplazad!. El gran cuadro que presidía la puerta estaba en perfecto estado, sin cambios, aunque la puerta estaba cerrada. Tempos y Jurales entraron a paso firme.
CAMBIOS POLÍTICOS
Al entrar Tempos y Jurales vieron como Ecrilion observaba en el centro de la habitación. Sobre un pedestal, se erguía la corona de las Phalas Míticas, sus rumores eran confirmados. La monarquía era reinstaurada, pero Tempos no estaba dispuesto. Tiempo atrás el pueblo era sometido a muchas calamidades, cuando la monarquía llegaba a su fin. Y Tempos sufrió mucho por su culpa. Todo sucedió muy rápido. Ecrilion se dio cuenta a tiempo para coger su vara y atacar, pero Tempos, que antaño se había ganado la vida en una academia de lucha en Thymilk, estaba mucho mejor entrenado que Ecrilion, dos golpes bien dados y mal esquivados por su oponente fueron suficientes para desarmar a Ecrilion. Éste se agazapó mientras el rugido de Tempos hizo tambalear la Torpin Real: -¡QUIEN TE CREES QUE ERES ECRILION, NO ERES REY DE NADA NI DE NADIE, ERES UN MALDITO MONÁRQUICO. ESCÚCHAME BIEN, PORQUE NO LO VOY A REPETIR. YO SERÉ EL PRIMERO EN REBELARME CONTRA TI COMO REINSTAURES LA MONARQUÍA, MALDITO TRAIDOR...! -¡TEMPOS!- Fue Jurales quien habló con voz imponente -No te precipites, aun no ha instaurado nada y, como bien sabes, es el futuro heredero. Merece respeto. Aún no han sido confirmados sus actos y, por tanto, puede ser cualquier otra cosa, desde una exposición de los tiempos de la monarquía hasta la subasta de todos los objetos, no estamos seguros. -¡SI ES ASÍ DÉJAME SOLUCIONARLO! Y directamente Tempos cogió los hombros de Ecrilion haciendo que este le mirara directamente a los ojos y susurro: -Recuerda ahora Ecrilion aquello que ocurrió en tu niñez... -No, Tempos, por favor... Y juntos se sumergieron en un recuerdo mutuo. Aquella mañana se despertó Tempos antes que Ecrilion, quien dormitaba en la cama entre el sueño y la realidad. Era su cumpleaños y Tempos no había preparado nada para el. Buscó en sus baúles más antiguos lo que le iba a regalar: Klorar, la ámbar. Una espada legendaria. La que Tempos desenfundó tantas veces en la guerra contra los monárquicos. La que usó para acabar con Ñadú, el último Archiduque de las Phalas Míticas. Con rapidez y sigilo Tempos recogió a Klorar, la enfundó y la envolvió en un paño justo a tiempo, pues Ecrilion aparecía por las escaleras frotándose los ojos. Tempos le sonrió. Se alegraba mucho de verle. Aquel niño de diez años iba madurando. Sus conocimientos se ampliaban y cada vez era más responsable. Tempos se enorgullecía de Ecrilion al ver su mirada azul en la cara, cada vez mas adulta. Lo triste era que su padre Melbourn, no pasaba mucho tiempo con el, pues eran muchos los asuntos de estado que tenia, y que su madre, Yarun, hubiera muerto por la maldad del destino. Pese a todo Ecrilion había crecido feliz y sin problemas, aunque a Tempos siempre se la hacia un nudo en la garganta cada vez que le preguntaba por su madre. Ecrilion se emocionó al ver la espada envuelta en mantas, pero se calló, pues no le gustaba frustrar a la gente en sus regalos. Tempos no se dio cuenta de ello y comenzó a hablar con voz cariñosa, muy impropia de él, puesto que habitualmente sonaba grave, potente e imponente. -¡Felicidades Ecrilion!¡Diez años has cumplido! Tu padre estará muy orgulloso de ti. -Gracias Tempos, ¿dónde iremos hoy? -A la runa del sur - Pero..., la runa del sur solo le está permitida a los principales magos de las Phalas y yo no soy uno de ellos. -Te equivocas, Ecrilion, pues si tú no fueses uno de los principales, no estarías aquí, y menos conmigo como maestro. -De acuerdo pues. Salieron de la Torpin Real después de haberse preparado. No iban vestidos de gala, ni de diario. Llevaban ropa Kaladara o, dicho en la lengua común, mística. Era la requerida en el lugar al que iban. Antes de abandonar Thymilk, Tempos susurro algo que Ecrilion no logro entender, pero le inspiro cierto respeto. Montaron sobre dos Lumburun. Estas criaturas eran autóctonas de las Phalas Míticas. Los magos aprendieron a cuidarlas, a entenderlas, incluso a hablar con ellas, puesto que eran tan inteligentes como los dragones considerados semidioses por los magos. Su sabiduría superaba la de los mas sabios eruditos. Generalmente, su constitución era muy fuerte, aunque siempre había excepciones. Eran criaturas bípedas, inclinadas hacía delante, con su piel cubierta de un pelaje sedoso y fino que cambiaba su color dependiendo del terreno, lo que hacía muy difícil verlas. Su cabeza era muy achatada, como un plato grande, con dos cuernos que se alzaban en su parte posterior de tamaño gigantesco, casi dos metros. Para contrarrestar su peso y no caer hacía atrás, usaban una cola, larguísima, casi de tres metros, que equilibraba un cuerpo de casi cinco metros. Los magos usaron estos animales para travesías, algo que los Lumburun aceptaron de buen grado, pues los alimentaban muy bien. Vivían en recintos de uno o dos kilómetros de diámetro, muy alejados de las ciudades, donde tenían todas las comodidades que necesitaban ¡y sólo por llevar a aquellos que se lo pedían de una ciudad a otra!, algo que no les costaba, pues eran muy veloces. Una vez montados, Tempos y Ecrilion se encaminaron a la runa. No tardaron en llegar, debido a la velocidad de los Lumburun que parecía cortar el aire. Tempos observaba como a Ecrilion le costaba aguantarse sobre el Lumburun -Aprenderá rápido- se decía a sí mismo. Una vez que llegaron desmontaron frente a la entrada donde un guarda les bloqueaba el paso: -Gran Tempos... -Saludos, Guardián del sur. ¿Nos permitirás pasar? -El Dragón va a aparecer frente a la runa, Maestro, no por respeto a ella, sino por la rabia que va a ser despertada en el interior... Tempos enmarco una ceja, pues le resultaba extraño que el dragón que vivía en su interior despertase por su rabia. Aunque había aprendido a manejar su mente humana tan bien como la del dragón, alguna vez había despertado por el furor que sentía en algunas ocasiones... Pero perfectamente podía ser un error del Guardián del sur, aunque nunca se había equivocado -Entraremos pese a ese riesgo -Como deseéis... Se apartó del camino, dejando la puerta abierta. Tempos y Ecrilion, un poco asustado, bajaron de los Lumburun y entraron en la runa del sur. La única luz que había procedía de los hongos que crecían en las paredes, los cuales emitían una débil luz azul eléctrico. Ecrilion estaba muy asustado, por la ausencia de luz. Estaban en un vestíbulo. Después bajaron las escaleras y abandonaron la luz. Ecrilion observaba todo. Se extraño al ver en los muros, no los hongos que las habitaban en la estancia anterior, sino unas marcas realizadas con algún objeto. Esas marcas relucían en la oscuridad con un color muy extraño. Vio a Tempos con una pequeña garra haciendo esas mismas marcas en la pared. Las realizaba con mucha delicadeza. Las marcas recientes no brillaban al principio, sino al medio minuto aproximadamente. E incrementaban su intensidad con el paso del tiempo. Ecrilion preguntó -Maestro, ¿qué hace? -Escribo en la pared. -¿Con qué instrumento? - ¿Esto? Es una garra de Dragón mítico, la raza de dragones que pobló las Phalas Míticas antaño. Pocos esqueletos se encuentran, pero los pocos que hay, son utilizados, sobre todo las garras, pues son muy valiosas. -¿Y porqué no conservan los esqueletos? -Eso tiene fácil respuesta. Cuando se encontraron los primeros esqueletos, la gente elegía el más perfecto y mejor conservado, y vendido los restantes para usos comerciales o místicos. Así, tienes un esqueleto para observar, y otro para utilizar. -A mi parecer, Maestro, es una idea muy buena. -Claro, Ecrilion, y cada vez que aparece uno nuevo, si está mejor conservado que el anterior, se cambia por el otro. -De todas formas... ¿Para qué realiza esas marcas? -Desde que esta runa está situada aquí, todas las criaturas que la visitan inscriben sus nombres. De esta forma siempre hay un control. -¿A que te refieres con eso de “desde que esta runa está situada aquí”? -Eh, una forma de hablar. La runa lleva aquí muchísimos años, se usaba como tele transporte para ir del área norte al área sur y viceversa. Pero los magos evolucionan, y ya hay sistemas más fiables. -Siempre hay algún pillo que intenta pasar desapercibido... -¿A que te refieres? -A alguien que no escriba su nombre... -¡Bah!, esto tiene su propio sistema de defensa. Una pared mágica aparece impidiendo salir a nadie. También está el guardián, así que... - De acuerdo. ¿Seguimos Maestro? - Continuemos. Continuaron. Tempos guardó la garra en el un bolsillo del cinto y avanzó hacia la puerta dejando atrás el vestíbulo circular. Entraron en otra sala también circular mucho más grande que la anterior. Todo seguía a oscuras a excepción de las marcas de garra de Dragón que había inscritas en la pared, pero, de algún modo, la sala estaba mas iluminada que la anterior. Estaba cubierta por una cúpula y en el centro se erguía un gran altar en el cual se ubicaba la gran Runa Norte. Tenia forma de esfera con inscripciones a su alrededor. Una frase repetida en toda su superficie: SI CONOCES LA MAGIA POR COMPLETO, CONOCES EL MUNDO POR COMPLETO. Aquello era algo desconocido para Ecrilion. Era la primera vez que visitaba el lugar. Le pregunto a Tempos su el significado de la leyenda. Éste le respondió: -Las frases sin respuesta son respuestas en sí. -¿Crees que un niño de mi edad puede conocer el significado? -Si, siempre -Yo aun no soy lo suficientemente grande como para comprenderlo, maestro... -¿Seguro? - Seguro. -Si es así, ya tienes tarea que hacer, Ecrilion. El niño miro con cierto enfado a su maestro y soltó, por rabia, algo de lo que estaría arrepentido el resto de su vida: -¡Saluda al nuevo rey, Tempos el anti-monárquico! Entonces la sala entera se cerró en llamas y, de donde su maestro se situaba, surgió un dragón gigantesco, blanco como las nubes. De un blanco inmaculado. Rebosaba rabia que, ni siquiera, el canto más apaciguador podría pacificar. La bestia se erguía ante los ojos del niño. Abrió sus alas mostrando una especie de aura divina que cubría su cuerpo. Los dragones eran semidioses, seres que iban de aquí para allá, llevando mensajes entre dioses y humanos. Profirió un rugido que hizo retumbar al suelo y volvió a ser Tempos, el anciano de barba cana y limpia. Miró con enojo concentrado a Ecrilion. Se acerco al niño y le dijo: -Escucha pequeñajo, no vuelvas a decir eso. Insultas a toda una población. No lo esperaba de ti, pero todavía hay una opción, ¡jura que jamás intentaras la monarquía! - Pero... Tempos lo zarandeo enfadado. -¡JURO! Y fue entonces cuando Tempos dejo en el suelo al niño, marchándose de la runa. Ecrilion le siguió, temeroso. Caminaron en silencio hasta la salida. Fuera, el guardián les dijo: -Se lo advertí, Maestro, el Dragón despertó... - Perdóname Guardián del Sur, ¡el mundo es tan complicado...! -Nada, pero recuerde, nunca un guardián se ha equivocado... El sueño volvió a la realidad. De nuevo estaban en la habitación de Ecrilion. Ecrilion observó una lágrima que caía de caía de la cara anciana de Tempos antes de que despertase.
CONTINUARÁ
Antonio Ginés Collado González
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