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FRAY RAMÓN HERNÁNDEZ MARTÍN

 

FRANCISCO DE ARAÚJO EN LA CÁTEDRA DE SUBSTITUCIÓN - II

 Por el Dr. Fray Ramón Hernández, O. P.


 

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         A juzgar por los registros de las visitas de cátedras y por sus escasas participaciones en las disputas de los claustros, la figura de Araújo se nos aparece austera, desapasionada, entregada por completo a su misión de enseñar, menospreciadora de las cosas menudas, de los pequeños problemas de orden protocolario y administrativo, que divertían principalmente a los legistas. Aún dentro de los teólogos dominicos, que compartieron con Francisco de Araújo el magisterio de la teología, es nuestro biografiado el que menos aparece en las discusiones.

         El historiador dominico y su contemporáneo, Juan de Araya, dice de él que fue “toda su vida extremado en el recogimiento, no solamente dentro del convento, del qual muy rara vez salía, si no es a leer su cátedra o a alguna cosa de la universidad, sino tam bién dentro de la celda…

         “Cuando iba a la cátedra de Prima no se juntaba con los otros maestros a hablar, como lo hacen aún los más modestos, para hacer tiempo hasta que llega la hora, sino que, escogiendo la mejor parte como sabio, trocaba la conversación en oración, y de ordinario se estaba de rodillas un buen rato, antes de ir a leer, delante del Santo Cristo de las Batallas, y de allí se iba derecho a leer su lección, en la cual nunca fue molesto o pesado, antes sí apacible y blando para los discípulos, como lo era con todos, aunque retirado y algo seco de su condición natural. En leyendo, volvía luego al convento, donde, o decía misa, o la oía, y algunas veces dicen que también ayudaba”[38].

         A pesar de esta condición apacible, aborrecedora del tumulto, Francisco de Araújo hubo de participar durante la primera etapa de su profesorado universitario en grandes contiendas doctrinales y disciplinares, de las que no podía verse libre nunca un centro de estudios de grande prestigio como el de Salamanca. En defensa de los interese universitarios y de sus posiciones científicas tradicionales luchará Araújo con el gesto calmo de un intelectual sin pasiones, rehuyendo la polémica sin frenos, como lo hiciera santo Tomás de Aquino en París a mediados del siglo XIII. Examinaremos seguidamente sus principales actuaciones.

        1. Cuando Araújo substituyó a Pedro de Herrera en la cátedra de Prima de su Majestad, el asunto más importante que tenía entre manos la universidad de Salamanca era la cuestión de la Concepción Inmaculada de la Santísima Virgen María[39].

         Hondamente arraigada y ampliamente extendida en España la llamada entonces “sentencia pía” de preservación de la Santísima Virgen de toda mancha de pecado en su Concepción, el rey Felipe III, deseando evitar  los frecuentes altercados públicos entre los inmaculatistas y antinmaculatistas, que sembraban de ordinario el escándalo entre los fieles, 1 de febrero de 1617 manda a Roma una comisión de eclesiásticos para pedir al papa la definición del misterio. Queriendo reforzar posteriormente la súplica con el apoyo de los mejores centros teológicos del reino, escribe a las universidades españolas para que se inclinen a favor de la definición por él solicitada.

         La universidad de Salamanca recibió la invitación a sumarse a los deseos del Rey, cuya cédula fue leída el 14 de agosto de 1617 en el Claustro de Diputados[40]. Cinco días más tarde se reunía el Claustro Pleno para solventar este negocio, qua atañía a toda la universidad[41]. A él asistieron los tres dominicos: Pedro de Herrera, Diego Girón y Francisco de Araújo.

         “El maestro fray Pedro de Herrera –dice el registro de claustros- fue de parecer que, aviéndose de dar parecer se junten los señores maestros en teología, y, no se aviendo de dar, se responda y se escriba a su Su Santidad determyne y difina el caso de que se trata”.

         Los maestros Girón y Araújo, como asimismo el Maestrescuela y el Vicerrector, presidente del claustro por ausencia del Rector, juzgaron inconveniente la junta de teólogos, debiéndose escribir sin más a su Santidad. El acuerdo fue contrario a estos últimos, y se determinó, conforme a la gran mayoría, que se reunieran previamente los teólogos.

         En la junta de teólogos comisionados, habida el martes 5 de septiembre, se encontraban los tres dominicos[42].En ella fue leída, después de la cédula de convocatoria, una carta del Padre Guardián del convento de San Francisco de la ciudad, Fr. Buenaventura de Monroy, en la que decía haberse enterado de la pretensión de los dominicos de formar parte de la asamblea de teólogos, cosa que era necesario evitar a toda costa, pues ya se sabía lo que pensaban y los estatutos prohibían la presencia en las reuniones de los que fueran parte interesada en el negocio a ventilar.

         No fue aceptada la súplica, pues también se conocía la opinión de otros maestros en esta materia, que, por supuesto, tendrían interés en sacar adelante su sentencia, y entonces no habría sido posible la junta. Se trataba de buscar un acuerdo, que expresara fielmente lo que pensaba la universidad sobre el problema, o al menos la mayoría de sus autoridades académicas.

        En la lectura de los pareceres de los maestros, y en el resultado final de la encuesta, no puede menos de sorprender cierta incongruencia. El maestro Herrera entregó un escrito, en el que figuraban “algunas autoridades de sanctos y autores que enseñaban la sentencia de Sancto Thomás en la materia de la Concepción de Nuestra Señora, ques la común de los sanctos y más conforme a su doctrina… Demás de lo qual dio su voto y parecer en scripto, abiéndolo dicho in voce”.

         Los maestros fr. Pedro Cornejo, fr. Juan García, fr. Diego López, fr. Diego Girón defienden con Herrera como más probable la doctrina antinmaculatista, y que el escrito, que se mande a su Santidad, no ha de manifestar el modo de pensar de la universidad, sino la súplica de que defina lo que el Espíritu Santo le alumbrare.

         Otros ocho maestros, de los quince reunidos, votaron a favor de la Inmaculada y de su definición como dogma de fe a solicitar de parte de la universidad al papa, y como apoyo a los comisionados en Roma por el Rey de España.

         El maestro Correa difirió su parecer para la votación secreta, y el maestro Francisco de Araújo, haciéndose eco de las dos sentencias, “dixo que a su Santidad se debe scribir la dos opiniones que ay contrarias, y que la de Sancto Thomás es conforme a los sanctos y Sagrada Scriptura, y que a su Santidad no se le scriba quál dellas se a de dterminar”.

         En suma la votación pública dio como resultado que, de los quince votantes ocho defienden la Inmaculada, seis la impugnan y uno se abstiene. La votación secreta, sin embargo –y aquí está la incongruencia- da doce votos en pro del privilegio mariano, y solamente tres en contra.

         Está por lo demás el caso especial del maestro Juan García, que comenzó rehusando votar en secreto, diciendo que ya había manifestado su voto en público y protestando que eso mismo votaría en secreto. Fue multado con diez ducados y se le amenazó con la “pena de excomunión mayor latae sententiae” si no votaba también en secreto, y al fin se rindió y emitió el voto en secreto, como los otros maestros.

         Vencidos estos primeros escollos, la doctrina inmaculatista caminó victoriosa de objetivo en objetivo. El 12 de septiembre fue aprobada de modo oficial por elclaustro pleno de la universidad y se acordó escribir al Suma Pontífice a favor de la definición. Al año siguiente, también en reunión plenaria, tenida el 17 de abril, se disputó largamente la conveniencia de hacer estatuto de que los graduandos por la universidad juren defender la opinión de la Inmaculada. Rezaba la cédula: “para tratar si será bien hacer estatuto de que los graduados por la universidad juren defender la oppinión de la pureza de la Concepción de Nuestra Señora y acordar en razón dello lo que más combenga”.

        El registro de claustros dice en el esa fecha que “los maestros fray Pedro de Herrera, fray Giego Girán, fray Francisco de Araújo, dominicos, dieron su voto por scripto, refiriéndolos en el dicho claustro, pidieron se pongan en él y se les dé testimonio. Los quales votos y paresceres están cosidos al fin deste libro”[43]. Los tres dominicos expusieron las razones que les movían a rechazar el pretendido juramento. Herrera, haciendo un alarde de deferencia, dijo:

         “Si el juramento que se trata de hazer es que todos los de la universidad tengan esta sentencia por probable y pía, yo soy el primero que vengo en el dicho juramento, porque en algún tratado cerca desto he hecho, para enviar a su Santidad he provado más larga y efficazmente que quantos yo he leydo de los authores antiguos y nuevos que tratan esta materia[44], que esta sentencia es muy probable y muy pía y muy devota, y que se haze muy gran servicio a Dios y a la Virgen en tenerla, defenderla y persuadirla sin emualación y contiendas… y assí yo soy el primero que lo voto, que lo juro y que lo tengo y enseño.

         “Pero, si el juramento ha de ser de ener ladicha sentencia por verdadera, yo dudo que nadie le pueda hazer, y estoy cierto que yo nolo puedo jurar, y juzgo que a la universidad no le esta bien hazer el dicho juramento y estatuto”[45].

         Protesta asimismo de que se pretenda un juramento con carácter obligatorio general para todos los que desean graduarse, pues se cerrarían con ello las puertas para muchos y desde luego para todos los dominicos, obligados también bajo juramento – por constitución- a seguir en todo la doctrina de Santo Tomás, y dispuestos a abandonar en masa -profesores y alumnos- la universidad, si se determinara englobarlos en el pretendido estatuto.

         “Miren Vuestras Mercedes –continuaba Herrera- si los servicios tan antiguos que mi Orden ha hecho a esta universidad desde que ella se fundó, el averla edificado, dádole rentas y alcançado de sus Magestades las tercias que tiene, que mi Orden las alcançó, el aver illustrado estos generales con la theología que ha enseñado, el aver gastado aquí en servicio de la escuela los hombres más doctos que en sus eras ha tenido el mundo, mereçe que Vuestras Mercedes agora les echen de la universidad y con título de devoción quieran  sus contrarios congraciar a Vuestras Mercedes, para que nos despidan de su serviçio”[46].

         Diego Girón resaltó cómo la posición de los dominicos no significa en modo alguno falta de devoción a la Santísima Virgen, cuyas glorias viene predicando como ninguna otra Orden desde su fundación, ni a desestima y deservicio a la universidad, ya que

         “es cosa cierta lo mucho que nuestra sagrada religión desea y a deseado siempre servir a esta insigne universidad, pues no contenta con traher de la universidad de París la persona del padre maestro Victoria, de gloriosa memoria, para que plantase en ella la buena theología que oi día con tantas ventajas goza entre todas las demás, para conservar aquella primera enseñanza que de tanta importancia a sido para la Iglesia de Dios, ha gastado aquí la vida de los hombres más insignes que en ella a avido: los  Sotos, Sotomayores, Canos, Mancios, Guzmanes, Medinas, Bañes, Luas y otros innumerables…

         “Y de los bienes temporales quales son las rentas que esta universidad goça, y las inmunidades y privilegios con que tan autorizada se halla, cierto es qua la mayor parte le a venido por la diligencia que aquellos padres antiguos, así cathedráticos dstas escuelas como obispos, en esta sancta iglesia hizieron con Sumos Pontífices y con los catholicísimos reyes de España, favoreciéndola o sirviéndola por mejor decir como verdaderos hijos suyos”[47].

         Francisco de Araújo juzga conveniente que suspenda el rector “hacer por agora el estatuto y espere a saber del gusto de su Majestad por carta suya, y para entonces verá y acordará vuestra Señoría lo que más fuere conveniente al servcio de Dios y de su Majestad el Rey nuestro señor”[48].

         Las salvedades de los dominicos fueron tenidas en cuenta, excluyéndolos del juramento y pidiendo la confirmación real y pontificia antes de etectuarlo, pero allí mismo se nombraron comisarios para la redacción del estatuto y del juramento inmaculatista.

         La inclusión de Pedro de Herrera entre los comisionadados al efecto es una prueba del modo sereno y digno de comportarse nuestros teólogos en la exposición de su actitud negativa frente a la mayoría.

         En el desarrollo posterior de los acontecimientos se mantuvieron al margen, dejando libre cauce a la devoción mariana, que consiguió a los pocos días la aprobación real y del juramento, y celebró fiestas con procesión, certamen, danzas, seis toros y la representación de un auto sacramental de Lope de Vega, compuesto para este efecto[49].

 

         2. Por lo que se refiere a la vida puramente interna universitaria, vacía, por consiguiente, de problemas doctrinales de fondo, Araújo catedrático novel y substituto, hombre sobre todo de ideas y poco propenso a la disputa, interviene sólo de tarde en tarde, a pesar de su regular asistencia a los claustros.

         Un asunto grave venía aquejando como mal endémico desde hacía tiempo al mundo universitario: los deanes que se cometían por los estudiantes durante la vacación delas cátedras. A todo lo largo del siglo XVII la decadencia de la disciplina escolar y el debilitamiento de la autoridad pública fueron pábulo continuo del natural instinto del estudiante al desgobierno. El libertinaje llegaba a su colmo preferentemente con motivo del llamado “paseo del rector”[50].

         En 1612 los excesos cometidos por los estudiantes obligaron a launivesidad a excusarse ante el ayuntamiento, y prometer la adopción de severas determinaciones –multas y cáceles- para extirpar de raíz los abusos.

         En 1621 los disturbios estudiantiles en los días 24 y 25 de  noviembre, los indicados para efectuar “el paseo del rector”, provocaron la reacción violenta de los ciudadanos, ocasionándose muertos por ambos bandos.

         De poco sirvieron las represalias. En 1626 el  ayuntamiento, el cabildo y la universidad acudieron al real consejo en busca de remedio a los deasfueros de la turba estudiantil, que irá, a pesar de ello, acrecentando su anarquía y sus desmanes conforme avanza el siglo[51].

         Otra de las circunstancias que más se prestaban a los alborotos y desórdenes entre los estudiantes era –decíamos- la provisión de las cátedras. El derecho al voto que les otorgaban los Estatutos hacía de ellos los provisores auténticos de sus catedráticos. Las normas vigentes regulaban con sanciones los más ligeros detalles respecto al modo de comportarse opositores y votantes, para evitar injusticias y sobornos en la concesión de la cátedra. Los disturbios sin embargo parecían irremediables.

        Durante mucho tiempo fue tema de discusión en los claustros los votos de los estudiantes en la provisión de las cátedras. Antes de suprimirlos por completo, se intentaron soluciones nuevas, corrigiendo parcialmente los antiguos estatutos. El 4 de noviembre de 1587 aprobaba Felipe II las normas redactadas por la universidad de Salamanca, que “aviendo visto la mucha deshorden que en el votar de las cathedras, que vacaban en esa dicha universidad, avía, quiso poner remedio mediante nuevos estatutos “con los quales cesarían los daños que hasta aquí avía abido”[52].

         Felipe III intervendrá también varias veces, y el 10 de diciembre de 1617 aprobará un nuvo sistema de provisión. En 1618 enviará al Licenciado Señor Don Gilimón de la Mota, que en el Claustro Pleno del 7 de junio “dixo que elprincipal motivo de ser enviado por su Majestad fue para tratar la buena provisión de cátedras, dados los disturbios a que da lugar el modo actual”[53]. Decide la asamblea el nombramiento de comisarios, que en presencia de Gilimón tengan sus juntas, donde se resuelva el viejo problema. Entre los señalados por el claustro se encuentra Pedro de Herrera, a quien supliría Diego Girón, cuando faltara el primero.

         El 6 de junio presentaron ya sus acuerdos al Claustro Pleno universitario para su discusión y aprobación. Con fecha 20 de octubre en Guadalupe eran confirmados desde el principio hasta el fin por el rey[54]. Se creyó haber resuelto definitivamente el caso, simplificando un tnto el sistema, pero la vida de los nuevos estatutos no pudo ser mas efímera. Alos dos meses se oyen de nuevo los lamentos del Real Consejo por “las turbaciones y alborotos” con que se procede en la provisión de las cátedras, que le deciden a una medida radical: manda al rector y al claustro que suspendanla provisión de las cátedras hasta nueva orden[55].

         Para la universidad estas medidas, además de humillar  a sus directores, que se proclamaban incapaces de sobreponerse a los desenfrenos de los estudiantes, atacan su misma contextura interna, la vitalidad de su sistema administrativo. Deseando salir de la crisis, el rector creyó haber concebido una solución luminosa, cuando en el Claustro Pleno del 5 de febrero de 1621 propuso, además de lo dispuesto por los estatutos para la buena provisión de las cátedras lo siguiente:

         “si convendrá pedir a su Magestad y a su Real Consejo que attento se ha visto por experiencia que en otras ocasiones a aprovechado aya estatuto de, quando se publicare cáthedra por vaca, se publique también censuras con latae sententiae por los generales, para que los estudiantes no victoreen de noche en quadrillas ni apelliden nationes ni convoquen ni se apelliden ni acompañen los oppositores ni negocien por ningún opositor negociación de dinero ni otra cosa, para que los oppositores de noche ni de día no negocien con los votos ni hablen por sí ni por tercera persona, ni junten naciones ni apandillen ni soliciten víctores de día ni de noche, directe ni indirecte, ni admitan acompañamientos ningunos ni se degen acompañar.

         “ Y que qualquiera opositor, que lo contrario hiciere per se vel alium directe vel indirecte, demás de incurrir en la censura, quede inhávil perpetuamente y de la tal inhabilidad se conozca de officio por el rector i consiliarios antes que se comienze a tomar votos, y se trate con el consejo si convendrá que la excomunión se trayga de su Santidad y a sí reservada, y que para la probanza en estas cossas vaste testigos singulares, como está dispuesto en otros casos por premáticas reales”.

         La propuesta no encontró eco en los asistentes, siendo el opositor más decidido el señor Maestrescuela, que, al ausentarse de la asamblea varios de los catedráticos, pretendió cerrar el claustro so pretexto de no formar número suficiente para continuarlo, recurriendo al uso de censuras para conseguir mejor su propósito. La reunión hubo al fin de disolverse muy a pesar del señor rector[56].

         Al día siguiente convocó de nuevo el Claustro Pleno “para tratar –dice en la cédula- los impedimentos que el señor Maestrescuela ha puesto y pone en los claustros, y sobre todo acordar lo que convenga y imbiar persona o personas a dar cuenta a su Magestad de lo que pasa”[57]. A él asistieron los consabidos padres dominicos Herrera, Girón y Araújo. Algunos disculparon la actitud del Maestrescuela, alegando que ya era tarde; que se habían salido muchas personas, y que a eso no puede llamarse propiamente impedir el Claustro. De todos los modos la mayoría se inclinó a negar al Maestrescuela el menor poder para impedir los claustros.

         Respecto al punto pendiente, que hacía referencia a la provisión de cátedras, Araújo optó por la reunión de comisarios, que se ocuparan de estudiar el medio para evitar tantos abusos y desenfrenos, y que, de no encontrar solución dentro de los elementos universitarios, urgía el nombramiento de alguien que expusiera el asunto ante el Consejo y atenerse al dictamen de la autoridad suprema.

         La conclusión a que llegó el personal directivo fue la denombrar en efecto comisarios, entre los que se enconraba Herrera, y la de mandar una representación de la universidad a la Corte, para que se estudiara también allí el caso. Entre los enviados al Cosejo figuraba Girón[58].

         El paso decisivo lo dio Felipe IV por real decreto fechado el 26 de mayo de 1623, qua anula la provisión por votos de los estudiantes y la pone en manos del Consejo Real[59]:

         “Don Phelipe, por la gracia de Dios Re de Castilla, de León, de Aragón… a vos, el rector y claustro del estudio y universidad de la ciudad de Salamanca, salud y gracia. Sepades que somos informados de los graves daños que se an experimentado de que en esa universidad las cathedras se probean por votos de estudiantes, sin que el cuydado que los del nuestro consejo a puesto en el remedio diversas vezes, y por diferentes caminos aya aprobechado para que en las probisiones cesasen sobornos, pasiones e inteligencias ylícitas, y se hiciesen con rectitud en maestros y personas idóneas, y que los daños cada día son mayores por causa de los dichos sobornos y otras diligencias, de que los oppositores se valen para salir con sus pretensiones, estorbando muchas veces por este camino la electión de los beneméritos, con grande ofensa de nuestro Señor y perjuycio del bien público y esneñanza de la jubentud, que en esa universidad se cría.

         “Y, porque a nuestro servicio combiene que las dichas cáthedras no se probean por ella, para que cesen los daños referidos, visto por los del nuestro Consejo, y con nos consultado, abemos tenido por bien que las dichas cáthedras se provean de aquí adelante en el nuestro consejo y no por vostos de estudiantes”[60].

         Las protestas de la universidad –de profesores y alumnos- obligaron al Consejo a ceder nuevamente en 1632, pero fue una conquista muy pasajera. Estaba dado el golpe de gracia a un procedimiento que tenía de existencia más de tres siglos.

         La universidad iba perdiendo su antigua independencia a la par que su antiguo prestigio, mientras por su parte el Estado acrecentaba su intervención directa en el gobierno de aquélla. En la tercera parte del presente estudio veremos cómo los intereses de este glorioso centro encontrarán ya menos eco en la corte, que dando al olvido sus antiguos méritos buscará inútilmente otros cauces para orientar las aficiones de la juventil estudiantil de España. A pesar de todo la lucha continuará desesperada todavía unos años.

 

         3. La Compañía de Jesús tardó en arreglar su buena relación con la universidad de Salamanca. Conocidos son sus frecuentes altercados con ella en el siglo XVI por su pretensión de enseñar públicamente en el colegio y con valor de verdaderos cursos universitarios. Más adelante analizaremos un hecho parecido. El problema a tratar ahora, en el que hubo de tomar parte el maestro Araújo, catedrático de sustitución, no es de tanta embergadura.

         El 19 de marzo de 1619 en la sesión pelanrio del claustro universitario hicieron acto de presencia dos regidores de la ciudad, suplicando una solución pronta y eficaz al lamentable estado en que se encontraba la enseñanza de la gramática:

         “la ciudad en diferentes ocasiones a suplicado se sirva de poner remedio en la enseñanza de la gramática, siendo como es principio y puerta para aprender las demás sciencias, de la qual enseñanza carecen los hijos desta ciudad, con lo qual se da ocasión a imbiarlos a otros estudios fuera desta ciudad, supplicando a la universidad que como madre de las sciencias, teniendo como tiene en las demás facultades maestros tan doctos, ponga en esta de gramática el remedio combeniente, siendo lo más esencial, y que, entre otras cosas que la ciudad entiende pedir a su Magestad, le ha de supplicar ponga en ésta remedio combeniente…”[61]

         Una intervención del rector asegurando que los padres de la Compañía que los padres de la Compañía pretendían sacar adelante el tomar por su cuenta la enseñanza de la gramática en las escuelas mínimas de la universidad fue el motivo de que se disputara en el Claustro sobre los dos temas –la enseñanza de la gramática y la supuesta pretensión de los jesuitas- de una manera conjunta.

        “E luego el señor rector dixo que, aunques verdad lo contenido en el dicho testimonio y que la ciudad desea toda quietud y se ponga remedio en la enseñanza de la gramática, se dice públicamente que los religiosos de la Compañía de Jesús pretenden se les dé la casa de las escuelas mínimas y la enseñanza e la gramática, lo qual es negocio grabísimo, y la universidad trate y confiera los dichos dos puntos, para que se acuerde lo que más combenga.

         “El maestro Andrés de León dixo haber venido a su noticia que, aunque la ciudad dice se ponga remedio para la buena enseñanza de la gramática, que los religiosos de la Compañía de Jesús la quieren enseñar y que se les dé el colegio trilingüe descuelas mínimas, es voto y parecer la universidad salga a ello y que no sólo no se les den, mas que no se ponga en plática tal cosa, y sobre ello se responda a la ciudad.

         “El doctor Antonio Pichardo Vinuesa dixo que en muchas ocasiones ha visto tratar deste negocio a la universidad y pedídosele las clases de gramática para las leer los padres de la Compañía y nunca se les a concedido, y el gran fruto, que, en todas partes donde enseñan, hacen, es notorio, y el haver tan pocos sugetos naturales de Salamanca, es la ocasión de no se enseñar estos principios de raíz, y leyendo los dichos padres estas cáthedras será de grande utilidad. Y la ciudad está determinada a pedirlo ansí a su Magestad en cortes, y, si a la universidad le parece que le combiene poner remedio en esta buena enseñanza, es de parecer que los dichos religiosos de la Compañía lean las dichas cathedras de gramática y se les dé y conceda lo que la ciudad pude.

         “El padre maestro fray Pedro de Herrera dixo que la ciudad no pide más de que se ponga el remedio combeniente para la buena enseñanza de la gramática, y que otras veces se ha tratado de que los padres de la Compañía lean las cathedras de gramática y siempre se a negado y así no se puede tratar ya de ello, y, si es gracia, ya está contradicho, y, si gobierno, a de venir en ello la mayor parte del claustro.

         “Y que, si los religiosos de la Compañía, por no enseñar la dicha facultad de gramática como combiene, se les a quitado en Pamplona, Çaragoza, y en otras muchas partes que la leýan, así es de parecer no se les dé lugar a que la lean en la universidad ni se les den las escuelas mínmas para ello, y sobre todo la universidad ponga todas sus fuerzas y se nombre personas, que sobre ello a Madrid, y que, si es menester,dará las razones por scripto, y se nombren comisarios para responder a la ciudad.

         “El señor doctor don Antonio Pichardo Vinuesa, reformando su voto, dixo es de parecer no se den las dichas escuelas mínimas a la Compañía para leer la gramática y lo contradice.

         “El doctor don Juan de Pareja dixo ser voto y parecer no se den las dichas escuelas mínimas a la Compañía, y la universidad salga a ello y ponga su ombre con todas sus fuerzas a onde combenga…”.

         Solamente uno, el maestro Gonzalo Correa, se pronunció a favor de los padres de la Compañía. Los demás o se deckararon contrarios a que la enseñanza de la gramática se otorgara a los jesuitas o prefirieron dividir los dos problemas ofrecidos a discusión, el presentado por los corregidores de la ciudad, al que se debía proveeer rápidamente, y el aparecido luego sobre los deseos de la Compañía, que se debía dejar para cuando se confirmaran los rumores y hubiera una petición en forma.

         El padre Araújo distingue también los dos asuntos propuestos, pero, aprovechando el acuerdo establecido hacía cuatro días a propósito de la ayuda solicitada por San Esteban al Capítulo Provincial de los dominicos, negó que se pudiera tratar nuevamente la cuestión de los jesuitas, pues había sido ya rechazada antes por la universidad.

         “El maestro Francisco de Araúxo dixo ser de parecer que el recado de la ciudad es en orden a que se remedie la enseñanza de la gramática, y así es de parecer se haga y se nombre comisión para responder a la ciudad, y no se puede tratar de lo demás por estar negado”[62].

         Las decisiones finales del cuerpo directivo universitario recayeron sobre ambos puntos, comisionando a los personajes que debían tratarlos directamente.

         “Conforme a lo qual –dice el claustro- el acuerdo de la dicha universidad fue se nombren comisarios para responder a la ciudad que, si para la enseñanza de la gramática sienten algo que remediar, la universidad lo remediará, y asimismo representar las razones que ay por donde combiene dar a la Compañía de Jesús las escuelas mínimas para la enseñanza della, y sobre ello la univesidad haga todo aquello que combenga, poniendo todas sus fuerzas para ello”.

         Fue encargado de evitar en Madrid la concesión de las escuelas a la Compañía el doctor Juan de Pareja, y para escribir al maestro Antonio Pérez, que se hallaba en Madrid, para que se interesase en los asunto de la universidad el maestro Luis Bernardo.

 

         4. En el claustro pleno de 11 de enero de 1219 el señor rector comunicó a la asamblea la conveniencia de proveer en la persona del gran hebraísta dominico fray Pedro de Palencia “un partido de hebreo” o cátedra extraordinaria, vacante desde hacía cuatro años”[63].

         Era natural del pueblecito salmantino de Palencia de Negrilla, en La Armuña. Había sido profesor de “Prima Hebreo” en la universidad de Alcalá. Fue autor de varios libros sobre la lengua hebrea, de los que sólo uno hallegado hasta nosotros: Tratado acerca de la lectura de los rabinos. Era un hombre muy familiar a la ciudad de Salamanca, que había solicitado varias veces sus servicios. Al encontrarse ahora jubilado en la ciudad del Tormes, pensó la universidad en él, para utilizarlo ampliamente en la docencia de la cátedra vacante de hebreo.

        Era prior entonces en el convento de los dominicos desde el 5 de febrero de 1618 el maestro fray Pedro de Herrera, conocedor de los deseos que abrigaba el prestigioso centro. El historiador Esteban de Mora, O. P., supone muy con acierto que la Navidad de ese año la pasó fuera, en Madrid, el padre prior, pues en la vigilia de la pascua, después de la Calenda según el libro de profesiones hacía los votos religiosos un novicio en manos del subprior del convento, y la partida de gastos habla el 4 de febrero de 1619 de un viaje del P. Prior a Madrid, para pedir limosna a su Majestad para las grandes obras que se estaban llevando a cabo en el convento de San Esteban[64].

         Esta suposición queda confirmada por la noticia que nos proporciona el registro de claustros de la universidad de  Salamanca, que nos coloca en Madrid a fray Pedro de Herrera el 11 de enero de 1619. El substituto de Herrera declaraba en la asamblea haber recibido carta de Madrid para que, en caso de pretender la universidad la provisión del partido de hebreo, impidiera que se llevara a efecto hasta hasta su vuelta de la corte.

         Si, como supone también Esteban de Mora, el viaje a Madrid del Prior de San Esteban en una fecha tan indicada para hallarse en su convento, no debió ser exclusivamente monetaria, sino la de corresponder a la gracia concedida por Felipe III a un ilustre hijo del convento de San Esteban, Antonio de Sotomayor, a perpetuidad desde entoncs para la Orden, de una plaza en el Consejo Supremo de la Inquisición, es necesario considerarle ausente desde el día 16 de diciembre, fecha de la concesión de la gracia.El convento celebró lanueva con grandes manifestaciones de júbilo, y la universidad en el Claustro Pleno de que venimos hablando decidió “ser justo darle  la norabuena”.

         A pesar de la oposición de Araújo, “en nombre de su provincial y del padre Prior de su casa”, a que se concedira a fray Pedro de Palencia una cátedra de hebreo antes de venir Herrera de la Corte, el claustro prosiguió sus gestiones para sacer adelante el propósito.

         El maestro Palencia, mandado entrar en el claustro, manifestó a los profesores congreados la importancia de esta disciplina y la necesidad de su enseñanza en la universidad. Se trajo a colación el malestado de vista, pero no se dio a este defecto gran importancia, de modo que el claustro terminó proveyéndole el mencionado partido de hebreo.

         Todavía fueron necesarias bastantes gestiones para conseguir la universidad su propósito, pues,alserles concedidas a los dominicos en 1206 y en 1208 dos cátedras de teología a perpetuidad, tenían la obligación de abandonar las otras.

         5. Los libros de caja del convento de San Esteban acusaban, según el historiador dominico P. fray José Barrio, el 16 de febrero de 1621 las cuentas del priorato de Pedro de Herrera, ya electo obispo de Canarias[65]. La noticia del nombramiento fue comunicada a la universidad de Salamanca por el propio Herrera en el Claustro Pleno del 26 de marzo de 1621:

         “Su señoría el padre maestro fray Pedro de Herrera dio cuenta a la uiversidad de la merced que su Magestad leha hecho, aunque indigno, del obispado de Canaria, cuya meced debe a la universidad por ser hijo suyo, ofreciendo el servir a la universidad y no despidiéndose de ella, porque tendrá muy en la memoria el reconocimiento debido al ser maestro de la universidad, pidiendo perdón de las faltas, que a avido y no aber cumplido con las obligaciones que a tenido a la universidad”.

         Durante su priorato se había celebrado en el convento de San Esteban un Capítulo Provincial electivo por disposición del entonces Provincial fray Antonio de Sotomayor, que había sido recientemente incorporado al Supremo Tribunal de la Inquisición, y que deseó hacer este honor a su convento, al terminar la dirección de la Provincia de España.

         Fray Pedro de Herrera, de un dinamismo extraordinario y verdadero hombre de gobierno, además de excepcional catedrárico, tomóaa su cargo, como prior del convento, el preparar una acogida digna y una estancia agradable a los numerosos participantes. En el Claustro de Diputados del 4 de marzo de 1619 Pedro de Herrera se expresaba en estos términos:

         “en el mes de abril deste año mi Orden celebra capítulo en el dicho collegio y casa de Vª Sª, donde se juntan todas las personas graves y calificadas destaProbincia y en tan gran número que con los conventuales llegarán a quinientos religiosos, por lo qual los gastos abrán de ser muy excesivos y extraordinarios, y muy mayores de los que otras veces se suelen hacer, y de los que las casas de la Provincia podrán pagar por estar todas muy alcanzadas.                  

         “Por estas razones me veo obligado a hacer diligencia para juntarlos alguna limosna, y en particular de supplicar instantísimamente a Vª Sª que se sirva de favorecernos y ayudarnos, merced conforme a su grandeza, mobiéndose a ello por los muchos servicios que de las historias consta haver hecho esta religión a la escuela así en la hacienda como en la doctrina, y lo poco que en toda la vida le molesta en semejantes peticiones, y las muchas y muy largas limosnas y mercedes que Vª Sª haced de ordinario a las casas de sus cathedráticos y ministros en sus necesidades, y ninguna ni muchas juntar ha servido lo que la dicha religión a servido a Vª Sª, ni hecho el fruto en la universidad que ella a hecho.

        “Por todo lo qual mi Orden, y yo en su nombre la esperamos recibir señaladísima, y reconoerla y publicar por el mundo conforme a nuestra obligación”[66].

         Fue propuesta a votación de los asistentes la entrega al convento de San esteban como ayuda a los gastos del Capítulo Provinial de cien ducados, cien fanegas de trigo y otras ciento de cebada. Un solo voto en contra era suficiente en las concesiones gratuitas, para que no se otorgara la gracia. Los dominicos hubieron de contemplar con dolor la negativa de uno delos asistentes, que en la votaciónsecreta introdujo un agallo negro en la bolsa blanca del escrutinio. Para este individuo los razonamientos de Herrera sobre los grandes servicios hechos durante siglos por la Orden de Predicadores en apoyo de la universidad debieron caer en el vacío.

         De todas formas pudiera tal vez tratarse, no ya de un actode ingratitud para el convento de San Esteban, sino de un mero descuido. Así lo manifestó el rector en otro Claustro de Diputados, habido el 15 demarzo. Considerando que debió ser un yerro el voto negro anterior, propone volver a tratar la cuestión de la limosna solicitada por el convento de San Esteban.

         La propuesta fue aceptada unánimemente. Fray Pedro de Herrera hubo de comenzar de nuevo a hablar de los grandes servicios prestados por los dominicos a la universidad. Se sometió luego a votación  la entrega de doscientos ducados, a pagar cien en el presente año y los otros ciento al hacerse las cuentas generales del año siguiente. Estavez todos asistieron.

         La universidad aprovechó el incidente para declarar que en el futuro las cosas de gracias,negadas por algún votante, no deben concederse ni tampoco ser tratadas de nuevo[67].

         El Capítulo Provincial de los dominicos dio comienzo el 21 de abril con esplendor desacostumbrado, según lo refiere el padre José Barrio, historiador del convento de San Esteban, que aprovecha las notas de un testigo presencial, el padre fray Francisco Manuel, entonces subprior de dicho convento[68].

         La universidad de Salamanca, además de los cumplimientos oficiales, como lo hicieron también el señor Obispo y el cabildo y las autoridades civiles de la ciudad, organizó dos disputas escolásticas “para que los religiosos del capítulo de Santo Domingo –se dice en el Registro de Claustros- gozen dellas”[69].

 (Continuará) 

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[38]  HH. San Esteban I, págs. 583 – 584. En la testificación jurada para el grado de licencia en la universidad de Salamanca se dice: “es muy honesto, recogido, de buena fama y costumbres” (AUS 782, f. 21v ).

[39]  Sobre la cuestión de la Inmaculada en esta  época en la universidad de Salamanca es abundante la bibliografía, mereciendo atención especial los siguientes estudios: Luis Rodríguez Miguel, El Dogma de la Inmaculada en la Univesidad de Salamanca, en “Basílica Teresiana” 87 (1904) págs. 364ss, 88 (1905) págs. 11ss;  Antonio Pérez, S. J., La Universidad de Salamanca y la Purísima Concepción, en “Razón y Fe” 11 (1905) págs. 333ss y 452ss; más amplio y completo es el estudio de Florencio Marcos Rodríguez, La Universidad de Salamanca y la Inmecuada, en “Salmanticensis” 1 (1954) págs. 539-605.

[40]  AUS 85, Registro de Claustros, fol. 70v.

[41]  Ib., fols. 72-73.

[42]  AUS 85, fols. 81-85.

[43]  Los votos por escritode los tres dominicos se encuentrasn en AUS 86, fols. 118-123.

[44]  Creemos que no es exacta la interpretación que hemos visto dada a esta palabra, al transcribir “mal” en vez de “materia”. El signo de abreviación es minúsculo y tenue.

[45]  AUS 86, fol. 118.

[46]  AUS 86, fol.119.

[47]  AUS 86, fol. 120.

[48]  AUS 86, fol. 123.

[49]  AUS 86, fols. 85-87 y 1003v, 107, 108v; AUS 87, fols. 7-15.

[50]  El calendario escolar conocía dos días señalados para el “acompañamiento o paseo del rector”, el 25 de noviembre  (fiesta de Santa Catalina mártir) y el día 6 de diciembre (fiesta de San Nicolás). En ambos se dispensaban las clases y eran aprovechados por los alumnos desde la noche precedente para sus diversiones. El acompañamiento se hacía a las primeras vísperas y a la misa; per ello en el día anterior clases de vísperas se tenían en la mañana, siendo el margen de vacación más amplio.

[51]  Una visión sobre el ambiente estudiantil de la época puede leerse en M. Villar y Macías, Historia de Salamanca, vol. II, Salamanca 1887, pág. 455ss.

[52][52]  Enrique Esperabé Arteaga, Historia pragmática e interna de la Universidad de Salamanca, 2 vols. Salmanca 1914 y 1917, t. I, pág. 589 ss.

[53]  AUS 86, Registro de Claustros, fol. 57v.

[54]  AUS 87, fol. 3v.

[55]  AUS 87, fol. 17vs.

[56]  AUS 89, fols. 24v-26.

[57]  AUS 89, fol. 26v.

[58]  AUS 89, fols. 28v-29. 

[59]  AUS 91, Registro de Claustros, fols. 33-37.

[60]  AUS 91, fols. 36v-37. Publicado por la obra ya citada de  E. Esperabé, Historia pragmática... t. I, pág. 735.

[61]  AUS 87, Registro de Claustros, fol. 32v.

[62]  AUS 87, fol. 33v.

[63]  AUS 87, fols. 22-23. Sobre fray Pedrode Palencia véanse los articulos de Vicente Beltrán de Heredia, o. p., Un gran hebraísta olvidado, en “La Ciencia Tomista” 23 (enero-junio 1921) págs. 5-19; 24 (julio-diciembre 1921) págs. 41-57.

[64]  Esteban de Mora, Historia Annalística…, vol. IV, págs. 801-802.

[65]  HH. San Esteban, t. II, pág. 836.

[66]  AUS 87, fols. 31-32.

[67]  AUS 87, fol. 31v.

[68]  HH. San Esteban, t. II, págs. 825-826.

[69]  AUS 87, fol. 42.

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