|

Pulsar sobre el icono para acceder a una
actividad interactiva de ayuda para el estudio de esta
información
Arte Mayor: Rima Consonante
Pareados
Y antes que poeta, mi deseo primero
hubiera sido ser un buen banderillero.
Manuel Machado
Yo sólo que nací para tormentos,
estoy en todos estos elementos:
la boca tengo en aire suspirando
el cuerpo en tierra está peregrinando,
los ojos tengo en llanto noche y día,
y en fuego el corazón y la alma mía.
Francisco de Quevedo
Sire de ojos azules, gracias: por los laureles
de cien bravos vestidos de honor; por los
claveles
de la tierra andaluza y la Alhambra del
moro;
por la sangre solar de una raza de oro;
por la armadura antigua y el yelmo de la
gesta;
por las lanzas que fueron una vasta floresta
de gloria y que pasaron Pirineos y Andes;
por Lepanto y Otumba; por el Perú, por Flandes
Rubén Darío
Tercetos
Fragmento
de Elegía a Ramón Sijé
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos, mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos. ( ...)
Miguel
Hernández
No me conformo, no: ya es tanto y tanto
idolatrar la imagen de tu beso
y perseguir el curso de tu aroma.
Un enterrado vivo por el llanto,
una revolución dentro de un hueso,
un rayo soy sujeto a una redoma.
Miguel Hernández
Cuartetos
¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta cubierta de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?
Lope de Vega
Aquí yacen de Carlos los despojos:
la parte principal volvióse al cielo;
con ella fue el valor, quedóle al suelo
miedo en el corazón, llanto en los ojos.
Fray Luís de León
Una, dos, tres estrellas, veinte,
ciento,
mil, un millón, millares de
millares,
¡válgame Dios, que tienen
mis pesares
su retrato en el alto
firmamento!.
Diego de Silva y Mendoza
No me conformo, no: me desespero
como si fuera un huracán de lava
en el presidio de una almendra esclava
o en el penal colgante de un jilguero.
Besarte fue besar un avispero
que me clava al tormento y me desclava
y cava un hoyo fúnebre y lo cava
dentro del corazón donde me muero.
Miguel Hernández
Serventesios
Mi infancia son recuerdos de un patio de
Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de
Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no
quiero.
Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de
tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.
Antonio Machado
En otros siglos de ambiciones locas
fundaron esta torre mis abuelos;
dieronle base las gigantes rocas,
y a sus almenas pabellón los cielos.
Fray Luís de León
Yo soy aquel que ayer no más decía
el verso azul y la canción profana,
en cuya noche un ruiseñor había
que era alondra de luz por la mañana.
Rubén Darío
Con varios ademanes horrorosos
los montes de parir dieron señales:
consintieron los hombres temerosos
ver nacer los abortos más fatales.
Félix María Samaniego
Cuaderna vía
Era un simple clérigo, pobre de clerecía,
dicié cutiano missa de la sancta María;
non sabié decir otra, diciéla cada día,
más la sabié por uso que por sabiduría.
Gonzalo de Berceo
Quintetos
El buen caballero partió de su tierra;
allende los mares la gloria buscó;
los años volaban, se acabó la guerra;
y allende los mares hasta él voló,
voló un triste viento de su dulce tierra.
Pablo Piferrer
Desierto está el jardín... de su tardanza
no adivino el motivo... el tiempo avanza...
duda tenaz, no turbes mi reposo.
Comienza a vacilar mi confianza...
el miedo me hace ser supersticioso.
Ricardo Gil
Marchando con su madre, Inés resbala,
cae al suelo, se hiere, y disputando
se hablan así después las dos llorando:
- ¡Si no fueras tan mala! - No soy mala.
- ¿Qué hacías al caer?. - Iba rezando.
Ramón de Campoamor
Lira
Si de mi baja lira
tanto pudiese el son, que en su momento
aplacase la ira
del animoso viento
y la furia del mar y el movimiento...
Garcilaso de la Vega
Sexta Rima
Mas no le faltaba con quietud segura
de varios bienes rica y sana vida;
los anchos campos, lagos de agua pura;
la cueva, la floresta divertida,
las presas, el balar de los ganados,
los apacibles sueños no inquietados.
Nicolás Fernández Moratín
El jardín puebla el triunfo de los pavos
reales;
parlanchina, la dueña, dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión. ( ...)
Rubén Darío
Octava Real
El murmullo del agua, el son del viento,
el susurro del bosque estremecido
por sus inquietas ráfagas, el lento
arrullo de la tórtola, el graznido
del cuervo vagabundo, todo acento
por ave, fiera o eco producido,
el nombre santo de su Dios pronuncia,
su gloria canta, su poder anuncia.
José Zorrilla
No las damas, amor, no gentilezas
de caballeros canto enamorados,
ni las muestras, regalos y ternezas
de amorosos afectos y cuidados;
mas el valor, los hechos, las proezas
de aquellos españoles esforzados,
que a la cerviz de Arauco no domada
pusieron duro yugo por la espada.
Alonso de Ercilla
¡Pobre Teresa! Cuando ya tus ojos
áridos ni una lágrima brotaban,
cuando ya su color tus labios rojos
en cárdenos matices cambiaban,
cuando de tu dolor tristes despojos
la vida y su ilusión te abandonaban
y consumía lenta calentura
tu corazón al par de tu amargura.
José de Espronceda
Aquella voluntad honesta y pura
ilustre y hermosísima María,
que en mí de celebrar tu hermosura,
tu ingenio y tu valor estar solía,
a despecho y pesar de la ventura
que por otro camino me desvía,
está y estará en mí tanto clavada,
cuanto del cuerpo el alma acompañada.
Octava Italiana
¡Silencio! ¡En el misterio de las tumbas
la eternidad esconde su destino!
Húndete, pensamiento, en el mezquino
lugar de corrupción.
Tus atrevidas alas impotentes
al alzarse aumentaron tu caída;
confúndete, ya está desvanecida
tu orgullosa ilusión.
Ángel María Dacarrete
Copla de Arte Mayor
Así lamentaba la pía matrona
al hijo querido que muerto tú viste,
haciéndole encima semblante de triste,
según al que pare hace la leona;
pues donde podría pensar la persona
los daños que causa la triste demanda
de la discordia el reino que anda,
donde no gana ninguno corona.
Juan de Mena
Tu aliento es el aliento de las flores;
tu voz es de los cielos armonía;
es tu mirada el esplendor del día,
y el color de la rosa es tu color.
Tú prestas nueva vida y esperanza
a un corazón por el amor ya muerto;
tú creces de mi vida en el desierto
como crece en un páramo la flor.
Gustavo Adolfo Bécquer
Al muy prepotente don Juan el segundo,
aquél con quien Júpiter tuvo tal zelo
que tanta de parte le fizo del mundo
quanta a sí mesmo se fizo del çielo;
al grand rey d'España, al Çesar novelo,
al que con Fortuna es bien fortunado,
aquél en quien caben virtud e reinado;
a él, la rodilla fincada por suelo,
Juan de Mena
Décima o Espinela
¿Dónde está ya el mediodía
luminoso en que Gabriel
desde el marco del dintel
te saludó: -Ave María?.
Virgen ya de la agonía,
tu hijo es el que cruza ahí.
Déjame hacer junto a ti
ese augusto itinerario.
Para ir al monte del Calvario
cítame en Getsemaní.
Gerardo
Diego
Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,
y con pobre mesa y casa,
en el campo deleitoso
con sólo Dios se compasa,
y a solas su vida pasa,
ni envidiado ni envidioso.
Sonetos
A una
nariz
Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un pez espada muy barbado.
Érase un reloj de sol mal encarado,
érase un alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón mas narizado.
Érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
las doce tribus de narices era.
Érase un naricísimo infinito,
muchísima nariz, nariz tan fiera,
que en la cara de Anás fuera delito.
Francisco de Quevedo
Soneto
difícil
Es el amor, según abrasa, brasa;
es nieve a veces puro hielo, hielo;
es a quien yo pedir consuelo suelo,
y saco poco de su escasa casa.
Es un ardor que a quien traspasa, pasa,
y como a veces yo paselo, selo;
es un pleito do no hay apelo, pelo;
es del demonio que le amasa, masa.
Tirano a quien el Cielo inspira ira;
un ardor que si no se mata, mata;
gozo, primero que cumplido, ido;
flechero que al que se retira, tira;
cadena fuerte que aun de plata, ata;
y mal que a muchos ha tejido nido.
Francisco de Quevedo
Amor me ocupa el seso y los sentidos;
absorto estoy en éxtasi amoroso;
no me concede tregua ni reposo
esta guerra civil de los nacidos.
Explayóse el raudal de mis gemidos
por el grande distrito y doloroso
del corazón, en su penar dichoso,
y mis memorias anegó en olvidos.
Todo soy ruinas, todo soy destrozos,
escándalo funesto a los amantes,
que fabrican de lástimas sus gozos.
Los que han de ser, y los que fueron antes,
estudien su salud en mis sollozos,
y envidien mi dolor si son constantes.
Francisco de Quevedo
Un soneto me manda hacer Violante,
y en mi vida me he visto en tal aprieto;
catorce versos dicen que es soneto,
burla burlando van los tres delante.
Yo pensé que no hallara consonante,
y estoy en la mitad de otro cuarteto:
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.
Por el primer terceto voy entrando
y aún parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.
Ya estoy en el segundo, y aún sospecho
que estoy los trece versos acabando:
contad si son catorce y está hecho.
Lope de Vega
Echado está por tierra el fundamento
que mi vivir cansado sostenía.
¡Oh, cuánto bien se acaba en un solo día!
¡Oh, cuántas esperanzas lleva el viento!
¡Oh, cuán ocioso está mi pensamiento
cuando se ocupa en bien la de cosa mía!
A mi esperanza, así como a baldía
mil veces la castiga mi tormento.
Las más veces me entrego, otras resisto
con tal furor, con una fuerza nueva,
que un monte puesto encima rompería.
Aquéste es el deseo que me lleva
a que desee tornar a ver un día
a quien fuera mejor nunca haber visto.
Lope de Vega
Al tramontar del sol, la ninfa mía,
de flores despojando el verde llano,
cuantas troncaba la hermosa mano,
tantas el blanco pie crecer hacía.
Ondeábale el viento que corría
el oro fino con error galano,
cual verde hoja del álamo lozano
se mueve al rojo despuntar del día;
mas luego que ciñó sus sienes bellas
de los varios despojos de su falda
(término puesto al oro y a la nieve),
juraré que lució más su guirnalda
con ser de flores, la otra ser de estrellas,
que la que ilustra el cielo en luces nueve.
Góngora
La dulce boca que a gustar convida
un humor entre perlas destilado
y a no envidiar aquel licor sagrado
que a júpiter ministra el garzón de Ida,
amantes, no toquéis si queréis vida;
porque entre un labio y otro colorado
Amor está, de su veneno armado,
cual entre flor y flor sierpe escondida,
No os engañen las rosas, que a la aurora
díréis que, aljofaradas y olorosas,
se le cayeron del purpúreo seno;
manzanas son de Tántalo, y no rosas,
que después huyen del que incitan ahora,
y sólo del amor queda el veneno.
Góngora
No destrozada nave en roca dura
tocó la playa más arrepentida,
ni pajarilla de la red tendida
voló más temeroso a la espesura,
bella ninfa, la planta mal segura,
no tan alborotada ni afligida,
hurto de verde prado, que escondida
víbora regalaba en su verdura,
como yo, amor, la condición airada,
las rubias trenzas y la vista bella
huyendo voy, con pie ya desatado,
de mi enemiga en vano celebrada.
Adiós, ninfa cruel; quedaos con ella,
dura roca, red de oro, alegre prado.
Góngora
Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.
El aire es inmortal. La piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.
Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.
Llena pues de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.
Federico García Lorca
No me conformo, no: me desespero
como si fuera un huracán de lava
en el presidio de una almendra esclava
o en el penal colgante de un jilguero.
Besarte fue besar un avispero
que me clava al tormento y me desclava
y cava un hoyo fúnebre y lo cava
dentro del corazón donde me muero.
No me conformo, no: ya es tanto y tanto
idolatrar la imagen de tu beso
y perseguir el curso de tu aroma.
Un enterrado vivo por el llanto,
una revolución dentro de un hueso
Miguel Hernández
De arriba abajo o bien de abajo arriba
este camino lleva hacia sí mismo
simulacro de cima ante el abismo
árbol que se levanta o se derriba
quien en la alterna imagen lo conciba
será el poeta de este paroxismo
en un amanecer de cataclismo
náufrago que a la arena al fin arriba
vanamente eludiendo su reflejo
antagonista de la simetría
para llegar hasta el dorado gajo
visionario amarrándose a un espejo
obstinado hacedor de la poesía
de abajo arriba o bien de arriba abajo.
Julio Cortázar
Mientras por competir con su cabello,
oro bruñido al sol reluce en vano;
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;
Mientras a cada labio, por cogello,
siguen más ojos que al clavel temprano;
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello:
Goza cuello, cabello, labio y frente
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lilio, clavel, cristal luciente,
No sólo en plata o vïola troncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en
nada.
[Arriba]
Arte Mayor: Rima Asonante
Romance heroico
Entran de dos en dos en la estacada,
con lento paso y grave compostura,
sobre negros caballos, ocho pajes,
negras la veste, la gualdrapa y plumas;
después cuatro escuderos enlutados,
y cuatro ancianos caballeros, cuyas
armas empavonadas y rodelas
con negras manchas que el blasón ocultan,
y cuyas picas que por tierra arrastran
sin pendoncillo la acerada punta,
que son, van tristemente publicando,
de la casa de Lara y de su alcurnia...
Duque de Rivas
[Arriba]
Rima Consonante Arte Menor
Aleluyas
La primavera ha venido.
Nadie sabe cómo ha sido.
Antonio Machado
Yo vi sobre un tomillo
quejarse a un pajarillo
viendo su nido amado
de un labrador robado.
Esteban Manuel de Villegas
Cuando entre la sombra oscura
perdida una voz murmura
turbando su triste calma,
si en el fondo de mi alma
Gustavo Adolfo Bécquer
Ver otro cielo, otro monte,
otra playa, otro horizonte.
Julián del Casal
Tercetillos
Aquí yace un contador
que jamás erró una cuenta
a no ser a su favor.
Anónimo
Granada, Granada,
de tu poderío
ya no queda nada.
Francisco de Villaespesa
Busca a tu complementario
que marcha siempre contigo
y suele ser tu contrario.
Antonio Machado
A todos nos han cantado
en una noche de juerga
coplas que nos han matado.
Antonio Machado
Toíto te lo pasaba...
y ahora como no te quiero
se acabó lo que se daba.
Manuel Machado
Se miente más de la cuenta
por falta de fantasía:
también la verdad se inventa.
Antonio Machado
Cuartetas
En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día
ya no siento el corazón.
Antonio Machado
Guarde para su regalo
esta sentencia el autor:
si el sabio no aplaude, malo;
si el necio aplaude, peor.
Tomás de Iriarte
¡Chust!, geniecillos, ¡qué empeño
de hablar si el poeta calla!
Estaba enhebrando un sueño
y me habéis roto la malla...
Amado Nervo
Sombra, triste compañera
inútil, dócil y muda,
que me sigues dondequiera
pertinaz, como la duda.
Manuel Machado
Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
mil veces ciento, mil;
mil veces mil, un millón.
Antonio Machado
Redondillas
Jura Don Juan por su vida
que nunca cena en su casa
y es que sin cenar se pasa
cuando otro no le convida.
Anónimo
Te habrán dicho los espejos
que son tus labios muy rojos,
que son muy negros tus ojos,
que fuego son tus reflejos,
José Mª Gabriel y Galán
Cultivo una rosa blanca,
en julio como en enero,
para el amigo sincero
que me da su mano franca.
José Martí
Yo para todo viaje
siempre sobre la madera
de mi vagón de tercera
voy ligero de equipaje.
Antonio Machado
Quevedo, qué recia lidia
trabaste en tu triste España
con la entraña de su entraña
carcomida de la envidia.
Miguel de Unamuno
Un ladrón y otro perverso
desterraron a Pedrosa,
porque les predica en prosa
lo que yo les digo en verso.
Juan de Tassis y Peralta
Un galán enamorado
de mal de amores ha muerto,
y el efecto ha descubierto
que era dolor de costado.
Alonso de Ledesma
Deja que tus plantas bese
por la merced recebida,
pues el cobrar nueva vida
por ella es bien que confiese.
Quintillas
Oficio noble y bizarro
de entre todos el primero
porque en el arte del barro
Dios fue el primer alfarero
y el hombre el primer cacharro.
Anónimo
Si el hombre debe callar,
cállese y cumpla su sino
que lo que importa en andar...
andar es sembrar camino
y morir es despertar.
Emilio Prados
Nadie se atreve a salir;
la plebe grita indignada,
las damas se quieren ir
porque la fiesta empezada
no puede ya proseguir.
Nicolás Fernández de Moratín
Como un pájaro, ligera,
cruza la mar una nave
que alguno con ansia espera:
—¿A dónde va? —Dios lo sabe;
—¿Arribará? —Dios lo quiera.
Bustillo
Por quereros, ser perdido
pensaba, que no culpado;
mas que todo lo haya sido
así me lo habéis mostrado,
que lo tengo bien sabido.
Garcilaso de la Vega
En tu cariño pensando,
en vela pasaba el día...
y por la noche, soñando,
soñando que no dormía.
Tu querer me va matando.
Manuel Machado
Cuado pasa el Nazareno
de la túnica morada,
con la frente ensangrentada,
la mirada del Dios bueno
y la soga al cuello echada...
El pecado me tortura,
las entrañas se me anegan
en torrentes de amargura,
y las lágrimas me ciegan,
y me hiere la ternura...
Hoy que con los hombres voy,
viendo a Jesús padecer,
interrogándome estoy:
¿Somos los hombres de hoy
aquellos niños de ayer?
José María Gabriel y Galán
Sé que, corriendo, Lucía,
tras criminales antojos,
has escrito el otro día
una carta que decía:
"Al espejo de mis ojos".
Y, aunque mis gustos añejos
marchiten tus ilusiones,
te han de hacer ver mis consejos
que contra tales espejos
se rompen los corazones.
Después de saber, lector
la historia del pergamino,
¿qué importa ser hombre o flor,
¡ay!, si el variar de destino
sólo es variar de dolor?
Ramón de Campoamor
Pasó un día y otro día,
un mes y otro mes pasó,
y un año pasado había;
mas de Flandes no volvía
Diego, que a Flandes partió.
José Zorilla
Sextillas
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar a la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
e consumir.
Jorge Manrique
He admirado el hormiguero
cuando henchían su granero
las innúmeras hormigas.
He observado su tarea
bajo el fuego que caldea
la estación de las espigas. ( ...)
José María Gabriel y Galán
Octavillas
Con diez cañones por banda
viento en popa a toda vela,
no corta el mar, sino vuela,
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman
por su bravura "El Temido"
de todo el mar conocido,
del uno al otro confín.
José de Espronceda
La mayor cuita que haber
pueda ningún amador
es membrarse del placer
en el tiempo del dolor;
e ya sea que el ardor
del fuego nos atormenta,
mayor dolor nos aumenta
esta tristeza y langor.
Marqués de Santillana
Décima o Espinela
Admiróse un portugués
al ver que en su tierna infancia
todos los niños en Francia
supiesen hablar francés.
Arte diabólico es,
dijo, torciendo el mostacho,
que para hablar en gabacho
un fidalgo en Portugal,
llega a viejo y lo hace mal,
y aquí lo parla un muchacho.
Nicolás Fernández Moratín
A un panal de rica miel
dos mil moscas acudieron,
que por golosas murieron
presas de patas en él.
Otra, dentro de un pastel
enterró su golosina.
Así, si bien se examina,
los humanos corazones
perecen en las prisiones
del vicio que los domina.
Félix Mª de Samaniego
Una mañana tranquila
de lirios en lontananza,
rumbo al Tajo en la bonanza
que el sol tempranero enfila
cuando su oro mueve a esquila,
caña al hombro, paso largo,
voyme a la orilla y descargo
aperos de pesca y tiempo;
y el río me da contento
y los peces mudo encargo.
Jesús Mateo Hernández
Sonetillos
Julio
Calle del Betis. Triana.
El corazón del estío
penetra el escalofrío
de la fuente charlatana.
La Velada de Santa Ana
llena de música el río.
Con los ojos de Rocío
se ilumina la ventana.
De envidia, al verla, una estrella,
en las alturas sin fin,
estremecida rutila.
Y se apaga cuando ella
sale envuelta en el jardín
de su mantón de Manila.
Verano
Frutales
cargados.
Dorados
trigales...
Cristales
ahumados.
Quemados
jarales...
Umbría,
sequía,
solano...
Paleta completa:
verano.
Ovillejos
¿Quién menoscaba mis bienes?
Desdenes.
Y ¿quién aumenta mis duelos?
Los celos.
Y ¿quién prueba mi paciencia?
Ausencia.
De ese modo, en mi dolencia
ningún remedio se alcanza
pues me matan la esperanza
desdenes, celos y ausencia.
[Arriba]
Rima Asonante - Arte Menor
Soleás
Despacito y buena letra:
el hacer las cosas bien
importa más que el hacerlas.
Primavera vino;
violetas moradas,
almendros floridos.
¡Qué difícil es
cuando todo baja
no bajar también!
Antonio Machado
Entienda usté a las mujeres...
Si lo quieren, no lo dicen;
si lo dicen, no lo quieren.
Yo no sé olvidar...
yo no sé más que quererte hoy mucho
y mañana más.
Tiene mi chiquilla
los ojitos más negros y grandes
que he visto en mi vida.
(Manuel Machado)
Coplas
Hasta que el pueblo las canta
las coplas, coplas no son,
y cuando las canta el pueblo
ya nadie sabe su autor.
Antonio Machado
La culpa fue de tu madre
|