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¡Qué mala es la envidia!

Paula Fernández Nanclárez

13 años

I.E.S Azcona - Almería

 

 

Una pareja que se quería mucho, se tuvo que ir a Tortosa  por asuntos del trabajo de Daniel.  Aroa, su mujer, al principio no quería, pero pensó que si no lo acompañaba se quedaría sin Daniel. Lo dejó todo y fue a Tortosa con él.

Pasaron ocho años maravillosos para ellos. Hicieron muchos amigos y tuvieron a su primera hija, Lorena. La quisieron mucho, le hicieron muchas fotos y casi todos los fines de semana, cuando estaban de vacaciones se iban a la playa con sus amigos a jugar al voleibol. ¡Lo pasaban súper bien!

Cuando Lorena tenía seis años, destinaron a Daniel de nuevo a su Tierra. Al cabo de tres años más tuvieron otra niña, Laura, que quisieron tanto como a Lorena. Lorena, entonces, tenía 9 años. Ella siempre estaba abrazando a Laura, tanto que llegaba a agobiarla.

Cuando tenían vacaciones volvían a Tortosa por los buenos amigos que hicieron. Entonces conocieron a una mujer mayor a la que Lorena llamaba “padrina”.

Aroa siempre llevaba a Lorena y a Laura con ropas buenas. Justo ahí, la madre y la hermana de Daniel empezaron a chinchar a su hijo y, sobre todo, a Aroa. Le tenían un poco de envidia porque el marido de la hermana de Daniel se había metido en una empresa que no fue bien y no iban bien de dinero.

Algunos días Aroa llevaba a Lorena y a Laura a la casa de la hermana de Daniel para que jugaran con sus primos. La hermana de Daniel  nunca llevaba a sus hijos a la casa de Aroa a que jugaran con Laura y Lorena.

Un  día, la cuñada, dijo a Aroa que llevaba a sus hijas para que las cuidara ella. ¡A ver   si creía  que era una niñera!

Menos mal que Aroa tenía el apoyo de sus padres, porque lo pasó fatal. Le hicieron la vida imposible, pero ellos aguantaban. Aroa, cada vez que iba a visitar o a la hermana o a la madre de Daniel, no decía  nada, sólo hablaba si le preguntaban algo, cosa que era muy raro que hicieran. El marido era siempre quien hablaba.

En los cumpleaños de Laura y de Lorena, la hermana de Daniel le traía regalos que al día siguiente se rompían y su  madre siempre les daba dinero.

Laura nunca quería ir a casa de la familia de Daniel y ¡¡eso que era la mas pequeña!! y  no sabia qué estaba sucediendo. La mayor, Lorena,  se enteraba de todo y lo pasaba mal.

Aroa  le decía a Daniel que  se iban a separar, sólo  para darle miedo y se diera cuenta de lo que estaba sucediendo. Quería que le dijera que les dejasen en paz, que no fueran de esa manera. Pero eso nunca pasaba. Cuando se lo decía a Daniel, éste, estaba más serio con sus padres esa semana, pero a la siguiente actuaba como siempre. El humor del matrimonio dependía del que tuvieran la madre y la hermana de Daniel,  un día, a lo mejor, hablaban normalmente con ellos y al otro no les decían ni pío. 

Aroa y Daniel  se divorciaron, aunque se querían mucho. Cuando se enteraron, la madre y la hermana  que Daniel se echaron a reír  y dijeron:

-¡Menos mal! Nos comportábamos así porque no soportábamos a Aroa.

Ellas pensaban que Daniel  lo iba a tomar bien, pero ocurrió todo lo contrario. Se puso tan mal que empezó  a decirle las verdades a la cara y no fue mas a sus casas. Ellas le llamaban,  cosa que nunca hacían antes, pero Daniel nunca se ponía al teléfono. Tenía depresión, fiebre y le dolía mucho la cabeza. Sus hijas también lo pasaron fatal. ¿Porque tenían que aguantar eso? NO era JUSTO.

Lorena y Laura estaban una semana con  su padre y otra con su madre. Lorena nunca decía nada, pero Laura preguntaba donde estaba papá o donde estaba mama. Cuando lo decía, Daniel o Aroa,  se echaban a llorar.

Un día Aroa tomó una decisión. Llamó a  Daniel. Le preguntó cómo estaba y le habló de lo sucedido con su hermana y con su madre. Luego cogió sus maletas y se fue con Daniel y sus hijas.

Estuvo cuidándolo durante un mes hasta que se fue la fiebre, el dolor de cabeza y la depresión, con la ayuda de un psicólogo.

Pasó un tiempo y se volvieron a casar cuando todo estaba más tranquilo. La boda estuvo muy bien, pero madre y hermana no aparecieron. Daniel, al darse cuenta, se puso triste, pero se le pasó pensando que se iba a solucionar todo el problema.  

Al cabo de dos semanas del casamiento la madre y la  hermana de Daniel aparecieron en casa de Aroa y le pidieron perdón  por todo. Hablaron  y, a partir de ese día, fueron muy FELICES.

 

Paula Fernández Nanclárez

 

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