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Nació en Ciudad Real. A los
13 años su padre le interna en el Colegio San José de Campillos,
Málaga. Este colegio tiene fama por ser muy estricto, por llevar un
estrecho seguimiento del alumno y, además, conseguir muy buenos
resultados académicos. (Actualmente tienen listas de espera con
centenares de aspirantes porque las familias valoran el ambiente de
estudio y la posibilidad de alejar a los menores de malas
compañías). Su estancia en el internado le ayuda a comprender la
situación de los niños ingresados en reformatorios.
Licenciado en Derecho por la
Universidad de Deusto en 1977, en 1984, es destinado a Granada. En
1988 se especializa como Juez de Menores. Es titular del Juzgado de
Menores número 1 de Granada, ha obtenido numerosos premios por su
labor y aunque le han ofrecido importantes puestos ha renunciado por
seguir atendiendo a los menores.
Cree en la posibilidad de cambio del
ser humano. Hace suya la máxima de Pitágoras: Educad a los niños
y no será necesario castigar a los mayores. La justicia de
menores para Calatayud constituye la base de una nueva justicia
penal, cree que “si la justicia de menores funciona como debe,
estaremos disminuyendo la justicia de mayores el día
de mañana”.
Convencido de que la educación es un
elemento liberador, se populariza por ser el Juez de Menores pionero
en aplicar sanciones educativas a menores con infracciones leves.
Sus novedosas sentencias pedagógicas
han revolucionado el mundo judicial, más acostumbrado a castigar que
a reinsertar a los delincuentes. Para Calatayud, los llantos que se
escuchan por las noches en los centros de internamiento
(correccionales) son de niños. En la soledad, el delincuente es sólo
un niño, ya no tiene que hacerse el matón, está sólo, no tiene quien
le quiera y tiene miedo. Llora a escondidas, al encontrarse con su
propio yo, por ello sus sentencias las centra en la prevención, que
no lleguen al reformatorio. Si el joven llega a delinquir basa el
castigo no en el internamiento, sino en la reinserción. Le pone un
horario, régimen de comidas, asistencia a clase, aprender a leer en
un tiempo determinado, hacer trabajos comunitarios...
Un niño delincuente internado en un
centro le cuesta a la Junta de Andalucía unos 300E diarios, unos
109.000E al año (más de 15 millones de las antiguas pesetas al año
por niño delincuente recluido en un centro). El juez Dn Emilio
Calatayud considera que si se evita que un niño entre en un
reformatorio, con el dinero que se ahorra la Junta de Andalucía
puede contratar a 3 buenos educadores, que den cobertura a unos 30
chavales problemáticos, que al educarlos se evitaría que fueran
delincuentes y que hubiera que internarlos. Lo que demuestra que el
sistema de reinserción es mucho más rentable, reparador y educativo
para la sociedad que el de únicamente sancionar o castigar.
La franja de 12 a 14 años presenta
una problemática cada vez mayor. Afirma que en los últimos años se
está igualando la tasa de chicos y chicas que cometen delitos.
También son de todas las clases sociales, no sólo los hijos de
familias marginales. Él ve una media de 600 casos al año. Los robos
y tirones son los delitos estrella. Se están incrementando el
maltrato de los niños a sus padres, abuelos… y los delitos causados
por el consumo de drogas.
El juez Calatayud opina que en la
sociedad actual está fallando todo. Aunque normalmente el 80% de la
responsabilidad es de los padres y un 20% de la escuela y la
sociedad, muchas veces los niños reciben su primer NO en la escuela.
Los padres creen que los niños se van a traumatizar por todo. Se les
da todo tipo de caprichos, no se les pone límites, comen lo que
quieren, se acuestan cuando le apetece, no ayudan en casa, tienen
dinero sin ganárselo...
Considera que hay un 15% de
adolescentes que son carne de presidio, de éstos que se les ve desde
chiquitillos que van a ser adultos delincuentes. Un 70% son chavales
que cometen hechos delictivos, pero no son delincuentes. Luego hay
otro 15% que es muy trabajable, que se puede evitar lleguen a
convertirse en adultos delincuentes.
Publica el libro Reflexiones de un
juez de menores, Ed. Dauro, en 2007. En este libro incluye un
Decálogo de las cosas que los padres deben hacer si quieren que su
hijo sea un delincuente. (Este Decálogo hace varias décadas que
la policía de Washington.
Nueva York lo publicó advirtiendo de
sus peligros a los padres de niños adolescentes). |