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La casa de la playa |
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Ana Mª Enrique Manzano 12 años - IES Azcona - Almería |
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Desde el balcón de mi casa se ve el mar, tan tranquilo, en calma el aire que se respira… Mi casa de la playa es la mejor casa de todas las que tengo. Es tranquila y agradable. Todas las tardes me gusta salir a dar un paseo por la arena caliente y suave. Hace unos días se puso en venta la casa del al lado y estoy impaciente por ver a los nuevos vecinos que vendrán a vivir a ella. Me han dicho los de la inmobiliaria de la esquina que parece ser un matrimonio con dos hijos y una mascota. ¡Y que se mudaran el viernes de esta misma semana! Iré a decírselo a mi madre. Le haremos un pastel de bienvenida. El pastel será de..., ¡mermelada de fresa con nata montada y nueces! ¡Mmm! ¡Se me hace la boca agua! Ya era viernes por la mañana. Estaba tan impaciente que no sabía que hacer. ¡Hasta me desperté a las siete de la mañana. ¡Y ellos venían a las once! Desayuné y corriendo subí a mi habitación a cambiarme. A las diez levanté a mi padre y a mi madre. Cuando todos estábamos listos faltaban sólo cinco minutos para la hora de llegada de mis nuevos vecinos. Salimos a la puerta a esperarlos. Al cabo de un ratito dije: - ¡Mirad, son ellos! ¡Ese camión es de mudanzas! Y sí, eran ellos. Cuando bajaron del coche los saludamos y le dimos el pastel. Eran muy simpáticos. El hombre se llamaba Antonio, su mujer Carmela. Los niños eran una chica, Sonia, y un chico, Sergio. Su mascota era un perro al que llamaban Willy. Nos invitaron a tomar el pastel con ellos. Al día siguiente empezaron a montar la casa y nosotros le ayudamos. Sonia, Sergio y yo, fuimos a andar por la playa. Me contaron que eran gemelos y tenían la misma edad que yo, doce años recién cumplidos hacía tres días. Me contaron muchas cosas de su antigua casa del pueblo, pero decían que esta le gustaba más. Todos los días salíamos a dar una vuelta por la arena. Uno de esos días fuimos a bañarnos. Cogimos toallas y nos pusimos los bikinis. Llegamos a la playa. El agua estaba en calma, limpia y reluciente. Sergio decidió irse a hablar por el g-mail con sus antiguos amigos y decirle que estaban todos muy bien. Nosotras intentábamos coger aquellos peces tan relucientes y diminutos que corrían tanto que era muy difícil agarrarlos. Y se estaba escondiendo el sol y decidimos regresar a casa. Al llegar pregunté: -¿Qué vamos a cenar? Mi padre respondió: -Lenguado a la plancha. Los acabamos de pescar Antonio y yo. ¡Son fresquísimos! -¡Que bueno! Nos fuimos a cambiar a nuestros cuartos. Luego nos estuvimos con Sergio en el ordenador y hablamos con la gente, tanto con mis amigos como los de ella y el. Más tarde cenamos todos juntos en mi casa y nos hartamos de comer. Los padres decidieron ir a la plaza del pueblo donde había un baile todas las noches. ¡La gente tenía una marcha imparable, sobre todo los jóvenes! Cuando ya llevaban un año aquí me enamoré de Sergio y se lo dije a su hermana. Ella me prometió que no diría nada. Y así fue. Un día se me ocurrió hablar con él, le dije todo lo que sentía por él. Contestó que sentía lo mismo por mí. Desde ese día Sergio y yo estuvimos saliendo, hasta que nos casamos y tuvimos nuestro hijo que se llama Juan. Formamos una familia y feliz para siempre.
ESTA ES LA HISTORIA DE MARÍA DESDE LOS DOCE AÑOS HASTA LOS VEINTITRÉS QUE TIENE AHORA.
Ana María Enrique |
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